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Marcelo Álvarez se despide del Real, de momento, con «Andrea Chénier»

En un extremo de la mesa, el tenor Marcelo Álvarez; en el otro, Giancarlo Del Monaco, director de escena e hijo del famosísimo Mario del Mónaco, algo que es imposible de obviar pues su nombre no cesa

Actualizado 10/02/2010 - 10:23:50
JAVIER DEL REAL  Marcelo Álvarez, como Andrea Chénier en el montaje del Teatro Real
JAVIER DEL REAL Marcelo Álvarez, como Andrea Chénier en el montaje del Teatro Real
En un extremode la mesa, el tenor Marcelo Álvarez; en el otro, Giancarlo Del Monaco, director de escena e hijo del famosísimo Mario del Mónaco, algo que es imposible de obviar pues su nombre no cesa de aparecer en la conversación del regista italiano. La dialéctica entre ambos, Marcelo y Giancarlo, es rápida, encendida, apasionada e irónica. No cesan de contestarse el uno al otro, en un discurso que escenifica, con menos decibelios y más contención verbal, lo que han sido los ensayos de la nueva producción de «Andrea Chénier».
Realizada en colaboración con la Ópera de París, este nuevo montaje se puede ver en el Real a partir del sábado sin ningún cambio respecto al estreno parisiense celebrado, con gran éxito, el pasado mes de diciembre. «Tampoco ha cambiado el tenor», señala Del Monaco; «tampoco el director de escena, perdón el «regista»», advierte Álvarez.
Representada tan sólo una vez sobre este escenario, allá por las primeras décadas del siglo XX, hace 25 años que «Andrea Chénier» no se ve en Madrid. En aquella ocasión fueron Montserrat Caballé y José Carreras los encargados de llevarla a escena en el Teatro de la Zarzuela.
Grandes voces
La escasa presencia de este título verista en las temporadas líricas se debe precisamente a la dificultad para encontrar grandes voces que protagonicen esta historia (en el pasado la asumieron Callas y Del Monaco, Tebaldi y Corelli, Pavarotti y Caballé, Domingo y Benacková), que se desarrolla entre 1789 y 1794, con la Revolución francesa de fondo, y que está inspirada en la muerte en la guillotina del poeta André Chénier.
En esta ocasión el Real cuenta con un triple reparto encabezado por Álvarez y Fiorenza Cedolins; Fabio Armiliato y Daniela Dessì, y Jorge de León y Anna Shafajinskaia.
Si bien este título representa la vuelta al Real -después de un periodo minimalista- de la ópera verista, con grandes decorados, supone también la despedida de su protagonista, Marcelo Álvarez. El motivo: diferencias irreconciliables con el próximo director artístico, Gérard Mortier. «Yo no soy quien se aleja del teatro, sino es él quien me abandona al haber cambiado el sistema. No quiero volver a discutir con Mortier. No tengo nada que ver con su manera de trabajar. Volveré dentro de unos años -afirma el tenor argentino-. Me voy con un dolor terrible del teatro pero no puedo cantar si no me siento apoyado. No digo que Mortier trabaje mal, pero es una persona a la que le preocupa más la escenografía y la puesta en escena, y yo necesito que me den una caricia de vez en cuando... El tiempo pasa volando».
Tanto el director de escena como los cantantes admitieron durante la presentación de este montaje que títulos veristas como éste cuentan tanto con grandes seguidores como con detractores. «El problema es que muchas veces se han hecho en malas condiciones», indicó Del Monaco; «con poco dinero, porque siempre se vende», añadió Cedolins. Algo que es completamente cierto, pues en el Real ya se han agotado las entradas para las nueve funciones.
Otra forma de cantar
Si bien Cedolins se confesó una seguidora de la escuela de canto italiano, Álvarez defendió la posibilidad de interpretar la ópera verista de forma diferente a sus predecesores, «y no lo debo de estar haciendo mal porque me están llamando de todos los teatros», indicó. «Yo canto este papel más lento porque considero que un poeta debe expresarse de esa manera...». «Pero es más difícil», reclamó Del Monaco. «Eso es problema mio», apostilló Álvarez. «Pero yo no quiero que tú sufras», concedió irónicamente el director de escena.
En medio de este debate, Víctor Pablo dio una lección magistral sobre la relación de la orquesta con los cantantes, que aplaudieron sus compañeros de mesa: «El secreto de la música está entre las notas y cada cantante tiene su forma de decirlas. El director tiene la responsabilidadde conocer a cada uno de ellos». Y concluyó: «Para el director es muy fácil, sólo tiene que respirar con el cantante».
En este debate, en el que se hizo alusión repetidamente a los años de oro de la ópera en el siglo pasado, Álvarez también se quejó amargamente de los «registas», «que actualmente no hacen nada por los cantantes, y nosotros nos dejamos la piel en el escenario». A lo que Del Monaco remató: «¿Quieres mi piel?».
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