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Estados Unidos pide precaución en el uso de «stents» de última generación

N. RAMÍREZ DE CASTROMADRID. «Abrir» las arterias coronarias cuando están obstruidas salva vidas y reduce los daños de un ataque al corazón. Si al realizar ese cateterismo se deposita un «stent», una

Actualizado 10/12/2006 - 09:47:38
«Abrir» las arterias coronarias cuando están obstruidas salva vidas y reduce los daños de un ataque al corazón. Si al realizar ese cateterismo se deposita un «stent», una malla metálica en el interior de la arteria para evitar que se vuelva a cerrar, el enfermo corre menos riesgo. Pero si, además, el «stent» libera paulatinamente un fármaco que refuerza la misión de la malla, el paciente tendrá un seguro de vida. O, al menos, eso es lo que se pensaba hasta hace poco tiempo.
Un panel de expertos, convocados por la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA), recomienda a los cardiólogos que adviertan a sus pacientes sobre los riesgos que implica el uso de «stents» medicados, los dispositivos intracoronarios más modernos. Los mismos especialistas piden que se vigile estrechamente a los enfermos a los que se implanten y estén en tratamiento con aspirina o fármacos similares para evitar la formación de coágulos, al menos, durante un año. Esta es su conclusión tras dos días de deliberaciones.
De momento, las conclusiones no han animado a la FDA a restringir el uso de estos dispositivos que alimentan la cuenta de resultados de los laboratorios. «Aún es muy pronto para adelantar las acciones específicas que vamos a tomar», dijo el viernes Daniel Schultz, un portavoz de la agencia a «The New York Times».
El debate en Estados Unidos en torno a los modernos «stents» no es caprichoso. En los últimos meses habían aparecido estudios inquietantes que advertían sobre los riesgos de los «stents» medicados. A largo plazo, se había observado una mayor mortalidad en los portadores de estos nuevos dispositivos que en las sencillas mallas de metal que los precedieron, por una mayor tendencia a desarrollar trombos. A estos trabajos se sumaban otros defendiendo su seguridad y eficacia, en un cruce de información contradictoria que ha animado las últimas reuniones internacionales de Cardiología.
Lo nuevo, ¿mejor?
La polémica que mantiene en vilo a cardiólogos y a fabricantes de estos dispositivos plantea la cuestión de hasta qué punto lo nuevo es siempre mejores que lo anterior. «Los «stents» medicados son suficientemente seguros y efectivos en pacientes donde están realmente indicados. Esa es la clave», asegura Carlos Macaya, director del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínico de Madrid y experto en cirugía intervencionista.
Macaya cuestiona, sin embargo, el excesivo entusiasmo con el que se utilizan estas mallas farmacoactivas en todo tipo de pacientes. El año pasado, el 51% de los «stents» implantados en España liberaba medicación, según datos de la Sociedad Española de Cardiología. Este año, 2 de cada 3 mallas son medicadas y lo curioso es que no existe una tendencia homogénea en todo el territorio. Por ejemplo, en Murcia, el 72,8% de todos los «stents» son de última generación frente a un 41,8% de Navarra o el 55% de Madrid. En Estados Unidos estos porcentajes se disparan y rozan el 90%. «En la competitiva medicina privada a un cardiólogo estadounidense le debe resultar muy difícil explicar a sus enfermos que no les va a poner el dispositivo más moderno y sofisticado, aunque pueda ser peor en su caso», apunta Carlos Macaya.
Sólo en pacientes indicados
El consenso médico dice que estos «stents» no son siempre los más apropiados y deberían reservarse para los candidatos con más riesgo de que sus arterias vuelvan a cerrarse, como los diabéticos. O cuando la oclusión se produce en un vaso muy pequeño. Para curarse en salud también se les vigila más y se mantiene a estos enfermos medicados para reducir el riesgo de trombos. Dos prácticas que recomiendan ahora los expertos de la FDA y que, en el caso del Clínico de Madrid, no cambiará su forma de trabajar.
Prótesis biodegradables
La elección de los «stents» tradicionales o «desnudos», como se les llama, tampoco es la más segura. El material metálico con el que se fabrica la malla favorece por sí solo el estrechamiento de los vasos y la liberación de trombos. Este peligro permance durante las primeras semanas hasta que se renueva el interior del vaso con nuevas células. De hecho, ese fue el motivo por el que se lanzaron las prótesis recubieras de fármacos.
Ahora, los fabricantes de estas mallas quieren desarrollar una tercera generación que prescindan del metal y aleje la amenaza. Algunas compañías prueban materiales biodegradables que a los seis meses de su implantación se disuelven en el organismo. Pasado ese tiempo, la arteria ya se ha recuperado y no es necesario mantenerla abierta.
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