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Francisco Rico: «El Lazarillo está firmada, y bien firmada, por... «Lázaro de Tormes»»

La autoría del Lazarillo es uno de los grandes enigmas de la literatura del Siglo de Oro, un enigma o quizá un acertijo que provoca pasiones entre los filólogos

Actualizado 08/12/2002 - 00:18:26
Francisco Rico. ABC
Francisco Rico. ABC
MADRID. Ayer, ABC publicaba una entrevista con el filólogo José Luis Madrigal, quien afirmaba que Francisco Cervantes de Salazar, un escritor y eclesiástico del Siglo de Oro que emigró a la Nueva España (México), era el mejor candidato a ser el autor del libro «anónimo» más ilustre de toda la picaresca española, el Lazarillo. Por su parte, el académico, filólogo y catedrático Francisco Rico, uno de los mayores especialistas en la materia, no comparte su otimismo.
-¿Qué opina de la hipótesis de Madrigal?
-Está equivocada, pero no es ninguna tontería. No se trata del típico chiflado que afirma que el Quijote lo escribió El Greco. Francisco Cervantes de Salazar sin duda comparte algunos rasgos con los que hubo de tener el autor del Lazarillo. Pero ahí se acaba todo. También una estudiosa muy inteligente y muy fina, Rosa Navarro, acaba de publicar un libro en el que, junto a perspicaces observaciones, atribuye la novela a Alfonso de Valdés. Pero los contactos propios de escritores de fechas, mentalidades o temáticas cercanas no pueden confundirse con pruebas, ni siquiera indicios de autoría.
-¿Cómo valora entonces los argumentos de Madrigal?
-De hecho, los elementos que alega indican que Salazar no es, en absoluto, el autor tan buscado. Por ejemplo, la cita de Cicerón que Madrigal aduce se repitió en el Renacimiento centenares de
veces, y, supuesto ello, lo que llama la atención es la diferencia de las formulaciones: en Salazar, «Dijo Cicerón: la
honra sustenta las artes»; en el Lazarillo, «Dice Tulio: la honra cría las artes». En 1573, López de Velasco intercambia un par de cartas con Salazar, pero ni el tono ni los temas apuntan ni
remotamente nada que tenga que ver con el Lazarillo, ¡y eso en el momento en que aquél está publicando una edición (expurgada y a veces reescrita) de la novela!
-El método de Madrigal, pues, no le parece aceptable.
-Los paralelos de tema o lenguaje tendrían que ser muchísimo más ceñidos para empezar a tenerlos en cuenta y, por otra parte, salvar los decisivos impedimentos de fechas y circunstancias. Por otro lado, hay que andarse con ojo. Cuando en la forma latina del
apellido «Salazarus» ve el nombre del protagonista, Madrigal está entrando en el terreno propio de las atribuciones descabelladas, que suelen partir de anagramas. Como cuando Aldo Ruffinatto lee «Covos» y «Peres» en uno de los epígrafes que en la imprenta pusieron al Lazarillo («Cuenta LázarO su Vida y cuyO hijo fue. PueS sEpa V. MeRced antE todaS cosas...») y se complace en ver travestidos en la novela a todos los ministros de Carlos V...
-¿Por qué el autor no revela su nombre?
-No podía hacerlo, porque el libro no se presenta como una ficción, sino como una historia real. Yo suelo insistir en que el Lazarillo no es una obra anónima, sino apócrifa: va firmada y bien firmada, concretamente por «Lázaro de Tormes». Que nos lo creamos o no es otra cuestión. En todo caso, si no se advierte que el autor real no podía identificarse en la portada, tampoco podrá entenderse la revolucionaria significación del Lazarillo en la historia de la literatura europea.
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