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El «Volcán de Tacande» se hubiera hundido en alta mar de no ser por las modificaciones obligadas por los inspectores para autorizar su operatividad

Dos grandes «flotadores» añadidos al barco en los astilleros de Vigo evitaron que se «hubiera ido a pique» como probablemente le sucedería a un buque actual

Actualizado 10/08/2005 - 04:16:19

PABLO ALCALÁ

LAS PALMAS. Dos gigantescas cámaras de flotación, añadidas a la estructura original del «Volcán de Tacande», impidieron que la madrugada del 31 de enero pasado terminase en una gran tragedia.

Varias son las cuestiones que quedaron zanjadas con vagas explicaciones después de que el pasado 31 de enero el barco de la naviera Armas bautizado como «Volcán de Tacande», sufriera un accidente cuando se dirigía desde el puerto de Los Cristianos a La Gomera y El Hierro, y los 29 tripulantes y sesenta pasajeros tuvieron que ser evacuados, tras pararse los motores a unas cuatro millas de la costa.

Las versiones inmediatas de los medios de comunicación, no sólo reflejaron los comunicados de la Autoridad Portuaria de Tenerife y los de la propia compañía, sino que dieron por hecho que la longevidad del barco (fue fabricado en Yugoslavia el 1973), era, sino causa, un agravante más que colaboró al accidente. Nada más lejos de la realidad.

Diligencia administrativa

Según los técnicos consultados por ABC, la última inspección que hubo de pasar el barco, para ser utilizado por Armas como «Volcán de Tacande», (año 2000), trajo consigo la incorporación de dos enormes cabinas de flotación, sin las cuales,la grieta abierta - de más de ocho metros-, hubiera sido suficiente para que el barco se hundiera. De hecho, la cubierta del buque (que se encuentra actualmente el los astilleros de Las Palmas de Gran Canaria en espera de ser vendido a un armador turco) tiene un grosor que ya no se practica en los buques modernos. Si el barco accidentado hubiera sido cualquiera de los modernos «se hubiera ido a pique, durante el tiempo que permaneció en espera de ser rescatado».

Este diagnóstico confirma que, como ya indicó el Gobierno central, el Ferry «superaba los reconocimientos exigidos por la actual normativa nacional e internacional» y que la causa más probable, demostrada por los exámenes posteriores, indica que «los bajos del barco colisionaron con la baja del Camisón», saliente situado en la bocana del puerto de partida, y visible en todas las cartas de navegación desde hace más de un siglo.

Esta última afirmación, es la causa quecostó al capitán del barco su despido fulminante. Pero hubo una nueva y grave circunstancia que evitó que no ocurriera una verdadera tragedia.

Cierre de los compartimentos estancos Cuando el barco fue rescatado, los departamentos estancos en que se divide el casco habían cumplido su cometido. Esta cuestión no debería ser noticiable, de no ser porque, sólo una semana antes, según ha podido saber este periódico, la naviera propietaria fue objeto de la apertura de al menos tres expedientes sancionadores por realizar la navegación con las compuertas que dividen los compartimentos abiertas.

Actualmente, la Comisión Permanente de Investigación de Siniestros Marítimos de la Dirección General de Marina Mercante (DGMM), continúa con los pormenores de la investigación. A pesar de que la compañía propietaria del barco da por depuradas las responsabilidades con el despido del capitán, y del informe favorable sobre el estado del buque, quedan varias incógnitas por resolver.
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