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Dos hombres sensatos

Actualizado 11/03/2001 - 00:35:09
El sentido común, al que muchos llaman buen sentido, quizás para atribuirle maldad a los otros, es un ingrediente raro, difícil de encontrar en la vida pública española. En la privada abunda más porque es un bien muchas veces hereditario; pero, en política, ¿cómo seducir a muchos —esencia democrática— con el modesto y no siempre brillante repertorio de la sensatez?
Nicolás Redondo Terreros, en virtud de la herencia genética, es hombre pleno de sentido común. Y se le nota. Entiende la política como un todo geométrico y sabe que la línea más corta entre dos puntos es, inevitablemente, la recta. Acaba de decir el candidato socialista a lendakari que «no hay distingos entre derechas e izquierdas cuando hay que defender la libertad». Es una buena síntesis de dos verdades tan elementales como olvidadas: la libertad es el fin, la meta, de la convivencia —la democracia es sólo una herramienta para su consecución— y ella debe ocupar el primer lugar en cualquier catálogo de prioridades. La izquierda y la derecha son matices para embellecer la libertad, pero carecen de sentido si ella no está presente.
Jaime Mayor Oreja, el candidato del PP, es también hombre de sentido común. Lo tiene acreditado, aunque muchas veces se pierda entre los arabescos propios de su condición democristiana. Redondo está en «la fuerza del cambio» y Mayor, por experiencia, en «el cambio de la fuerza». Los dos, en el lúcido entendimiento de que no hay personas, y menos aún partidos políticos, imprescindibles en ningún lugar y para ninguna circunstancia. El PNV es, seguramente, un gran partido; pero no es el único ni su trabajo, en veinte años de gobierno, ha sido eficaz para la solución del problema mayor y más urgente de cuantos afligen al País Vasco: el terrorismo y su simbiosis con un fragmento menor, pero no irrelevante, de la sociedad allí empadronada.
Cuando en un catálogo de problemas hay uno mucho más grande que todos los demás, cual es el caso vasco, el sentido común se hace prevalente ante cualquier otra capacidad, incluida la inteligencia. Será el sentido común el que tienda los lazos y uniones que se precisan para erradicar ese problema por mucho que la inteligencia busque rincones en los que instalarse con su inseparable ánimo crítico. Mayor, que ya lleva años predicando por ese camino, ha de hacer un esfuerzo, simétrico con el de Redondo, también viejo apóstol de la misma causa, para que la suma de los dos, y de lo que ambos representan, tenga eficacia a partir del próximo 13 de mayo.
En el País Vasco no hay libertad. Unos, con bombas y pistolas, no la han querido nunca y otros, con complejos y sentimientos antañones, no la han propiciado. De ahí la trascendencia de las próximas elecciones y la responsabilidad frente a ellas de Mayor y Redondo. A los dos, y a sus partidos, les compete que esa porción de España alcance la atmósfera cívica en la que la libertad, tan exigente ella, pueda prosperar en la vida cotidiana con mecanismos auténticamente democráticos. Es decir, crear los supuestos políticos y sociales que puedan acabar con ETA y configurar un marco de convivencia en libertad. El sentido común puede convertir en posible lo que vienen impidiendo los dogmas y radicalismos.
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