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Los médicos de Rocío Jurado

BEATRIZ CORTÁZARNi una foto, ni una bata blanca acompañando a Rocío Jurado cada vez que entraba o salía del hospital Montepríncipe. Ni una entrevista. Ni tan siquiera una declaración. En plena era de

Actualizado 10/06/2007 - 10:08:16
Ni una foto, ni una bata blanca acompañando a Rocío Jurado cada vez que entraba o salía del hospital Montepríncipe. Ni una entrevista. Ni tan siquiera una declaración. En plena era de las vanidades, donde todo el mundo busca su minuto de gloria, sorprende el impresionante silencio y saber estar del equipo médico que atendió a Rocío Jurado desde el fatídico día que le diagnosticaron un cáncer de páncreas. Ni entonces quisieron acaparar los micrófonos, ni ahora, a un año de su muerte y tras unos comentarios nada afortunados de su viudo Ortega Cano, han querido romper ese anonimato que todo profesional debe proteger cuando su fama se debe a su profesionalidad y no a sus posados ante las cámaras.
Sólo los que estuvieron cerca de «la más grande» saben perfectamente lo que vivió la artista durante sus últimos meses. Rocío confiaba plenamente en el cirujano Emilio de Vicente, que fue quien le intervino de una larga y compleja operación para extirpar el tumor. Con la doctora Quijano y resto del equipo (anestesistas, intensivistas, enfermeras...), este doctor, uno de los mejores del mundo en su especialidad, siempre estuvo cerca de su paciente quien, no obstante, decidió viajar a Houston. Fue en uno de sus desplazamientos cuando, tras una intervención para eliminar unas molestias, la salud de la artista se complicó. El resto de la historia se conoce a grandes trazos aunque la letra pequeña aún está por escribir.
Pero ni antes ni después sus médicos de España quisieron salir a aclarar nada, ni ahora van a hacerlo pese a esos comentarios que Ortega hizo ante las cámaras de Nieves Herrero criticando el hecho de que a Rocío la mandaran a su casa de La Moraleja cuando ya estaba muy malita. Cuando Rocío volvió de Houston ya todos sabían cuál era su destino. La medicina no podía hacer más y de ahí que a la familia se le comunicara que lo mejor era administrarle cuidados paliativos y trasladarla a su residencia donde siempre encontraría la paz y tranquilidad que uno anhela en esas situaciones. Pensando siempre en lo mejor para Rocío es como se dieron esos pasos que algunos no supieron interpretar bien. Es duro asumir la realidad, pero es justo y necesario encajar los golpes de la vida sobre todo cuando ya ha pasado un tiempo prudencial. La elegancia, cariño y profesionalidad con la que los médicos trataron a Rocío Jurado es un ejemplo que llena de orgullo a la medicina española tal y como me aseguran muchos especialistas. Por eso, un año después, duelen más ciertos comentarios.
Ni un pelo de más
Cambiando de tercio, una fiesta de lo más divertida y llena de caras conocidas se celebró en la discoteca Gabana para presentar un nuevo sistema láser de depilación de la Clínica Menorca. El doctor Angel Martín actuó de perfecto anfitrión recibiendo a sus amigos, entre los que se encontraba el portero del Real Madrid, Íker Casillas. Tras la foto de protocolo, Casillas se relajó y disfrutó de la fiesta en la zona vip de la sala donde se reunió con su novia Eva González y donde también coincidió con Lara Dibildos, que es una mujer nueva desde que decidió cortar definitivamente su historia de amor con el jinete Alvaro Muñoz Escasi, que comparte piso en Sotogrande con un amigo. A la vista de todo lo que le contaban cada vez que el jinete decidía dar una vuelta con sus amigos, Lara ha optado por cortar esa relación pero salvar lo mejor de su amistad por el bien de su hijo Álvaro. Al más puro estilo Ana Obregón, Lara Dibildos quiere que su pequeño se críe con la cercanía de un padre y de ahí que haga tripas corazón con tal de que el niño pueda disfrutar de la compañía de los dos.
Fiesta de hombres fue la que se celebró para el estreno de la película «Ocean 13» en Madrid. A falta de George Clooney, un ramillete de chicos entre los que estaban Pablo Durán o Maxim Huerta se vistieron de Hugo Boss para llegar a la fiesta en una limousine y sentir en su piel lo que supone pisar una alfombra roja. No son Clooney ni Brad Pitt, pero es lo que hay. Mis gargantas profundas me cuentan que el más divertido fue el novio de Lolita, Durán, el más cariñoso el televisivo Maxim Huerta y el más caprichoso resultó ser el cocinero Sergi Ariola, quien al parecer exigió camisa negra y corbata a pesar de que el resto iban con la clásica pajarita sobre camisa blanca.n
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