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El dinero tiene miedo

FEDERICO MARÍN BELLÓNMADRID. Las primeras imágenes de «La zona» valen por varios largometrajes. La cámara se pasea por un barrio residencial que recuerda al Wisteria Lane de «Mujeres desesperadas», en

Actualizado 09/11/2007 - 02:55:25
FEDERICO MARÍN BELLÓN
MADRID. Las primeras imágenes de «La zona» valen por varios largometrajes. La cámara se pasea por un barrio residencial que recuerda al Wisteria Lane de «Mujeres desesperadas», en versión hispana. El ojo casi omnisciente del espectador se eleva por encima del perímetro amurallado y se precipita al abismo de las chabolas, que crecen como hongos hasta el mismo pie del fortín. El contraste no puede ser más elocuente.
Cuenta Rodrigo Pla que su primera idea fue rodar una película futurista, hasta que se sintió «impactado por la realidad», más que suficiente para inspirar este drama contundente sobre la vida en el interior de uno de esos barrios fortificados en los que la gente adinerada se protege del avance del tercer mundo y de la ineficacia y corrupción policiales.
El director novel -su segundo corto, «El ojo en la nuca», atrajo todas las miradas y varios premios- podría haber emulado a Orwell a la hora de titular y llamado a su película «2070», al igual que el escritor británico decidió alterar el orden de las dos últimas cifras de «1984» para que el relato de su época no pareciera demasiado pesimista.
En «La zona», una brecha se abre por casualidad en la muralla y tres ladrones adolescentes se cuelan en esta parodia de paraíso, un universo al margen de la ley y del hambre con sus propias medidas de seguridad e incluso con una especie de gobierno autóctono que apenas debe rendir cuentas al de verdad, que tampoco aporta demasiadas garantías. El resultado de la incursión de los pequeños criminales debe descubrirlo el espectador, al que de momento le bastará con saber que uno de los chavales queda atrapado intramuros, donde comienza una auténtica cacería y las caretas de los residentes empiezan a caerse por los suelos, en algunos casos con estrépito.
Pla explica que en México y en otros lugares del mundo muchas urbanizaciones tienen firmados acuerdos con la Policía sobre distintos asuntos de seguridad. En efecto, «La zona» es una ficción inspirada en un cuento de Laura Santullo, quien escribió el guión junto al director, pero sus personajes viven entre nosotros. Es más, somos nosotros enfrentados a los que quieren compartir la tarta, parapetados por unos muros que nunca serán suficientemente altos, por lo menos mientras los de fuera se reproduzcan como conejos y sigan empeñados en comer.
Por eso es de agradecer que Rodrigo Pla no hable de buenos y malos, que prescinda de la ofensa que supone siempre cualquier imposición ideológica y trate de mostrar «todos los puntos de vista». El ladrón, la policía, el servicio privado de seguridad, el abuelo armado, los cabecillas de la comunidad, los adolescentes excitados por la caza, el chaval que se reconoce en los ojos del enemigo, las madres a ambos lados de la barrera... Todos tienen sus razones y a todos es fácil comprender, independientemente de lo lejos que se sienta el espectador de cada uno de ellos. Al mismo tiempo, ninguno es inocente. Si la frase «el hombre es un lobo para el hombre» no fuera una difamación y una calumnia para las pobres bestias (como recuerda Coetzee, «el lobo no es un depredador de otros lobos»), sería pertinente sacarla a colación. Pero Pla no denuncia, expone e inventa unas situaciones del todo verosímiles.
Corrupción policial
Con sus motivos y todo, quien resulta peor parada, más mordida, es la policía mexicana. El cineasta confesó en la rueda de prensa que celebró el miércoles en Madrid que a él mismo le dan miedo las fuerzas del orden de su país. «No funcionan -dice-, nadie acaba en la cárcel y, cuanto más poderoso se es, menos».
Pla aclaró que la cinta narra la realidad en México, aunque las mismas situaciones se dan en otras partes del mundo «ante la cada vez mayor indiferencia entre clases sociales». El trasfondo, por tanto, es necesariamente pesimista, si bien entre líneas puede atisbarse «un mensaje de optimismo y esperanza». «Para que las cosas cambien hay que hablar de lo que no funciona», se justificó el director, quien insistió en que en su país, donde «La zona» se estrenará en febrero de 2008, se vive «en un contexto de impunidad y corrupción muy grandes».
Ya se verá cómo es recibida allí la cinta, que ha sido acogida con entusiasmo en varios festivales, incluida la Seminci de Valladolid, donde se presentó fuera de concurso. En la Mostra de Venecia recibió el premio a la mejor ópera prima y a la mejor película iberoamericana, y en el Festival de Toronto ganó el Fipresti, concedido por la crítica internacional. Atenas reconoció su guión.
Reparto con sabor español
Su papel no es el más importante (ninguno lo es, en realidad), pero en el elenco de «La zona» destaca la presencia de Maribel Verdú, un rostro indispensable del cine español y un mito en México, donde se la recuerda sobre todo por «Y tu mamá también» y «El laberinto del fauno». La actriz da vida a la madre del chaval protagonista, el joven actor Daniel Tovar. Ambos son el rostro amable y humano de los habitantes del fortín.
Las aristas de «La zona», producción de Morena Films y Buenaventura Producciones en la que también ha participado Telecinco Cinema. vienen de la mano de Daniel Giménez Cacho, marido de Verdú en la ficción, y de Carlos Bardem, empeñados en que la Policía tenga la menor jurisdicción posible dentro del territorio amurallado, que por otro lado ha perdido su privacidad.
El español declaró que el filme habla «del miedo al otro» y confirmó que el público puede entender a todos los personajes. «Todos tienen una justificación», afirmó. Maribel Verdú destacó el hecho de que con la caída del muro de Berlín «todos nos alegramos y resulta que ahora se construyen más».
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