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Yemen se desangra entre la guerrilla de los zaidíes y el separatismo sudista

«¿Publicó tu periódico las caricaturas del Profeta?». Mohamed al-Baidani recibe al periodista extranjero con amabilidad, pero antes de ofrecerle asiento y té busca una respuesta afirmativa. Director

Actualizado 10/01/2010 - 04:18:22
«¿Publicó tu periódico las caricaturas del Profeta?». Mohamed al-Baidani recibe al periodista extranjero con amabilidad, pero antes de ofrecerle asiento y té busca una respuesta afirmativa. Director del Centro Dawa, una de las escuelas salafistas -movimiento reformista islámico- más importantes de Yemen, diferencia entre la actividad de Al Qaida en Afganistán o Irak y su papel en Yemen. «Aquí en ningún caso está justificada la yihad porque no tenemos tropas invasoras, es "haram" (pecado)», dice.
Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA) ha situado a Yemen en la primera plana internacional con sus recientes amenazas a las embajadas occidentales en Saná, y las conexiones que han salido a la luz entre uno de sus cabecillas y el joven nigeriano que intentó atentar contra un avión de Detroit.
Minimizan su presencia
Los religiosos salafistas minimizar la importancia que la red de Bin Laden tiene en suelo yemení. Lo mismo ocurre con analistas, diplomáticos y expertos sobre yihadismo. La mayoría consideran que «se ha sobredimensionado su relevancia. Hay presencia de Al Qaida, pero no tanta como pensáis los occidentales», afirma Sadam al-Asmuri, que estudia desde 2001 el auge de los salafistas radicales.
Fuentes diplomáticas consultadas por ABC señalan que «el problema incluso ha mejorado desde hace un año, porque la confluencia de intereses entre el Gobierno yemení y Estados Unidos ha hecho que la presencia de Al Qaida se convierta en un objetivo prioritario. Ahora se lucha de verdad».
La tarea se le multiplica al Gobierno de Alí Abdulá Saleh, que mantiene tres frentes militares abiertos. En cuatro provincias del norte, la rebelión de los «houthis», la guerrilla zaidí -minoría chií-; al sur, frecuentes protestas y altercados provocados por grupos separatistas que piden la secesión; y al sureste, la nueva amenaza, Al Qaida de la Península Arábiga, que se ha hecho fuerte en las provincias de Maareb y Shabwah.A esto hay que añadir el factor desestabilizador que supone la emigración que llega desde África, unas 165.000 personas en 2009, y que ha obligado a doblar la vigilancia por la infiltración de milicianos del grupo Al Shahab entre los refugiados somalíes.
El éxito de Al Qaida se fundamenta en haberse ganado el favor de los líderes tribales. «Se ha acabado el dinero, el Gobierno no puede pagar por la fidelidad de las tribus, y los líderes obtienen el dinero a base de extorsión, secuestros o nuevas alianzas con grupos como Al Qaida», señala Nadia Abdulaziz al-Sakkaf, directora del «Yemen Times».
Las tribus y el Estado
Una consecuencia lógica en un país donde «el Estado es como una tribu, y cada tribu como un Estado», según reza un dicho popular. Se refleja perfectamente en las dificultades que tiene el Ejército para lanzar ofensivas en determinadas zonas, ya que para los soldados, como para cualquier yemení, lo primero es la lealtad a la tribu. Por ello abundan las deserciones.
Los expertos auguran que el petróleo yemení se agotará en 2017, y la producción actual de 300.000 barriles de crudo al día no puede hacer frente a los gastos de la guerra. Arabia Saudí vio invadido su territorio por milicianos «houthis» el pasado diciembre y desde entonces, además de con ataques aéreos, apoya económicamente al presidente Saleh para acabar con unos rebeldes que justifican su lucha en la defensa de la libertad de credo. Son chiíes frente a la mayoría suní, en Yemen como en Arabia Saudí.
El carácter chií de la milicia, a la que sus integrantes comparan con el Hizbolá libanés, ha hecho que se acuse a Irán de prestarle apoyo militar. Su objetivo sería consolidar un estado chií en la Península Arábiga. Estas acusaciones no han sido probadas hasta el momento. Es una «guerra ciega», ya que las autoridades mantienen bloqueada la zona y resulta imposible saber lo que ocurre en una parte del país en la que desde agosto ha habido 50.000 desplazados, según Naciones Unidas.
Tras el atentado frustrado del joven nigeriano Abdulmutalab -contra el avión de Detroit-, que recibió formación yihadista en Yemen, Washington ha reforzado su apoyo económico al Gobierno yemení para financiar la guerra contra Al Qaida. Ha prometido 140 millones de dólares.
El gran olvidado es el sur de Yemen. Dos provincias que hasta la unificación, en 1990, formaban la República Democrática Popular y que, pese a que allí se encuentran las grandes riquezas del país, protestan por el olvido que sufren del Gobierno de Saná. Los políticos moderados del sur piden inversiones y la incorporación de sus hombres al Ejército, pero el sector más radical, liderado por Tariq al-Fadhli, veterano de la yihad afgana, quiere la secesión.
Como señala a ABC un diplomático occidental, «la duda está en saber si el Gobierno destinará las ayudas a combatir a Al Qaida o a resolver sus problemas internos». El tiempo dará la respuesta.
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