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«Luisa Miller», un Verdi alemán

Actualizado 12/11/2001 - 23:34:07
Lorin Maazel dirige un ensayo de «Luisa Miller» en Valencia. Efe
Lorin Maazel dirige un ensayo de «Luisa Miller» en Valencia. Efe
«Luisa Miller» (Nápoles, 1849), ópera en tres actos con libreto de S. Cammarano y música de G. Verdi. O. y C. De la Radio de Baviera. Dirección: L. Maazel. Palau de la Música de Valencia, 10 de noviembre de 2001.
El debut operístico en España de un director de tanta experiencia y prestigio como Lorin Maazel no consiguió convertirse en memorable porque el reparto no mostró un equilibrio adecuado y porque, además, la distribución en el escenario del Palau de la Música de Valencia de los diferentes intérpretes de esta versión de concierto de la verdiana «Luisa Miller» provocó que la orquesta se tragara las voces solistas una y otra vez. Maazel, en la prueba de sonido previa a la función, descuidó un aspecto fundamental sabedor del enfoque, por ejemplo, de la soprano, que bordó su actuación con pianísimos, o de la insuficiente proyección del caudal vocal de algunos de los solistas.
Maazel, en todo caso, le sacó brillo a la partitura, especialmente en sus momentos puramente instrumentales. El conjunto posee un sonido transparente y equilibrado y tanto sus cuerdas como sus metales son una auténtica y eficaz maravilla. El Coro de la Radio de Baviera resultó ser otra de las basas de la versión, magníficamente matizado -algo frío-, pero dueño de un unísono pocas veces escuchado. El maestro consiguió los mejores momentos de tensión dramática en las escenas finales, cuando la complicidad con la pareja solista evidenció un trabajo arduo y monolítico.
Barbara Frittoli hizo gala de un color de voz bellísimo, con un considerable control de fiato y un total dominio del canto hilado, con pianísimos perfectos. Salvo por su ataque algo rancio en ciertos sobreagudos, por su dicción pastosa y por su poco generosa proyección, su Luisa podría calificarse de modélica por expresión. Vincenzo La Scola consiguió entusiasmar en su comprometida escena del segundo acto, brindando total sentido a su fraseo. También atentó contra él la luminosidad del sonido orquestal, aunque el más perjudicado resultó ser el discretísimo Miller de Igor Morosow, de agudos mermados y graves inaudibles. Laszlo Polgár exhibió un gran volumen, pero su canto carece de pátina sensible y de agudos efectivos. Francesca Franci no pudo ni con las escasas agilidades de su papel ni con los graves y Arutjun Kotchinian articuló un Wurm ininteligible.
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