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Iban Mayo clava un rejón a Armstrong en el Mont Ventoux

A tres semanas del Tour, le sacó dos minutos en la cronescalada

Actualizado 11/06/2004 - 01:46:05
Iban Mayo es líder de la Dauphine, con Hamilton a 36 segundos. REUTERS
Iban Mayo es líder de la Dauphine, con Hamilton a 36 segundos. REUTERS

El coche del Euskaltel en el que oficiaba de copiloto el ex lehendakari José Antonio Ardanza se detuvo en el kilómetro diez del Mont Ventoux para recoger al médico del equipo, Jesús Losa, parado en el monte pelado, cronómetro y cuadro de referencias en la mano, sonrisa en el rostro. Su potro, el búfalo desbocado que arrasa en este ciclo pre-Tour, subía como un rayo hacia la cumbre de las epopeyas, la que descubrió Petrarca, la que esconde en sus entrañas secretos militares y en la que murió un líder del Tour, Tom Simpson en 1967. Iban Mayo, vizcaíno de Igorre, vecino de Durango, sexto clasificado del último Tour, jerarca de la temporada, ganó la cronoescalada del Ventoux, clavó un rejón en la moral de Lance Armstrong y diseminó un reguero de esperanzas para la «Grand Boucle» que arranca el 3 de julio en Lieja.

Lance Armstrong lució para la ocasión una bici ultraligera, último modelo Trek, una obra de artesanía de la que no quiso ofrecer detalles. En el Dauphine, una carrera repleta de futuros protagonistas en el Tour, con más impacto mediático que el Giro de Italia, Armstrong quiere jugar al despiste. «El Ventoux es un test para controlar mi ritmo. Estoy fuerte, pero no tanto como para ganar a Mayo, al que veo extramotivado», dijo antes de la etapa. Se puso la venda antes de la herida.

Iban Mayo tenía otra idea entre ceja y ceja. Ganar. Su hábitat natural. El elixir que excita el animal competitivo que lleva dentro. Se lo dijo a Julián Gorospe y a Jesús Losa en el coqueto hotel en el que el Euskaltel alquiló varias habitaciones a las nueve de la mañana de ayer. Un hotel al pie del Mont Ventoux, más cómodo para la preparación del trabajo que el que habitaban los ciclistas vascos, a una hora de la montaña. «Hay que aprovechar todos los momentos para intentar ganar», decía el corredor. Mayo sólo había disputado una cronoescalada en su vida (Arcalís, Vuelta 2001) y una sola contrarreloj esta temporada (Alcobendas, donde fue segundo).

En el imponente Ventoux, Iban Mayo acreditó el pronóstico que le inducía a la victoria. Para ello tuvo que archivar el récord de la ascensión, en poder de Jonathan Vaugthers desde 1999, 56 minutos y 50 segundos. Un registro que también superó el americano Tyler Hamilton, cabeza de lista del poderoso Phonak (Sevilla fue tercero; Gutiérrez, sexto, y Pereiro, undécimo). Pero no Lance Armstrong, 57:49, a 1:57 de Mayo.

En el Euskaltel se ha criado un diamante que invoca al optimismo ante el Tour de Francia. Es la punta del iceberg de un filón de españoles en forma, Roberto Heras, Sevilla, Zubeldia. Un asunto éste, el de la pujanza de los españoles, que ha desatado ríos de tinta en Francia por un correo electrónico que envió Armstrong el año pasado al Tour y a la Unión Ciclista Internacional. En él alertaba de la utilización de hemoglobina sintética, derivada de sangre bovina, por parte de determinados corredores. Armstrong confirmó el hecho, aunque negó que hubiese señalado a los españoles. «Nosotros no nos damos por aludidos -dice el médico del Euskaltel al otro lado del teléfono-. Es raro que salga esto ahora cuando sucedió hace un año. Si Armstrong ya ha escrito dos libros, le es muy fácil escribir cartas. Puede seguir con ello».

El mánager del Euskaltel, Miguel Madariaga, busca una pausa en la euforia. «Claro que Mayo puede ganar el Tour y a Armstrong, pero tiene que sujetarse un poquitín -comentaba a ABC-. Tiene que trabajar con las matemáticas. No es lo mismo una semana que tres. Sabemos que tiene margen para mejorar, pero en el Tour no puede hacer estos alardes».
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