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Valencia, cuna renacentista del ajedrez

Un trabajo de investigación, recopilado en un grueso volumen por el experto José Antonio Garzón, demuestra cómo las reglas del ajedrez moderno, que supusieron la introducción de la Dama o la Reina en el tablero, se deben a la normativa editada a finales del siglo XV por un castellonense nacido en Segorbe llamado Francesc Vicent

Actualizado 08/11/2005 - 03:22:01

TEXTO: MARTA MOREIRA

VALENCIA. El ajedrez, tanto en su definición como en su genealogía, ha sido siempre un jugoso reto para los investigadores especializados, motivados por una labor envuelta en intrigantes conjeturas y apropiaciones contradictorias. Numerosos interrogantes que dejan abierta la historia de un juego de estrategia que también puede pasar por una forma de entender la vida y la guerra.

Un riguroso trabajo de investigación, llevado a cabo por el experto José Antonio Garzón durante quince años y presentado ayer en Valencia, pone de relieve este carácter novelesco y fascinante del juego al atribuir el origen del ajedrez moderno (el que se conoce hoy en todo el mundo) a un tratado escrito en mayo de 1495 por el segorbino Francesc Vicent.

El ex campeón del mundo de ajedrez Anatoli Karpov ha respaldado el trabajo de investigación en el prólogo del libro, donde alude a la seriedad de los descubrimientos de Garzón, «con los que se pone fin a cinco siglos de espera y conjeturas con hallazgos cuya verdad es cegadora». Karpov, que viajó a Valencia para asistir a la presentación del libro, se mostró maravillado de que «después de 500 años se sigan encontrando detalles relevantes sobre este juego».

Así pues, según acredita Garzón en «El regreso de Francesc Vicent. La historia del nacimiento y la expansión del ajedrez moderno», las reglas que dinamizaron el ancestral juego de escaques fueron editadas por primera vez en el «Llibre dels Jochs Partitis dels Scachs». Un reglamento cuya principal aportación fue la introducción de la reina, que a su vez estaba inspirado en el poema «Scachs d´amor», editado en 1475 por Vinyoles, Fenollar y Castellví. El esplendor renacentista e intelectual que vivía en esos tiempos la ciudad de Valencia fue pues el contexto en el que se cocinó la revolución de un juego por entonces encallado en un punto de no retorno tras nueve siglos siguiendo a pies juntillas su original normativa árabe creada en el siglo VI de nuestra era. Hasta que llegó la reforma de Vicent, el ajedrez era un juego muy lento que carecía de la figura de la Reina. En su lugar, según José Antonio Garzón, existía una especie de guerrero que se denominaba «alferza» y que tenía un escaso valor en el tablero.

La aparición de la Dama o Reina llevó al juego a una nueva fase mucho más dinámica, al conferir mucho poder a la pieza femenina, que podía moverse sin limitación por todo el tablero. Esta innovación fue rápidamente importada por Italia y Francia, y de ahí expandida al resto del mundo. Quinientos años de práctica estable después, ésta continúa siendo la innovación más «hermosa e imperecedera» en la historiografía ajedrecística.

Las indagaciones recopiladas en este volumen, publicado por la Generalitat Valenciana a través de la Fundación Jaime II El Justo, determinan además que el incunable de Francesc Vicent es el origen de otros textos hasta ahora atribuidos a otros autores, como el llamado Manuscrito de Lucena (que ha resultado ser una traducción al castellano del original en valenciano) o el Libro de Damiano, firmado con seudónimo para esconder la identidad de Francesc Vicent, que tuvo que huir a Italia para escapar de la Inquisición por su condición de judío. Una de las evidencias de la autoría del segorbino es la instauración de algunos términos valencianos en el lenguaje ajedrecístico, como «pasar batalla», expresión que procedería del «sens batalla» incluido en el poema de Scachs.

El cuidado volumen de 500 páginas, ilustrado con abundantes imágenes y la reproducción de documentos y manuscritos originales, descubre además la relación de Francesc Vicent con la Familia de los Borgia y otras curiosidades, como que en algunos lugares como Suramérica sólo se conocen las normas valencianas, que fueron las que les enseñaron sus conquistadores.
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