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María Elena Becerra, presidiaria de Alcalá Meco: «Un país tan democrático no debe tener cadena perpetua »

-¿Cómo es la cárcel?-Un mundo dentro del mundo. Una experiencia muy dura y difícil de sobrellevar. Gente con todo tipo de delitos, unos con mínimos, otros con máximos, y todos juntos en ese lugar. Es

Actualizado 10/04/2009 - 09:19:49
Gracias a una beca de formación profesional para reclusos de la Fundación la Caixa, María Elena acaba de recoger su diploma de camarera, llave para una nueva vida que empezará cuando dentro de dos meses recobre la libertad.
-¿Cómo es la cárcel?
-Un mundo dentro del mundo. Una experiencia muy dura y difícil de sobrellevar. Gente con todo tipo de delitos, unos con mínimos, otros con máximos, y todos juntos en ese lugar. Es importante saber ser tú misma en ese entorno, porque con compañías inadecuadas se puede terminar cayendo en esos comportamientos. Entre todo lo malo, la cárcel tiene cosas positivas, porque deja mucho espacio para meditar.
-¿Se forjan buenas amistades?
-Es complicado. Cada una lleva lo suyo encima allí y da mucho miedo entregarse en una amistad hacia otra persona. La verdadera amistad es muy difícil de entablar ahí dentro.
-Será la suya una larga historia.
-A mí lo que me empujó a salir de Colombia, hace ya diecisiete años, fue mi hija. Es sordomuda y pensé que en España podía ofrecerle un futuro mejor. De hecho, aquí le hicieron un implante coclear y su situación mejoró muchísimo. Yo trabajaba en una residencia de la tercera edad y hacía horas en una empresa de limpieza, pero llegó un momento en el que el trabajo ya no estaba tan bien y empezaron las ofertas...
-Malditas ofertas.
-Sí... Surgió con motivo de un viaje a Colombia, me lo pensé mucho y me equivoqué. Creí que era una alternativa para terminar de sacar a mi hija adelante y ayudarla a llevar una vida lo más normal posible. No medí las consecuencias.
-¿De cuánto fue la condena?
-De nueve años y un día.
-Creo que ya roza la libertad.
-Dentro de dos meses estoy en la calle, cuando cumpla la mitad de la pena. Y lo que se pretende en este curso es precisamente eso: prepararnos para que al salir tengamos una posibilidad de trabajo. Es un paso intermedio, porque aquí ya empezamos a convivir con la gente de fuera.
-¿Da vértigo?
-Es paradójico, pero verdad, que frente al mundo de fuera se siente una perdida y desorientada.
-Temerá toparse con un muro de prejuicios frente a alguien que ha estado en prisión.
-Sí. Eso está ahí, y siempre va a estar ahí. Pero creo que depende más de uno mismo que de la gente que le rodea. ¿Hay prejuicio? Lo hay. Hoy, mañana y siempre lo habrá, porque, aunque la sociedad cambia, hay cosas que cambian muy poco. Y si uno siente miedo, la gente va a notar ese mismo miedo.
-Es consciente, supongo, de lo mal que está el mercado laboral. La posibilidad de encontrar un trabajo estable no es como hace cinco años, cuando ingresó en prisión.
-Los promotores de las becas están hablando con empresarios de esta zona, de Alcalá de Henares, y yo estoy enviando currículums a muchos sitios... Hay que buscar las cosas y no esperar a que lleguen. La vida es, más que poder, querer. Saber que se puede conseguir.
-Está abierto el debate social sobre la cadena perpetua, ante casos terribles como los de Mari Luz Cortés o Marta del Castillo. ¿Qué opina?
-Creo que no se debería imponer la cadena perpetua porque todos somos seres humanos y cometemos errores. A cada persona se le debería dar una nueva oportunidad. Deben castigarse con dureza los delitos muy graves, pero eso ya es extremado, y no lo vería normal en un país tan democrático como éste. Rotundamente, no estoy a favor.
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