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Guerra valenciana contra el catalán

Actualizado 09/09/2001 - 00:35:35
Desconozco la meta política que se tiene trazada Eduardo Zaplana; pero, siendo cual fuere, parece que recorre el camino con demasiada precipitación, con escaso tiempo para los detalles y sin la debida y serena reflexión que hace grandes a los pequeños y, llegado el caso, inmensos a los grandes. De ahí que tienda a equivocarse de amigos y enemigos y desluzca con sus métodos la bondad de los fines que marca su liderazgo en la muy próspera Comunidad Valenciana. Tenemos un significativo botón de muestra de ese apresurado desaliño en la modificación del decreto que regula el temario de la Lengua y Literatura valencianas en la ESO y el bachillerato. En un alarde de localismo, tan corto de vuelo como largo de intención, la Generalitat de Valencia le reduce a los alumnos el ámbito de conocimiento y pone por delante el lugar de nacimiento de la excelencia creadora e idiomática. No quiere que la Literatura en lengua valenciana se confunda con la catalana y, con tan fútil objetivo político como inconsistente planteamiento cultural, le pone puertas al campo del conocimiento.
Hace veintitantos años, en un programa de TVE, se me ocurrió hacerle un canto a la grandeza de los idiomas españoles. A propósito de la belleza de la lengua catalana, me centré en la figura de Ausias March, que es un personaje de nuestras letras que siempre me interesó tanto por su vida -mitad poeta, mitad soldado- como por su obra, un alarde de cultura y precisión idiomática extraño en los primeros años del XV. Cayeron sobre mí las iras de un montón de energúmenos -con el desaparecido Fernando Abril, entonces vicepresidente del Gobierno, a la cabeza- que construyeron un búnker en una barraca de la huerta. March, me decían entre improperios, nació en Gandía (?) y es un poeta valenciano: en ningún caso una luz de la poesía catalana. No era, como supuse entonces, un sarampión consecuente con los estrenos autonómicos, una apropiación comprensible por su uso político. Era el síntoma de una enfermedad que, por lo que se ve, sigue viva. Un virus sin vacuna preventiva.
Ahora Zaplana realimenta el virus y, quizás para sacudirse su origen cartagenero, quiere ser más valenciano que la portada del palacio del marqués de Dos Aguas. Su decisión, en el mejor de los casos, incrementará la dosis de conocimiento que la juventud valenciana tenga de Francesc Mullet a cambio de que ignoren la poesía de Jacint Verdaguer. Bueno, los dos cantaban misa; pero, desde una perspectiva meramente cultural, no deja de ser una inmensa sandez. Es como si alguien tratara de fortalecer el sentido de lo español y, para conseguirlo, en el programa de Literatura española podara el nombre de Jorge Luis Borges para hacerle sitio a Javier Marías, que es de más cerca. Ridículo además de innecesario. En mi opinión, siempre vapuleada cuando me arrimo a los toros con resabio autonómico, este tipo de problemas requeriría la intervención arbitral del Gobierno central. La grandeza y riqueza del catalán no es un asunto único para la Generalitat Valenciana. Especialmente cuando el pleito idiomático alcanza también a Cataluña y Baleares. Hablamos de una pieza importante del patrimonio nacional español, de uno de los grandes idiomas propios, y ello no puede ser sometido al oportunismo electorero de ningún Zaplana. Por listo y emergente que sea el de turno.
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