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Gallego sí, gallegos no Sanabria sólo reivindica la lengua

Hablan gallego, pero no quieren pertenecer a Galicia. Los vecinos de los municipios limítrofes de Castilla y León y Asturias rechazan la propuesta de segregación del BNG y prefieren no remover en la historia. No se sienten gallegos

Actualizado 11/12/2005 - 08:59:36
Varias familias de la localidad leonesa de Balboa, en plena matanza berciana
Varias familias de la localidad leonesa de Balboa, en plena matanza berciana

«Aquí ni siquiera hablamos el gallego, lo chapurreamos», asegura el ex alcalde de Vega de Valcarce

TEXTO Y FOTO: JOSÉ LUIS MARTÍN

PONFERRADA. Ni las angostas carreteras, ni los encrespados valles ni la espesa niebla que envolvía en la mañana de ayer la comarca leonesa del Bierzo fueron obstáculo para que a primerísima hora la mayor parte de los vecinos conociera ya la propuesta del BNG para que se puedan agregar los municipios limítrofes de Castilla y León y Asturias a Galicia. Indalecio, de 50 años, miraba y remiraba la foto del vicepresidente del Gobierno gallego, Anxo Quintana, en un periódico, y farfullaba palabras de descontento que eran compartidas por el resto de los clientes del bar El Refugio del Cazador en Vega de Valcarce. «Aquí somos cazurros», como se autodenominan los leoneses, «y no queremos ser gallegos», aseguraba indignado este vecino.

Y es que aunque los pueblos, las gentes y el paisaje rezuman cierto sabor a Galicia, la mayoría de los habitantes de la decena de municipios que componen «la raya» se considera ante todo berciana, y después, leonesa, y sólo un mínimo porcentaje apostaría por la anexión.

«Tenemos mucho de la cultura gallega, queremos seguir hablando en gallego, pero no queremos pertenecer a otra comunidad», defiende Cristina, camarera del mismo establecimiento, quien no oculta que esta polémica viene de atrás por la «discriminación a la que nos vienen sometiendo desde la Junta de Castilla y León». Es precisamente la escasez de infraestructuras de esta zona pegada a Galicia y el sentimiento de agravio con respecto a las localidades gallegas, que ven desde sus casas, lo que desde hace años ha motivado esta reivindicación contra el gobierno de Valladolid. Sin embargo, el malestar se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y son precisamente ahora los vecinos de más edad los que se oponen de forma tajante a cualquier atisbo de segregación.

Explícitos y contundentes se expresan también los alcaldes del occidente asturiano cuando se les plantea el debate abierto por el BNG. El criterio es unánime al calificar de «estupidez» el planteamiento de la formación nacionalista, a la que reclaman que «deje en paz a Asturias y se fije más en Galicia».

El regidor de Vegadeo, Juan Antolín, tilda de «tontería» las tesis del Bloque, al que acusa de «generar alarma entre la sociedad de una manera injustificada». Asimismo, indica que la posibilidad de incorporarse a Galicia «no existe y carece de sentido, porque pensamos y actuamos como asturianos». Antolín cree que hablar de esto «es una pérdida de tiempo».

«Cuestiones ficticias»

Sus argumentos no difieren mucho de los que defiende el alcalde del también asturiano Castropol, José Ángel Pérez.«Es bochornoso que un partido que se presenta como nacionalista no se preocupe de Galicia y proponga cuestiones ficticias», explica el regidor socialista, que considera que la comunidad vecina «tiene muchas cosas que hacer antes de fijarse en el Principado». Pérez insiste en que «no hay ningún problema» y atribuye a un interés mediático del Bloque esta polémica, «porque les interesa estar en el candelero durante unas cuantas semanas». A su juicio, Asturias «no debe hacer nada ante esto».

Pero hay matices. Aunque la inmensa mayoría de los habitantes de Vega de Valcarce (León), principal pueblo de la zona y a tan sólo 10 kilómetros de Piedrafita (Lugo), consultados por ABC rechaza de plano la iniciativa de los independentistas gallegos, su alcaldesa, María Luisa González (PSOE), no ve con malos ojos que se incluya esta pretensión nacionalista en la reforma del Estatuto de Autonomía de Galicia. «Estoy muy sorprendida, pero me parece bien», aseguró la mandataria municipal en la carretera que atraviesa el pueblo (en pleno corazón del Camino de Santiago). No obstante, augura que la propuesta «provocará enfrentamientos» entre los lugareños por un asunto ya casi olvidado por todos.

Su antecesor en el cargo durante 20 años, Antonio Lago, lo tiene más claro: «Ni queremos ser gallegos, ni es posible», a la vez que intenta explicar la situación con un ejemplo fácil de comprender: «Es como si mi hijo se queja de que no le doy dinero y se quiere ir con otro padre. Pues no, siempre será mi hijo y yo su padre». Lago cree que esta aspiración es más «de los galleguistas» que de los propios municipios bercianos y sostiene que por muchas similitudes culturales que tengan con la comunidad vecina, «somos distintos». Tanto es así que matiza que «ni siquiera aquí hablamos el gallego, lo chapurreamos». Lo demuestra el hecho de que es fácil entender la forma de hablar de sus vecinos, algo a caballo entre el gallego y el castellano.

«No entendemos la TV gallega»

Lo mismo opina el alcalde popular de Balboa, José Manuel Gutiérrez, que en plena matanza berciana y separando las piezas del cerdo que luego conformarán el tradicional plato del «botillo», aseguró que ni siquiera entienden la televisión gallega (la TVG), que sintonizan perfectamente. «Somos bercianos y queremos seguir siéndolo», insistió Gutiérrez, quien a pesar de tener mucho contacto diario con Galicia -sólo tres kilómetros les separan-, reconoce que «a nadie nos gusta que nos llamen gallegos».

Durante el recorrido por la comarca, la única reconocida por el Ejecutivo castellano y leonés, los agricultores y los ganaderos que transitan por los caminos lamentan la falta de inversión de las instituciones y muchos dicen sentirse «en tierra de nadie».

El término municipal de Barjas, localidad de apenas 30 habitantes, linda con las provincias de Lugo y Orense, y curiosamente, su salida natural a Piedrafita se rompe de forma brusca a escasos metros y pasa a ser un «auténtico camino de cabras», como reconocían ayer a este periódico varios vecinos sentados en un poyo de piedra. Aún así, muestran su disgusto por lo que denominan «utilización política» por parte del BNG del oeste berciano y recuerdan que antes había más interés por «pasar al otro lado», pero ahora «ya estamos todos tranquilos».

En la vertiente asturiana también sostienen que la nueva postura de los nacionalistas gallegos responde exclusivamente a intereses políticos de un grupo minoritario, según explicó el alcalde socialista de Grandas de Salime, Eustaquio Revilla. Estas opiniones son las mismas que las del resto de municipios y pedanías leonesas como es el caso de Oencia, Sobredo, Benuza y Puente de Domingo Flórez, donde también sus alcaldes reprobaron ayer los planteamientos del BNG. Algunos de ellos apuntan que esta amenaza ha sido un instrumento político muy utilizado anteriormente por los ayuntamientos para «presionar» a los distintos gobiernos de Castilla y León y conseguir más ayudas económicas, pero que en realidad «era algo que nunca pensábamos de verdad». Lo que está claro es que este debate hace mucho tiempo que abandonó el valle.

De los encuestados por ABC, tan sólo una anciana de Vega, Purificación García, se mostró partidaria de que su pueblo dejara de pertenecer a León, ya que «tiramos más para Galicia porque los jóvenes estudian y trabajan allí, y León y Valladolid nos queda más lejos».

Una de las personas que mejor conoce a los oriundos es la joven Carolina Díez, que cada día se encarga de repartir el pan por varios municipios. «A la gente no le preocupa este tema y no se habla a penas de él. Nos interesan más otras cosas», aseveró. «Que me quede como estoy», dijo una vecina de Moldes, harta de que sólo se hable de su pueblo por «trifulcas políticas».

Quieren seguir donde están, al otro lado de la «frontera»; quieren seguir estando cerca de Galicia; quieren vivir tranquilos; pero, sobre todo, tanto leoneses como asturianos anhelan dejar de ser un rincón perdido en la periferia.

Los habitantes de los municipios zamoranos de la Alta Sanabria que limitan con Orense (Lubián, Hermisende, Pías y Porto) mostraron ayer su sorpresa ante las pretensiones del BNG, informa M. Carrión. En esta zona, donde se habla por igual el castellano queel gallego, los vecinos se mostraron ayer a favor de que «se reconozca oficialmente la utilización de la lengua gallega en sus pueblos», postura que también defiende el procurador socialista en las Cortes de Castilla y León, Felipe Lubián, quien durante muchos años fue alcalde de uno de los municipios afectados.

Lubián también quiere defender no sólo la utilización y el reconocimiento del gallego, sino también el acervo cultural de la zona, aunque puntualiza que «estamos orgullosísimos de pertenecer y ser castellanos y leoneses».

Los socialistas de la zona al igual que los de Castilla y León aseguran que «el BNG puede plantear lo que quiera, pero el mapa geográfico es prácticamente inamovible y, por su puesto, está cerrado».

«Somos, sobre todo, bercianos, y después leoneses, pero no queremos ser gallegos», coinciden los vecinos
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