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Pujol visto por Ramon Fontserè

Actualizado 13/01/2002 - 00:29:02
Ramon Fontserè y Xavier Boada interpretando a Ubú Pujol y a Pasqual Maremágnum, en «Ubú presidente». ABC
Ramon Fontserè y Xavier Boada interpretando a Ubú Pujol y a Pasqual Maremágnum, en «Ubú presidente». ABC
Ramon Fontserè (Torelló, 1956), uno de los más reconocidos miembros de Els Joglars, es Pujol, Floit-Pla y Dalí; es decir, el protagonista de las tres obras de la Trilogía. En «Tres pies al gato» (Muchnik Editores, 2002), el «diario de un actor» que se presenta en el Teatro Albéniz el próximo miércoles, Fontseré escribe el día a día de sus ensayos de «Daaalí», la búsqueda de su personaje, y lo complementa con un recorrido más su resumido de su experiencia con los otros espectáculos.
Entre otras cosas aparece aquí su labor de investigación sobre estos tres modelos, de lo cual sirve como ejemplo este fragmento en el que cuenta lo visto al colarse en un acto de las Joventuts Nacionalistes:
«Entro en el albergue por las buenas y a pelo. Los aplausos me guían hasta la sala donde se celebra la clausura. Cuando entro, la puerta está flanqueada por dos armarios roperos de seguridad, que me miran pero no dicen ni mu, probablemente por la cara de «acojonao» que tengo. Para que parezca que soy periodista llevo en la mano un bloc de notas de la mesilla del Hotel Ciudad de Vigo y un lápiz. Durante el discurso cae una tormenta de truenos y relámpagos, que parece enviada directamente desde Madrid y que hace que se vaya la luz. A pesar de todo, Pujol no deja de hablar. Habla de Cataluña, de Madrid, de su consuegro, de una fábrica de Camprodón, del patriotismo, de Cataluña como motor de España, de la SEAT, de los socialistas -riñe a un periodista-, de economía, de que tenemos que reciclarnos, de Guillem d`Orange, otra vez de Cataluña, de Holanda, de Kohl y de que él, con una tortilla a la francesa y pan con tomate ya se da por satisfecho. Suelta parábolas y metáforas. Hay pasajes que a duras penas se le entienden. El acto termina y cantan el himno de «Els segadors». Aquello se convierte en un gallinero, por culpa de los gallos de los pocos que se lo saben. Subo la escalera y salgo del albergue junto a él, que se mete en la parte de atrás de un todoterreno y saluda. Los periodistas se van. Yo también. A las ocho vuelvo a estar en Pruit. Cansado a la cama.»
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