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¿Por qué emigra Senegal?

TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIALDidier Awadi, el padre del rap senegalés, se está llevando de calle a la audiencia con su último éxito: «Sunugaal», que no es más que «Nuestra piragua» en

Actualizado 09/09/2006 - 07:35:41
TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL
Didier Awadi, el padre del rap senegalés, se está llevando de calle a la audiencia con su último éxito: «Sunugaal», que no es más que «Nuestra piragua» en lengua wolof, extendida entre el ochenta por ciento de la población. El propio cantante la ha colgado en Internet con fotos de sus compatriotas llegando a Canarias. Las visitas a la web se multiplican, sobre todo entre aquellos que quieren escuchar las críticas que se vierten contra el poder a cinco meses de las elecciones.
Lo primero que se encuentra el visitante que llega a Senegal, entre carteles-promesa que huelen a urna, es la capital, Dakar, hecha unos zorros. El mejor termómetro para medir la temperatura del cabreo de la población es el permanente embotellamiento de las calles de la ciudad.
Pero si uno rasca un poco más a fondo entre la ciudadanía, verá que, además del caos circulatorio, los problemas, como el desempleo juvenil o el independentismo de Casamance, siguen siendo básicamente los mismos que cuando el presidente Abdoulaye Wade dejó de ser el eterno opositor en el año 2000.
Por un lado, los jóvenes siguen sin ver el final del túnel del paro y se echan a la calle por miles a vender hasta lo más inverosímil. Desde lo más curioso o inútil hasta lo más imprescindible. Dakar es recibida como un espacio a medio camino entre El Corte Inglés y un mercadillo donde los comerciantes te atienden -o asaltan- sin que te tengas que bajar del coche.
«Wade dijo en el año 2000: el que no tenga trabajo que levante la mano, y siete años después siguen con la mano levantada. Esto lo va a pagar caro en las próximas elecciones», en febrero, explica el sociólogo de la Universidad de Dakar Malik Ndiaye.
Por otro lado, los independentistas de la región sureña de Casamance siguen haciendo de las suyas. Esta misma semana ha saltado por los aires un convoy de la Cruz Roja que pisó una mina, con el resultado de una funcionaria muerta. El litoral de esta zona de Senegal se ha convertido en el principal escenario desde el que zarpan las piraguas pero, según las fuentes consultadas por ABC, no puede relacionarse el flujo de miles de refugiados hacia la frontera de Gambia a causa del conflicto independentista con el fenómeno de la emigración clandestina.
A pesar de todo, la mayoría de los más de 20.000 subsaharianos que han llegado al archipiélago español en lo que va de año son senegaleses. Incluso cuando en el mes de marzo las playas mauritanas de Nuadibú eran el punto más caliente de la costa africana en la salida de piraguas, la senegalesa era la nacionalidad predominante en los pasajes. Ahora que es su propio país el principal emisor de las barcazas de la fortuna, las cifras se han disparado.
Ndiaye explica el fenómeno. Primero, porque los senegaleses «saben que Europa reclama mano de obra extranjera». Segundo, porque la regularización de varios cientos de miles de inmigrantes en España «ha sido interpretada como una llamada semioficial».
La moda del cayuco es, sin embargo, mucho más reciente. ¿Por qué entonces este aumento del flujo de embarcaciones en 2006? Aquí es donde el profesor Ndiaye se refiere a un tercer factor determinante, la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla de hace un año, que supuso el aumento de las medidas de seguridad por las vías migratorias del norte.
«En Senegal ha habido una conjunción entre la crisis de la pesca artesanal», que ha liberado a muchos capitanes de cayuco de su trabajo, y «grupos de jóvenes que tenían el dinero para ir a España» pero que estaban sufriendo el bloqueo en las rutas habituales como las que van a dar a las dos ciudades autónomas españolas. Los candidatos a emigrar «han encontrado en esos capitanes el instrumento que buscaban», añade el sociólogo.
La emigración clandestina «es una oportunidad para los Estados». «Es el embrión de un nuevo mercado» del que a la vez «se alegran» las autoridades «porque desciende la presión en el mercado laboral». Ante el gran número de muertes el Estado está cerrando los ojos, explica con su gesto Ndiaye, «la gente prefiere morir en el océano antes que someterse a la miseria. Dicen que aquí ya están muertos y yéndose, al menos, les queda la posibilidad de sobrevivir».
Es lo que en lengua wolof se denomina «jom», para referirse a la combatividad, el honor y la dignidad que el pueblo se resiste a perder. El «jom» lleva a muchos senegaleses a emprender viajes casi interminables e intentar una y otra vez llegar a España a pesar de las dificultades.
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