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Un artista español rompe los esquemas del arte en Londres

Actualizado 13/09/2002 - 23:33:05
El mundo del arte londinense está acostumbrado a las provocaciones más extremas, desde vacas en formaldehído hasta recuentos de amantes, pasando por reproducciones escultóricas de los «Desastres de la Guerra» de Goya a una luz que se enciende y se apaga. Pero hace unos días ese mundo se encontró a sí mismo en una situación ante la cual no había generado defensas. Todo se debe a la última ocurrencia de Santiago Sierra, artista español residente en México y que con sus acciones llenas de intencionalidad política y social se ha convertido en uno de los más interesantes creadores, no ya de nuestro país, sino del mundo en general.
Sierra era el encargado de inaugurar las nuevas salas de la galería Lisson, de nuevo una de las más interesantes entre las de la generación de los sesenta que todavía sobreviven. No se trataba de cualquier cosa, sino de una obra de800.000 euros y que había despertado una gran expectación.
Como es costumbre en una ocasión de este tipo, las invitaciones fueron ampliadas algo más allá de los círculos habituales, pero no hubiera hecho falta: todos los que figuran en la lista de correos de Lisson y que jamás se les ocurriría ir a una inauguración no estaban dispuestos a perderse la ocasión. Así que allí estaban todos, desde el coleccionista Charles Saatchi hasta artistas como Anish Kapoor y, por supuesto, la crítica y los clientes habituales de la galería.
Cual no sería su estupor cuando, en vez de ser recibidos con champaña y caviar, lo que se encontraron fue con las puertas de las nuevas salas cerradas mediante un cierre metalico ondulado. Sencillamente, no se podía pasar. Como dice el fundador de Lisson, Nicholas Longsdail: «He sido inundado con llamadas de clientes, amigos y críticos, algunos de los cuales estaban muy enfadados, algunos se mostraban curiosos y otros me felicitaban. Según se ha ido corriendo la voz mucha más gente ha pasado hoy por la galería, parece que la pieza provoca que la gente hable y eso siempre es un signo de buen arte».
La provocación de Sierra no es tal, sino una reflexión a partir de fenómenos como el «corralito» argentino. El mismo artista dice: «No quiero tomarle el pelo a nadie. Lo que quiero hacer es reproducir la sensación de frustración que provoca la imposibilidad de entrar en un sitio por razones políticas o económicas. No es un chiste. Es un comentario».
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