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Descafeinado «Ernani», en el Teatro Campoamor de Oviedo

Actualizado 09/11/2001 - 02:03:08
«Ernani». Verdi. Int.: P. Giuliacci, C. Persson, A. Papi, M. Crider, A. L.Espinosa, P. González, M. Moncloa. O. S. del Principado de Asturias. Coro de la Ópera de Oviedo, Ballet Karel. Dir. musical: G.Carella. Dir. de escena: C. Bacchi. T. Campoamor. Oviedo. 7 de noviembre.
Con las cancelaciones, ya comenzados los ensayos, de Carlos Álvarez y Kaludi Kaludov, el «Ernani» que celebraba el centenario de Verdi en el Campoamor ya se preveía problemático. Los peores augurios se vieron confirmados con creces, en diversos ámbitos: en la dirección de escena, despropósito delirante que cosechó un rotundo pateo, y en varios de los miembros del irregular reparto abroncados con ardor por el público asturiano. De la quema únicamente salieron indemnes el director musical Giuliano Carella, la soprano Michèle Crider y el bajo Andrea Papi.
La complejidad de un título de las características de «Ernani» llevó a los cantantes a abordar la obra forzando constantemente. En este sentido, unos intérpretes se vieron más perjudicados que otros. Fue el caso del tenor Piero Giuliacci, con una voz de notable valía, sin resolver técnicamente, y mermada, tanto por el descontrol en la emisión como por la imprecisa afinación que lastró su intervención de principio a fin. Con semejante planteamiento se movió el barítono Carry Persson, ineficaz, calante y dotado de una técnica pedestre. Salvó Michèle Crider su Elvira a base de pundonor, aunque no sea este rol el adecuado para una voz opulenta a la que le falta agilidad en los pasajes más comprometidos. El Silva de Andrea Papi convenció por su potencia y capacidad expresiva, siendo vocalmente lo más interesante de la velada. También el Coro de la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera levantó vuelo, en la nueva etapa que ahora comienza, mientras que la Sinfónica del Principado volvió a convencer con un trabajo fastuoso, comandado por un Giuliano Carella en estado de gracia, responsable de salvar la velada de un fracaso estrepitoso. Gracias a su versión, tensionada y de fuerza apabullante, se pudo escuchar un Verdi de altísima calidad.
El desbarajuste llegó de mano de la coproducción del Campoamor con los teatros de Ravenna y Livorno. Concebida en su integridad por Cristiano Bacchi, busca un historicismo que se queda en retrato cutre del siglo XVI español. Es un despropósito su rancia visión que emplea una escenografía pobre, fatalmente iluminada. Un descalabro.
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