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Los restos de Ekaterimburgo son de dos hijos del último zar

Tal vez este año, en el que se cumple el 90 aniversario del espeluznante magnicidio del últimozar ruso, Nicolás II, y toda su familia, la sociedad rusa pueda cerrar por fin una de las páginas más

Actualizado 11/04/2008 - 08:35:38
Tal vez este año, en el que se cumple el 90 aniversario del espeluznante magnicidio del últimozar ruso, Nicolás II, y toda su familia, la sociedad rusa pueda cerrar por fin una de las páginas más tenebrosas de su pasado. Lo que casi todos ponían en duda parece haberse confirmado. Las osamentas halladas el pasado verano en las afueras de la ciudad rusa de Ekaterimburgo pertenecen efectivamente al zarevich Alexéi, el heredero del trono ruso, y a su hermana la gran duquesa María.
Así se lo comunicó ayer Vladímir Soloviov, jefe del departamento de criminología de la Fiscalía General de Rusia, al gobernador de la región de Svérdlovsk, Eduard Rossel. El encuentro tuvo lugar en Ekaterimburgo y la información fue distribuida por la agencia Itar-Tass. Soloviov, no obstante, dijo al salir de la reunión que el anuncio oficial y definitivo de los análisis de ADN se hará público dentro de un mes.
Nicolás II, su esposa y todos sus hijos fueron fusilados el 17 de julio de 1918 en Ekaterimburgo, en el sótano de una casa que perteneció a un tal Ipatiev. Los cuerpos del zar, de su esposa la zarina Alejandra y de sus tres hijas, Tatiana, Olga y Anastasia fueron encontrados en 1979, pero no fueron exhumados hasta 1991. La identificación de los cadáveres se llevó a cabo en Londres y recibieron sepultura en 1998, en el panteón real de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo.
En otra fosa
Aquel sepelio quedó deslucido porque parte de los descendientes de la dinastía Románov y la Iglesia Ortodoxa rusa no reconocen como auténticos los huesos descubiertos. Los restos del zarévich y de su hermana María fueron hallados en otra fosa cercana a la primera, también en el camino de Koptiakí, cerca de Ekaterimburgo, en agosto del año pasado. Para evitar cualquier atisbo de duda, esta vez los análisis de ADN fueron encargados a varios centros de investigación rusos y extranjeros, entre ellos los laboratorios de las universidades de Massachusetts e Innsbruck.
El historiador Eduard Radzinski considera que la autenticidad de las osamentas del zarevich y la gran duquesa «lleva a que también lo sean los demás cuerpos enterrados en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo». Radzinski cree que el pueblo ruso tendrá este año una nueva oportunidad de arrepentimiento y reconciliación con el pasado. La Justicia se niega a rehabilitar al último zar y a su familia por entender que no hay indicio que permita considerarles víctimas de una campaña de terror de los bolcheviques.
Las fosas pudieron ser halladas gracias a las memorias de Yákov Yurovski, el jefe de los once pistoleros que acribillaron a tiros a la familia real. El documento tuvo la clasificación de alto secreto durante años. Yurovski cuenta que, en la noche del 16 al 17 de julio de 1918, a las dos y media de la madrugada, obligó a salir de la cama al médico real y a despertar al monarca. El grupo armado se supone que velaba por la «seguridad» de Nicolás II y los suyos. Cuando todos se habían levantado y con el pretexto de que la Guardia Blanca, las tropas leales el zar, preparaban un ataque, fueron conducidos al sótano de la casa. Allí fueron tiroteados a bocajarro Nicolás II, su esposa, sus cinco hijos, el médico y tres criados.
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