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Recuenco tilda de «fascista» a Aznar ante el regocijo de 3.000 delegados sindicales

Al enemigo, ni agua. El acto convocado por UGT y CC.OO. ayer en Torrente, al que acudieron 3.000 delegados sindicales para escuchar a Cándido Méndez y José María Fidalgo por la huelga general del 20-J se convirtió en un despiadado ataque a Aznar y su gabinete. Méndez y Fidalgo se conjuraron para restar credibilidad al PP y Recuenco tildó de «fascista» al presidente del Gobierno.

Actualizado 12/06/2002 - 23:52:07
Recuenco utilizó un tono de mitin en su intervención ante Méndez y Fidalgo. Mikel Ponce
Recuenco utilizó un tono de mitin en su intervención ante Méndez y Fidalgo. Mikel Ponce
VALENCIA. En los carteles propagandísticos del acto convocado ayer en Torrente por UGT y CC.OO. que se podían leer hasta en las ventanillas de los autobuses que desplazaron a más de 3.000 delegados sindicales se apreciaba en grandes caracteres: «Acto informativo. Por el presente y por el futuro de los valencianos. 20 de junio. Huelga General». Pero el encuentro fue mucho más que un «acto informativo», fue un auténtico mitin dentro de la particular campaña electoral que sindicatos y Gobierno están librando para arrimar el ascua a su sardina.
Sólo así se entienden los exabruptos que se dijeron, las referencias que se jalearon desde unas nutridas gradas del polideportivo que acogió el evento y las comparaciones nada agradables que los líderes sindicales de la Comunidad y de España realizaron sobre José María Aznar y su gobierno. Franco, Le Pen, Thatcher o Mussolini tuvieron su hueco en un combate dialéctico en el que todos estaban del mismo lado.
El más beligerante, quizá por «jugar» en casa, fue el secretario general de UGT-PV, Rafael Recuenco, al que hay que estimularle muy poco para que su verbo, en vez de hacerse carne, vaya a por ella. No dudó en tildar a Aznar de «fascista» ante el regocijo de los presentes y comentó con sorna que el PP «no tiene miedo a la extrema derecha porque ya está en el Gobierno».
Después de dejar claro que los populares tienen una «actitud hipócrita», de comportamiento de «tinte fascista», cogió la palabra el secretario general de CC.OO.-PV, Joan Sifre, quien, con tono menos exaltado pero igual de firme, le advirtió a Aznar que, si bien tiene la mayoría absoluta en la política, UGT y CC.OO. «también la tenemos, la de los trabajadores y también por las urnas», en referencia a las elecciones sindicales.
Clases de anatomía
Pero las «vedettes» de la fiesta eran ayer, lógicamente, Méndez y Fidalgo. El ugetista, quien denunció «coacciones» a los empresarios para no acudir a la huelga general, exploró la anatomía del presidente del Gobierno para asegurar que «encaja mal la convocatoria porque en la parte izquierda del cerebro, allí donde se aloja la memoria, se baja hasta los años 60, pero no cuando el rock and roll, sino cuando se encendía la luz de El Pardo».
En su opinión, al igual que en dicha época, ahora «se practica la censura informativa» y puso como ejemplo la última manifestación sindical conjunta en la que la televisión «nos puso un espadadrapo en la boca hasta las 6 de la mañana cuando nos lo quitaron y nos dejaron hablar».
Méndez prosiguió su discurso con duros ataques al ejecutivo del PP. Tras resolver con el refranero la cuestión del aumento del subsidio agrario, «a otro perro con ese hueso», aseguró que aumentará la precariedad laboral, que el Inem se convertirá en la «inquisición» para los trabajadores, que cobran prestaciones y comparó a Aznar con Margaret Thatcher, de la que dijo que hoy en día es «una anécdota irrelevante en Reino Unido».
Antes de dar paso a Fidalgo, Méndez no se quiso despedir sin reiterar que «no hay que dejar paso al nacionalcatolocismo» y redujo el pulso sindicatos-Gobierno a una cuestión de «credibilidad», en la que sus razonamientos «están abriéndose camino».
Retroceder al siglo XIX
Con un público ya entregado, José María Fidalgo incidió en dos ideas ya apuntadas por Méndez. Cómo con el gabinete Aznar se está retrocediendo en el tiempo -«pero no a los años 60 como dice Cándido, sino hasta el siglo XIX», aseveró-,y la importancia de ganar la batalla de la «credibilidad».
Su mensaje no tuvo florituras, fue demoledor. «Hay que aprovechar estos días para provocar un gran destrozo en la demagogia y en el cinismo del PP. Hay que bajar la credibilidad de Aznar, hay que abrir un boquete enorme en esa credibilidad». Y para terminar, un guiño populista. «Con mis cotizaciones y con mi sueldo no quiero subvencionar a empresarios sanguijuelas».
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