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Chávez De «catcher» a megalómano

De niño, en su Sabaneta natal, Hugo Chávez Frías soñaba con ser «catcher» (receptor) en las grandes ligas del béisbol estadounidense. Hoy, con 53 años, el autócrata venezolano se ha convertido en

Actualizado 09/09/2007 - 08:59:07
De niño, en su Sabaneta natal, Hugo Chávez Frías soñaba con ser «catcher» (receptor) en las grandes ligas del béisbol estadounidense. Hoy, con 53 años, el autócrata venezolano se ha convertido en bateador del «Imperio del Mal» (así lo ve Bush) y en «pitcher» (lanzador) para Iberoamérica de ese «socialismo del siglo XXI» que nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste. Su intención es no retirarse del diamante, el campo de juego, hasta 2020. Como muy pronto.
«En Sabaneta estudiaba y jugaba pelota, ésa era mi vida, y las dos cosas las hacía bien. Vivíamos pobremente, andábamos en alpargatas y vendíamos topochos (fruto parecido al plátano)... Yo quería ser como "El Látigo" Chávez (jugador del Magallanes, muerto en accidente aéreo); cuando vine a Caracas y entré en la Academia Militar, en mi primera salida de cadete fui al cementerio, busqué su tumba y le prendí una vela...», le relataba a Eleazar Díaz Rangel en una entrevista recogida en el libro «Todo Chávez».
Durante su formación militar, tres hechos marcan su pensamiento político y disposición castrense: el golpe de Pinochet, la revolución nacional del general Velasco Alvarado en Perú y su encuentro con el general y presidente panameño Omar Torrijos. Después, otras lecturas le llevarían hasta los guerrilleros Pedro Pérez Delgado «Maisanta» y Douglas Bravo, a los héroes nacionales Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora; al politólogo antisemita Norberto Ceresole -quien acuñó el concepto «Caudillo, Ejército, Pueblo»-, a Fidel Castro, a Jesús de Nazaret...
En 1976, ya teniente, forma junto a dos sargentos y tres soldados su primer «grupo insurgente»: el Ejército de Liberación del Pueblo. Mera anécdota que serviría de origen al Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, al juramento bajo el Samán de Güere (donde cuentan que descansó Bolívar antes de la batalla de Carabobo), a las asonadas frustradas, al fracaso del golpe de febrero de 1992 y su réplica de noviembre, al ingreso en prisión, a la formación del Movimiento V República, al triunfo electoral ante Henrique Salas Römer (que hizo campaña a lomos de su caballo «Frijolito») y la «miss» Irene Sáez, facilitado por la ineptitud de los dos grandes partidos políticos tradicionales, AD y COPEI...
Ya con sus reales en el Palacio de Miraflores, siempre a la sombra de un retrato del Libertador, Chávez comenzará a convocar y ganar referendos y elecciones una detrás de otra. Primero, el referéndum para la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Después, en la elección de diputados para dicha Asamblea Nacional. Más tarde, con la aprobación del nuevo texto constitucional. Luego, en las presidenciales y legislativas de 2000...
Años convulsos
Bien asentado en el poder, comienza a desmarcarse de sus patrocinadores (empresarios, sindicatos, políticos y medios de comunicación) y hace que el Congreso apruebe un Decreto Habilitante que le da poderes especiales para aprobar un conjunto de 49 leyes, que incluyen una reforma agraria y una nueva ley de hidrocarburos. La patronal (Fedecámaras) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela se le echan encima. Comienzan los paros y huelgas. El presidente destituye a toque de silbato a los gerentes de la empresa petrolera estatal PDVSA...
11 de abril de 2002. Una multitudinaria manifestación que debía dirigirse a la sede de PDVSA, en apoyo de los trabajadores despedidos, es desviada hacia la sede presidencial. Decenas de chavistas esperan en los alrededores. Durante los oscuros sucesos de Puente Llaguno mueren 19 personas. El Ejército interviene y fuerza la renuncia de Chávez. Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, es nombrado presidente provisional y, en un acto demencial, deroga todos los poderes del Estado. Las Fuerzas Armadas vuelven a actuar y restauran a Chávez en Miraflores.
En diciembre, un paro sindical, un «lock out» empresarial y una huelga petrolera acompañada de sabotajes internos ponen de nuevo a Chávez al borde del precipicio. Tras dos meses de incertidumbre, el Gobierno recupera el control de la primera empresa del país. Desde 2003, Chávez se radicaliza en su antiamericanismo y en su revolución socialista, cuya exportación fomenta a base de petrodólares. Supera el referéndum derogatorio de 2004. Vence en las elecciones regionales de ese mismo año. Arrasa en las legislativas de 2005 (a las que no se presenta la oposición). Vuelve a ganar en las presidenciales de 2006. Cierra cadenas de televisión, expropia latifundios...
Hoy, con todo el poder en sus manos, se prepara para perpetuarse en él. Pero, quizá nunca le haya abandonado el sueño de ser una gran figura de las grandes ligas. Ahora, que ni siquiera puede jugar una pachanga, tal vez aún se vea en sus sueños sin la boina roja en la cabeza, sino con una careta de «catcher» cubriéndole el rostro, sonriente...

LA CORRUPCIÓN CONSENTIDA
El entonces ministro de Educación de Chávez, Aristóbulo Istúriz, de origen cubano y castrista, aparentaba convicción cuando nos espetó a un grupo de periodistas, hace un año en Caracas: «No tengan ustedes duda. Venezuela va camino de un régimen de orientación comunista».
No será por no insistir. Pese a que el propio Castro siempre ha alertado a Chávez del artificio de implantar en Venezuela con petrobolívares lo que su revolución originó en la isla «de forma natural», el mandamás venezolano no ha parado de avisar. Con el fantasma del enemigo externo -el imperio- y con «robinhoodismo» interno -dinero de los ricos para los pobres, a fondo perdido-, Chávez pretende alcanzar la última estación: la dictadura. Nunca lo ha ocultado, y menos desde que «su» Parlamento monocolor (por renuncia errática de la oposición, sí) le otorgara plenos poderes. Y ahora toca la Constitución, el vestido legal para embutirse el totalitarismo.
Lo dice -lo grita-, en estas páginas, su arrepentido mentor político y padre de la actual carta magna, Luis Miquilena.
La alarma no suena sólo por la deriva de un régimen cada vez menos libre y más corrupto. Chávez mantiene su imagen limpia con la táctica de cambiar de ministros como de casaca, pero no puede ocultar tan fácil el creciente abuso en todos los rincones del país. La alarma ensordece cuando se escucha o se lee defender el régimen y diluir el abismo que hay entre el socialismo de Chávez-Evo y el de Lula-Bachelet, por simplificar. Un miembro del PSOE me decía hace poco que la teoría de los dos modelos de socialismo («Las dos izquierdas», de obligada lectura), desarrollada por el ex guerrillero comunista venezolano Teodoro Pettkoff, es desconocer la realidad iberoamericana. Es mejor acomplejarse y taparse los ojos.
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