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Descubiertos en Etiopía los restos fósiles más antiguos de nuestra especie, Homo sapiens

Los huesos hallados de los primeros H. sapiens son la evidencia fósil del origen africano de la Humanidad y descartan nuestra relación directa con los neandertales

Actualizado 12/06/2003 - 08:31:52
Los más antiguos fósiles de Homo sapiens, nuestra especie, han sido descubiertos en la región de Awash (Etiopía) por un equipo internacional de paleontólogos, coordinado por el profesor Tim White, de la Universidad de California en Berkeley. Estos restos de gran valor científico -tres cráneos de dos adultos y un niño- tienen alrededor de 160.000 años de antigüedad y pertenecen a una nueva subespecie que sería la inmediatamente predecesora de los primeros H. sapiens con rasgos anatómicos totalmente modernos.
Destacado hoy en la portada de Nature, este fundamental descubrimiento aporta información inédita sobre nuestros orígenes porque los cráneos pertenecen a un período crítico de la evolución humana (desde hace 300.000 a 100.000 años) del que no existían vestigios fósiles. Fue precisamente en esa etapa de nuestra prehistoria cuando entre las diversas especies de homínidos se produjo la transición evolutiva de la que surgió la Humanidad que hoy conocemos. Los cráneos de Etiopía acaban así con ese vacío en el registro fósil y gracias al estudio de sus rasgos se demuestra el origen africano de los humanos modernos y la inexistencia de una conexión evolutiva directa entre nosotros y los hombres de Neandertal, que desaparecieron de Europa hace unos 35.000 años.
Este espectacular conjunto de fósiles de los primeros Homo sapiens conocidos se descubrió a finales de 1997 cerca de una aldea llamada Herto, en el seco y polvoriento valle próximo el río Awash, a 230 kilómetros al noreste de Addis Abeba. Aunque los principales restos hallados son tres cráneos, dos de ellos casi completos, también se encontraron huesos y dientes de otros siete individuos, junto a fragmentos óseos de hipopótamos con marcas de cortes realizados con instrumentos de piedra. Todos los fósiles pertenecen a la misma especie y estaban situados en una área de 400 metros cuadrados de la misma capa geológica, formada por sedimentos y rocas volcánicas, cuya antigüedad han determinado dos equipos con distintas técnicas muy precisas. El resto más completo es un cráneo sin mandíbula inferior de un adulto de unos 30 años. Tras su detallado examen, los científicos deducen que los primeros Homo sapiens tenían un cráneo ligeramente más grande y robusto que el nuestro (1.450 centímetros cúbicos de capacidad craneal frente a 1.350- 1.400 cc de los humanos actuales), aunque la forma y el tamaño de la cara y de la base craneal son modernas.
Por las ligeras diferencias observadas, fundamentalmente la longitud del cráneo y la robustez de la dentadura, los científicos atribuyen los restos a una nueva subespecie: Homo sapiens idaltu. En la lengua de los habitantes de Afar, idaltu significa anciano. A juzgar por la combinación de rasgos morfológicos, los homínidos de Herto serían los predecesores directos de los seres humanos anatómicamente modernos, cuyos restos más antiguos habían sido hallados en Suráfrica (100.000 años de antigüedad) y Medio Oriente (130.000 años) Los huesos de estos primeros Homo sapiens y las 640 herramientas de piedra descubiertas en el mismo yacimiento etíope han aportado otras pistas sobre cómo eran y vivían nuestros predecesores directos.
Carne de hipopótamo para comer
La región etíope donde se localiza Herto es hoy un valle seco poblado por pastores seminómadas. Cuando fue habitada por Homo sapiens idaltu, hace 160.000 años, era muy diferente. Mientras que el continente europeo estaba cubierto de hielo a causa de una glaciación, en Herto existía entonces un lago poco profundo con abundantes hipopótamos y cocodrilos, que fue creado hace 260.000 años por el desbordamiento del río Awash. Nuestros ancestros vivían en las orillas de esa reserva de agua y en su dieta figuraba la carne. Marcas de cortes para descarnar huesos de hipopótamo han sido observadas por los científicos, aunque no saben si H. sapiens idaltu cazaba esos animales o era carroñero.
Las herramientas de piedra encontradas indican que esos homínidos utilizaban una tecnología refinada para alimentarse y para rendir culto a sus muertos. En sus estudios, los investigadores han detectado marcas en dos de los cráneos, realizadas con instrumentos líticos, lo que sugiere la existencia de ritos mortuorios. No hay indicios en el yacimiento de que los restos de Herto fueran enterrados intencionalmente, pero en el cráneo adulto más fragmentado se aprecian incisiones paralelas a lo largo de su perímetro. Estas marcas superficiales, producto de una acción repetitiva con algún objeto punzante, son interpretadas como un claro signo de rituales mortuorios con sus fallecidos. En el cráneo del niño, reconstruido meticulosamente a partir de 200 piezas dispersas, se observa incluso que la base del cráneo, una vez descarnado, había sido partida en dos y pulidos sus bordes. Durante el siglo pasado, los antropólogos han documentado este tipo de manipulación en tribus de Nueva Guinea que preservan cráneos de sus ancestros. Según los científicos, es evidente que el H. sapiens idaltu troceaba y pulía los cráneos de sus muertos, aunque no puede establecerse si la carne o el cerebro eran consumidos como parte de un ritual caníbal.
«Estamos ante un descubrimiento científico verdaderamente revolucionario», dice el profesor Clark Howell, de la Universidad de California en Berkeley. El entusiasmo es comprensible entre los investigadores porque los fósiles de Herto arrojan luz al enconado debate sobre el origen de los humanos modernos. Aunque se sabe que la cuna de la Humanidad se sitúa en África hace más de 6 millones de años, cuando empiezan a surgir primates que caminaban erguidos, la comunidad científica discute si hace menos de 200.000 años nuestra especie surgió en ese mismo continente o bien simultáneamente en varias zonas del planeta a partir de homínidos primitivos que abandonaron África mucho antes de la aparición de los primeros Homo sapiens. Los análisis de ADN de distintas poblaciones actuales apoya la idea de que los ancestros de todos los humanos actuales aparecieron hace entre 100.000 y 200.000 años en África. Sin embargo, esta hipótesis, conocida con el nombre de «Fuera de África», carecía de evidencias fósiles. Sencillamente, no había restos humanos de esa época. El descubrimiento de Etiopía proporciona finalmente esa confirmación que reclamaban los defensores de la alternativa teoría multirregional.
Golpe a la conexión neandertal
La demostración de que Homo sapiens evolucionó en África antes de extenderse por Eurasia viene a confirmar también que los neandertales europeos no son nuestros ancestros, aunque cohabitaron con nosotros en el Viejo Continente. Los resultados de esta investigación, acometida por un amplio grupo de científicos de sólido prestigio como Tim White, Berhane Asfaw, Desmond Clark, Clark Howell, Gen Suwa y Paul Renne, han sido acogidos con expectación. El principal defensor de la teoría sobre el origen africano de los humanos modernos, Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, señala que los fósiles de Herto son los más importantes sobre los primeros Homo sapiens hallados hasta ahora y apoyan sus tesis. Por su parte, el principal postulador de la teoría multirregional, Milford Wolpoff, de la Universidad de Michigan, reconoce el valor de los cráneos, pero mantiene que no resuelven el debate sobre el origen de los humanos modernos.
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