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El periodista marroquí Rachid Nini cuenta en un libro sus vivencias en España como inmigrante ilegal

Residió en España durante tres años como inmigrante ilegal. Es marroquí y tiene 31 años. Este licenciado en Literatura árabe y Poesía contemporánea trabajó en España como obrero en diversas tareas. «Un poco más y me convierto en delincuente», dice. Su experiencia está en «Diario de un ilegal».

Actualizado 10/06/2002 - 23:56:18
Rachid Nini, ayer en Madrid después de la entrevista. Daniel G. López
Rachid Nini, ayer en Madrid después de la entrevista. Daniel G. López
MADRID. Rachid Nini (Ben Slimane, Marruecos, 1970) no encontraba trabajo en su tierra. De vez en cuando surgía una colaboración para un periódico, pero eso era poco o nada para un muchacho bereber, que tiene a gala que los de su raza son antiguos viajeros que llegaron a Marruecos procedentes de Líbano y Yemen tras pasar por Egipto. «Si no hubieran encontrado el mar, aún estarían viajando. El Mediterráneo los detuvo y, por eso, Marruecos se conoce como «la tierra del fin de las inmigraciones»», explica. Una invitaciónpara un Congreso cultural que se celebraría en Canarias le sirvió para entrar en España con un visado para un mes. De hecho, no llegó a pisar las islas: «Me fui directamente a Alicante con las 70.000 pesetas que había logrado reunir en 1997», evoca. Desde este año y hasta 2000 residió en la Península. Luego, regresó a su país con un libro por toda fortuna.
Libro de cabecera
-¿Puede convertirse «Diario de un ilegal» en el libro de cabecera de los inmigrantes?
-No lo he escrito para ellos, sino para los lectores españoles, porque en estos pensaba mientras escribía y en aquel momento aún no tenía la idea de regresar a Marruecos.
-¿Dejó su patria como un periodista que quiere escribir como testigo?
-No. Tras años de estudio no encontraba trabajo fijo, sólo de «free-lance». Los periódicos marroquíes son casi todos de partidos políticos y sin un carné no hay nada que hacer. Pensé que mi sitio no estaba allí, de modo que me tenía que marchar. Además, esta idea la tenía desde pequeño, porque tuve unos vecinos que emigraron a Francia y volvían de vacaciones cargados de todo, así que tenía claro que debía ir al otro lado.
-Pero no vivir la odisea de las pateras o de las mafias, ¿le permite ser un testigo realmente aceptable?
-Las pateras y las mafias son un drama y no lo he vivido, pero conozco bien la vida en España como un sin papeles. De todos modos, ya va siendo hora de decir que las pateras son un detalle del principio de la tragedia. La peor cara del asunto se da cuando se pone el pie en la tierra y uno se pregunta, ¿y ahora, qué? No sé por qué todo el mundo está convencido de que todos los inmigrantes ilegales llegan en patera. Hay más medios. Un guardia civil se rió cuando le conté que yo llegué como una mariposa.
A Rachid nunca lo paró la policía española y él da las reglas que piensa que lo permitieron. «Hay que vestirse bien, no ir en grupo, no salir en los días próximos a la Navidad ni ir a lugares en los que se te vea mucho»..., dice en un etcétera de trucos propiciados por el temor. Convivió con españoles, argentinos, argelinos, gitanos... No ha escrito a través del odio o el rencor, ha querido, simplemente, retratar hechos vividos que otros repiten cada día.
-Usted afirma que un inmigrante sin papeles trabaja como una mula, no tiene derechos, envejece años de golpe y, al final, no encuentra un tesoro. ¿Sembrará el desánimo?
-Los inmigrantes nunca van a dejar de venir a Europa se escriba lo que se escriba. Todos tienen una idea: llegar. Lo que vaya a pasar no les preocupa, ya se verá. Saben que hay muchos que cuando van a su país lo hacen en mejores condiciones. Mire, cuando volví sólo llevaba conmigo un libro y todos me preguntabanpor el coche.
-¿Qué le dolió más en su tiempo de inmigrante?
-Lo que le duele a todos: el futuro. No puedes imaginar lo que será de ti. Un año pasa tan rápido como si fuera un mes y te sigues viendo sin papeles y sin dinero. Pedía contratos, pero no había forma de obtenerlos.
-¿Por qué permanece el inmigrante en un medio tan hostil?
-La personalidad marroquí es complicada. Resulta imposible regresar con las manos vacías, porque es fácil que piensen que no eres un hombre ya que no has logrado lo que otros sí. Los que te ven llegar no te preguntan por tu sufrimiento, sino por lo logrado. Además es frecuente creer que la baraka (suerte) llegará antes o después.
-¿Qué sería de usted si no se hubiese marchado de España?
-Me habría convertido en un delincuente. La educación no tiene nada que ver en la posibilidad de este cambio, porque lo que realmente importa es que sientes hambre y ves el futuro absolutamente negro.
Rachid Nini vive actualmente en Rabat y trabaja en un canal de televisión como periodista. «Diario de un ilegal» ha sido publicado por «Ediciones del Oriente y del Mediterráneo».
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