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Un gran concierto de la Almudena

Actualizado 12/11/2001 - 23:34:07
Enrique García Asensio
Enrique García Asensio
O. Sinfónica de Castilla y León. Solistas: A. Polo (violonchelo). A. Ibarra (soprano), A. Ordóñez (tenor), J. J. Frontal (barítono) y A. Echeverría (bajo). Director: E. García Asensio. Obras de Rodrigo, Romero, Dvorak, Bizet, Verdi, Luna, Moreno Torroba, Sorozábal, Barbieri y Chapí. Auditorio Nacional. 8. de noviembre.
Unión Fenosa y el Ayuntamiento de Madrid acaban de coronar con éxito la sexta etapa de esa singladura que se han propuesto surcar en común en pos de hacer tradicional el homenaje musical a la Patrona de la Villa. Lógico logro, porque, como se ha vuelto a demostrar este año, en la cita se acumulan un buen número de detalles dignos de aplauso. Por comenzar por la parcela creadora, ahí estaba el estreno absoluto de la obra premiada este año 2001 en ese ejemplar certamen permanente que tiene convocado Unión Fenosa con el nombre de concurso Virgen de la Almudena: «Dirdam» (Madrid al revés), para gran orquesta, de Alfonso Romero. En el mismo capítulo, tampoco se olvidó el recuerdo-homenaje a nuestro gran compositor Joaquín Rodrigo con su «Concierto in modo galante», en ocasión del primer centenario de su nacimiento. Más: se reservó para el género por antonomasia madrileño, la zarzuela, casi toda la segunda parte del concierto. Y los detalles continúan a la hora de fijarnos en la selección de intérpretes: la totalidad de ellos -solistas, director y orquesta- eran nuestros y muy nuestros; con la atención añadida de ir presentando en la capital ese rico acervo orquestal que se ha llegado a formar en nuestro país con las agrupaciones sinfónicas de las diversas autonomías.
Pero en música no es de aplicación esa apotema que afirma que la buena intención basta. Para que el éxito se produjera -y con toda justicia- todos y cada uno de los nombres seleccionados tuvo que probar a la hora de las verdades -la ejecutora y la interpretativa- que no figuraba por capricho en el programa. Y por seguir el orden de éste, habrá que empezar por ponderar como es debido hasta qué punto consiguieron Asier Polo y García Asensio transmitir esa galanura pimpante rodriguera del nada fácil «Concierto» para cello, bien seguidos, salvo algunos desajustes del «allegro deciso» final, por la Sinfónica castellano-leonesa; agrupación que supo prestar toda su rutilante brillantez a la nueva página de Romero, magnífico ejercicio sinfónico, sólo un poco desordenado en su estructura.
Más que buenos también los resultados de la parte vocal, se hace imposible descender a ningún pormenorizado análisis. Anótense sinceros parabienes a la, cómo no, permanente seguridad y exactitud conductora de García Asensio en tanta diversidad de piezas, así como al tan complicado curso de adaptación a ellas del conjunto orquestal, únicamente pensante en Barbieri. Y represente la calidad general de sus profesores el chelo solista, muy justamente destacado en su felicísima y amplia contribución en el aria del «Don Carlo», «Ellagiamai m´amo». En cuanto a los solistas vocales, se impone un aplauso generalizado no menos sincero a cuanto ofrecieron. Máxime en traducciones de ejemplos que a sus enormes dificultades, añadían el ser de todos archiconocidos. Véase: la soprano Ana Ibarra cantó sola la «Canción de la luna», de Rusalka, y la «española» de «El niño judío», con el tenor Antonio Ordóñez el célebre dúo de «El barberillo de Lavapiés» y con el barítono José Julián Frontal el no menos famoso de «La revoltosa»; Ordóñez protagonizó en solitario a su vez la «Romanza de la flor» de «Carmen» y «De este apacible rincón de Madrid» de «Luisa Fernanda» y el bajo Alfonso Echeverría, además de la citada aria del «Don Carlos», brindó el «Despierta negro» de «La tabernera del puerto».
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