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Gandhi en Burgos

JORGE VILLALMANZOEl invierno como la primavera son estaciones para pasear, para sincronizar el ritmo de nuestro corazón latiente con el de las hojas que comienzan a anunciar el milagro de la

Actualizado 12/03/2007 - 03:23:50
JORGE VILLALMANZO
El invierno como la primavera son estaciones para pasear, para sincronizar el ritmo de nuestro corazón latiente con el de las hojas que comienzan a anunciar el milagro de la primavera, el rumor del césped al desperezarse por el efecto benéfico del calor acariciando las briznas de sus tallos. Las estaciones imprimen sus ritmos, sus aromas, sus melodías personales y vitales. Junto a la Cruz Roja (o lo que queda de ella), frente al Gobierno Militar y al río Arlanzón en Burgos, hay un parque -sin nombre en los mapas- compuesto de chopos, de pinos piñoneros, de plátanos, de árboles del Paraíso, de abedules y de liquidámbares. Unos surtidores sin agua desde hace muchos años, un pavimento de mala calidad, destrozado por los cambios de temperaturas, por los efectos de la intemperie y la desidia, acompañan, sorprendente y calladamente, a unas palabras escritas por Gandhi y grabadas en una peana de piedra, que sustenta un busto de bronce del Mahatma Gandhi (El alma grande), de papos más orondos de lo que nuestra imaginación recuerda que tuviera el padre de las huelgas de hambre, de la resistencia pacífica, de la no violencia... El busto fue donado por la República de la India en 1988 a la ciudad de Burgos (desconozco si a otras ciudades les llegó el regalo). Un gesto sorprendente y emocionante para una población pequeña como la nuestra. Una urbe que no cuida lo suyo y que difícilmente mima los símbolos comunes a la Humanidad, incluido limpiar la pintada de la peana de esta estatua fieramente abandonada y con ella al mensaje y al regalo de un pueblo que sin pedirnos nada nos entregó un gesto...
Me duele, y por eso lo escribo, los muchos años que este monumento lleva con el mismo graffiti sin que nadie se haya molestado en limpiarlo. Estoy seguro de que ninguno de los políticos del Gobierno Municipal burgalés sabe que somos albaceas de este regalo que la Republica de la India nos donó, convencida de que íbamos a cuidar este busto del Mahatma, y todo lo que simboliza, con el cariño que se merece, y eso que el texto de la peana, firmado por Gandhi, reza los siguiente: Amo a todos los hombres como a mis propios compatriotas porque Dios mora en el corazón de todos los seres humanos... Creo que es un buen momento para poner nombre a este parque y llamarlo, por ejemplo, el Parque de Gandhi o retirar su busto y colocarlo en un lugar noble y protegido de las agresiones. Ni la República de la India, ni Gandhi, ni la ciudad de Burgos se merecen descuidar los símbolos comunes al ser humano y que tanto nos honran. La desidia no debe regir nuestro comportamiento, ya sea de una forma individual o colectiva. El nombre de Gandhi para un parque sin nombre que, casualmente aloja su estatua, es oportuno, acertado, consecuente y de seres agradecidos, por eso propongo y solicito respetuosamente desde este periódico que mis paisanos y compatriotas, mis vecinos y amigos, me ayuden a que de una tacada consigamos dos cosas, una la de buscar nombre a un parque sin nombre y la otra a que este nombre sea el de Mahatma Gandhi. Creo que nos vendrá bien un toque de internacionalidad, de generosidad, de abrir la mente a otras propuestas espirituales. No estamos, a fin de cuentas, tan sobrados de alma como para no ver una oportunidad valiosa, una liberación, incluso. Debemos mirar más allá de nuestro ombligo, proponiendo otros nombres, además, del de los seres que nos cuadran en nuestra particular forma de entender el mundo, a sabiendas, incluso, de que no hay tanto mérito en las propuestas que realizamos. Ahora más que nunca el mensaje del respeto, de la tolerancia, de la no violencia, es un magnífico mensaje en esa lucha contra los que pretenden atenazarnos de por vida con su intolerancia, por eso los gestos son importantes y su materialización mucho más...
... El invierno como la primavera son estaciones para pasear, para sincronizar el ritmo de nuestro corazón latiente con el de las hojas que comienzan a anunciar el milagro de la primavera, el rumor del césped al desperezarse por el efecto benéfico del calor acariciando las briznas de sus tallos. Las estaciones imprimen sus ritmos, sus aromas, sus melodías...
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