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Cervantes fue tartamudo y murió de diabetes

Actualizado 10/11/2005 - 17:11:56
Cervantes debió de expresarse de forma mucho más fluida por escrito que oralmente, puesto que fue tartamudo durante toda su vida, contrajo el paludismo y la diabetes pudo ser la causa de su muerte, frente a la creencia generalizada de que fue una cirrosis, según el doctor Ángel Rodríguez Cabezas.
Estas son algunas de las conclusiones que se extraen de la ponencia "Reflexiones pato-biográficas sobre Miguel de Cervantes", con la que Rodríguez Cabezas, junto a María Isabel Rodríguez Idígoras, intervendrá en las jornadas de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA), que comienzan hoy en Málaga con el tema monográfico de "Cervantes y los médicos".
La tartamudez del autor del Quijote se hizo patente ya en su etapa escolar en Córdoba, y el propio autor la admitió en el prólogo de sus "Novelas ejemplares", en el que escribió que "...será forzoso valerme por mi pico, que, aunque tartamudo, no lo seré para decir verdades".
Cuando llegó a la famosa batalla de Lepanto, padecía un acceso febril causado por un brote de paludismo, que no le impidió participar con arrojo en la contienda. Allí, durante el asalto a la galera capitana del jefe turco Siroco, recibió dos arcabuzazos en el pecho y en el antebrazo izquierdo, y éste le valió el sobrenombre de "El manco de Lepanto".
Los intentos de cura en el hospital de Mesina fueron vanos, y su mano zurda quedó "inservible y desgobernada", aunque la atención médica que recibió, además del hecho de ser hijo de un médico sangrador, pudo influir sobre Cervantes en la buena opinión sobre los galenos que transmitió en sus obras literarias.
En este aspecto, fue un contrapunto a los escritores del Siglo de Oro, especialmente Quevedo, que fue "quien más odio expresó y más caña nos dio a los médicos", señaló a Efe Rodríguez Cabezas. Sobre las causas de la muerte, sólo se tiene certeza de que presentaba astenia (decaimiento de fuerzas) y polidipsia (necesidad de beber con frecuencia y abundantemente), lo que llevó a un estudiante de Medicina a diagnosticarle hidropesía (derrame o acumulación anormal de líquido seroso).
Según Rodríguez Cabezas, la polidipsia, un "síntoma evidente" de la diabetes, fue confundida con hidropesía, ya que la diabetes no se conoció como tal hasta los años 20 del siglo pasado, y en aquella fecha "la hidropesía no era un síntoma, sino una enfermedad cuyo origen se desconocía".
Este doctor considera "bastante improbable" que Cervantes sufriera un mal hepático severo, como una cirrosis, ya que "las complicaciones con la que suelen concluir estos males no le habrían permitido estar lúcido hasta casi última hora, lo que sí está demostrado documentalmente".
La enfermedad pudo complicarse en los últimos momentos con una insuficiencia cardiaca, puesto que la diabetes no tratada "mortifica las paredes de las arterias, las endurece y las angosta, entorpeciendo la circulación de la sangre".
Lo cierto es que el escritor fue consciente de que se acercaba el fin de sus días, y tuvo ocasión de despedirse en el prólogo de "Los trabajos de Persiles y Segismunda": "Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo y deseando veros pronto contentos en la otra vida".
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