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Homenaje a Pepe Luis Vázquez: «El ole de Madrid permanecerá eternamente en mi memoria»

Actualizado 12/05/2002 - 00:13:56
Pepe Luis Vázquez posa bajo su azulejo, junto a su mujer, Mercedes Silva,          Curro Romero y Ángel Luis Bienvenida Ernesto Agudo
Pepe Luis Vázquez posa bajo su azulejo, junto a su mujer, Mercedes Silva, Curro Romero y Ángel Luis Bienvenida Ernesto Agudo
«Hoy he cruzado la puerta de esta plaza de toros de Las Ventas y he sentido la misma sensación que cuando dos amigos vuelven a verse después de largo tiempo. Porque la afición y yo somos como dos viejos amigos que han conversado muchas veces y se conocen, se respetan y se tienen afecto. Yo le hablaba desde la voluntad de estar siempre lo más lucido posible, y ella me respondía con esa voz poderosa que la distingue de las demás aficiones, que es la voz de su emocionado sentir torero; ese ole que sentimos los toreros en Las Ventas tan cercano que parece que surge del mismo ruedo para que su eco rebote, multiplicándose, en el cielo madrileño. También hemos discrepado, como sucede entre los amigos, y he escuchado su reproche, pero en mi interior ha quedado siempre el sonido de esos oles que suenan como en ninguna parte». Con la misma elegancia que le caracterizó en los ruedos, habló ayer Pepe Luis Vázquez en el justo homenaje que le rindió la Comunidad de Madrid. El Sócrates de San Bernardo, una de las principales figuras del siglo XX, cuenta por fin con un azulejo en las paredes de la Monumental venteña, que reza: «Pepe Luis Vázquez Garcés, armonía, belleza y gloria en la Historia de la Tauromaquia».
El maestro sevillano colgó una vez más el cartel de «no hay billetes» en un emotivo acto -moderado por el gerente de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, José Pedro Gómez Ballesteros-, en el que intervinieron el profesor José Serrano Carvajal, Eduardo Miura, Curro Romero y Ángel Luis Bienvenida. Además de su mujer, Mercedes Silva, sus hijos y sus nietos, asistieron numerosas personalidades del mundo del toro, entre otras, Juan Lamarca, Dávila Miura, Rafael Campos de España, Julio Stuyck y Rafael Corbelle.
Duende e inteligencia
Abrió plaza Serrano Carvajal, quien declaró que «su duende, inteligencia e inigualable técnica cautivaron a muchos de sus compañeros, entre ellos Manolete, uno de sus máximos panegiristas».
Ángel Luis Bienvenida -que en nombre del Círculo de Amigos de la Dinastía Bienvenida entregó una placa a Pepe Luis- manifestó sentirse orgulloso de «tener en Madrid a un gran hombre adherido a su Sevilla: allí lo hizo matador de toros mi hermano Pepe y alternó mucho con Antonio». El último eslabón de la famosa dinastía no dudó a la hora de señalar: «Ha sido la esencia del toreo, lo más puro, profundo y de mayor arte y personalidad que ha existido».
Otro maestro de maestros: Curro Romero, quien dijo que Pepe Luis -padrino de la confirmación de alternativa de Pepe Luis- «ha sido un regalo de Dios para la afición de todos los tiempos, un señor en la plaza y un señor en la calle».
Eduardo Miura, visiblemente emocionado por la estrecha amistad que unió a su padre con el torero sevillano, comentó: «Siempre se puede aprender del maestro, por su sencillez, valor, discreción y sabiduría».
Con la voz casi ahogada en lágrimas, cerró cartel el protagonista, que mostró su agradecimiento «a la Comunidad y a los que tan bellísimamente han hablado de mí». Siempre en torero, evocó a tres figuras que marcaron su carrera: Marcial Lalanda -«en la tarde de su despedida, cuando salíamos a hombros, los aficionados de Madrid decían: «Que te vas Marcial... Pero queda éste»»-, Antonio Bienvenida -«los dos nos vestimos de luces por primera vez en Algeciras»- y Manolete -«compañero cientos de tardes y amigo hasta su muerte»-.
Pepe Luis y el público que abarrotaba el Aula venteña rememoraron algunas de sus grandes faenas en el coso madrileño. Una inolvidable: la que cuajó el 17 de mayo de 1951 a «Misionero», un sobrero de Castillo de Higares, «que me proporcionó un éxito que diariamente me recuerda el propio toro mirándome desde una pared de mi casa».
Toreo de cristal
El dios rubio de Sevilla tuvo palabras de elogio para Madrid no sólo por su plaza de toros, sino también «porque me proporcionó una visión cultural que me llenó interiormente». Porque Pepe Luis departió en interminables tertulias con intelectuales de la talla de Eugenio D´Ors, Edgar Neville, Antonio Díaz Cañabate, José María de Cossío, Sebastián Miranda o Gerardo Diego. «La esencia de un toreo de cristal fino, fino,/ la elegancia ignorándose de la naturaleza,/ la transparencia misma hallaron ya su cauce./ Y bajo el sol de España hay un torero nuevo», escribió el poeta de Santander.
Ayer Pepe Luis, que impartió otra lección magistral en Las Ventas, revivió los sonidos de aquel Madrid lejano: «El ruido de los coches de gasógeno, el traqueteo de los tranvías, la banda sonora de los cines en la Gran Vía, el cante de Conchita Píquer o el de una guitarra templada». Pero de manera especial dijo volver a sentir el «del ole admirativo, rotundo y redondo como esta plaza, que permanecerá eternamente en mi memoria».
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