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Lezama se queda sin su «perla»

Aquella tarde de junio de 1991, Jupp Heynckes, al terminar uno de sus primeros entrenamientos con el Athletic, pidió a su traductor Otto que le trasladara un escueto mensaje al presidente del club

Actualizado 12/07/2006 - 09:04:19
TELEPRESS  Guerrero no pudo contener las lágrimas en su despedida pública
TELEPRESS Guerrero no pudo contener las lágrimas en su despedida pública
Aquella tarde de junio de 1991, Jupp Heynckes, al terminar uno de sus primeros entrenamientos con el Athletic, pidió a su traductor Otto que le trasladara un escueto mensaje al presidente del club, entonces José Julián Lertxundi: «Subo al chaval». Comenzaba así la etapa gloriosa de Julen Guerrero (Portugalete, 1974), que finalizó ayer atenazado por los nervios y las lágrimas.
Con su despedida en la sede social del Athletic, acompañado por su presidente Lamikiz y sorprendentemente por la primera plantilla rojiblanca -de la que ha sido capitán en medio de tormentosas relaciones-, la cantera rojiblanca pierde a su principal estandarte del último cuarto de siglo.
Presa del ostracismo, asiduo del banquillo aunque en el corazón de toda la «catedral», Guerrero, internacional con 20 años, ha comprendido que no podía seguir rodando por la pendiente. Se va. Desde el 26 de julio será el entrenador del primer juvenil del Athletic.
La Junta directiva no sabía cómo contener su satisfacción con el acuerdo, harta de desembolsar 300 millones netos de pesetas a un suplente de lujo, precisamente en tiempos de penuria económica. Bien es cierto que Guerrero podría haber elegido la condición de embajador del club, pero esa alternativa requería desplazar a Iríbar, otro mito, y en estos momentos de fractura social, Lamikiz no está para experimentos.
También quedó descartado ayer que el Athletic hubiera forzado la retirada del capitán. Todo se antoja mucho más sencillo. La «perla» sabe que la llegada del osasunista Javi Martínez, por cuya carta de libertad el Athletic ha pagado 6 millones, le acerca inexorablemente al paro. Es entonces cuando, como siempre que los intereses del clan familiar se han visto amenazados, su padre Julián y su hermano José Félix -ex jugador de Athletic, Real Sociedad y Racing- llamaron a Lamikiz y le dijeron:«queremos hablar». Una vez más, al igual que ha venido ocurriendo con cualquier presidente cada vez que el padre de Guerrero entraba en Ibaigane, la conversación quedó reducida a dinero. De hecho, en su contrato, y hasta la renovación de Joseba Etxebarria, Guerrero tenía como cláusula asegurarse la ficha más alta. Arrate se lo concedió al renovarle por 14 años aquellos días en los que Valdano soñaba con incorporarlo al Real Madrid y el Lazio le ofreció un cheque en blanco.
Alegría de la plantilla
A la alegría de ambas partes se ha sumado alborozada la primera plantilla, que desconocía, habida cuenta del clima en el vestuario, los planes de su todavía capitán, presente como uno más en el aterrizaje de Félix Sarriugarte, relevo apresurado de Clemente.
Las auténticas «vacas sagradas» rojiblancas tienen una larga lista de agravios contra Guerrero. Muchas veces ni las esconden. Por ejemplo, en el regreso de Heynckes al Athletic, precisamente en el partido de Anoeta que descubrió el positivo de Gurpegui, algunos jugadores, con el marcador a favor, exigieron a su entrenador que si quería seguir jugando al contragolpe Guerrero no podía seguir en el campo porque retrasaba la estrategia. Y es que quien dio lugar a la «Julenmanía» forzando que la policía acordonara el campo de entrenamiento de la selección en Puente Viesgo, quien propició con su calidad y goles, ojos claros y melena rubia al viento, que las jóvenes volvieran a San Mamés, e incluso que la BBK le convirtiera en su imagen, fue devorado demasiado pronto por su propia explosión. Lágrimas de añoranza.
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