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Manuel de Falla y Cádiz

Actualizado 09/11/2001 - 02:03:08
De un tiempo a esta parte somos muy sensibles a las conmemoraciones basadas en la sugestión de las cifras redondas. Si algo muy importante ocurrió hace ochenta y tres años, recordarlo queda artificioso y, desde luego «poco periodístico», pero si recordamos algo en la fecha de su centenario, sea lo que sea ese algo, parecemos oportunos y justicieros. En esa línea, de los artistas importantes -de aquellos para los que no se necesita excusa ninguna- ya es normal celebrar cualquier fracción de siglo: de 25 en 25 años, referidos tanto a la fecha de nacimiento como a la de muerte.
Don Manuel de Falla nació el 23 de noviembre de 1876, esto es, dentro de unos días se cumplirá el 125º aniversario de su venida al mundo, ocasión que aprovecha la Diputación de Cádiz para presentar lo que en cualquier momento hubiera sido acaso no tan «noticiable», pero igualmente bienvenido por los filarmónicos de cualquier parte y por todos los gaditanos, sean filarmónicos o no, a saber, una excelente exposición que, con el título de «Manuel de Falla: Imágenes de su tiempo», muestra un buen número de partituras, documentos, objetos, fotografías, carteles, pinturas... tendentes a evocar la honda personalidad de aquel hombre pequeño, de cuerpo débil, que a la vez era un grandísimo compositor, una personalidad vigorosa y un espíritu tenaz y enérgico como pocos.
La muestra se basa en materiales del Archivo Manuel de Falla de Granada, incluso en la exposición itinerante promovida por este centro, pero ha sido matizada y ampliada con la plausible tendencia a reforzar la condición de gaditano de aquel artista universal, tendencia en la que ha trabajado mucho y bien el poeta, radiofonista y musicógrafo gaditano José Ramón Ripoll.
Lejos de tratarse de una reivindicación «localista», la asimilación de Falla y Cádiz, de Cádiz y Falla, es algo culturalmente real y profundo, pues Falla no solamente nació en Cádiz, sino que en Cádiz conoció la música, en Cádiz la descubrió, empezó a gozarla (en los salones de los Viniegra) y comenzó a practicarla como compositor... y a Cádiz,a su inmenso mar, volvió Manuel de Falla soñando aquella «Atlántida» en la que dejó sus últimas energías y no poco de su más elevada inspiración, de su espiritualidad más conmovida.
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