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Lali Puna

Actualizado 08/11/2001 - 00:07:40
Una de las cuestiones que los 90 no dejaron zanjadas fue cómo transportar a la canción pop la excitación generada por la música de baile electrónica. Finalmente, la gente disfruta con las melodías y limitar el horizonte musical de una época a ritmos sincopados no parece sensato. De hecho, la actual desolación de las listas de éxitos es sólo una muestra de ese vacío inmenso, ocupado por una absurda sucesión de grupos o cantantes dirigidos a la infancia menos crítica.
A lo largo de los 90, hubo intentos de superar esa barrera, de ocupar ese campo propio del pop que tiene que ver con la inteligencia y la creatividad. Pero aunque sus éxitos indicaran el hambre del público, tanto The KLF como The Shamen o Underworld eran más techno que pop. Otra vía fue introducir la melodía casi a escondidas, como vienen haciendo diferentes estilos de house y hip-hop.
En ese indefinible redefinir del pop, los intentos más interesantes tal vez fueran los de St. Etienne, un poco absurdamente encasillados como Easy Listening y Stereolab, curiosamente etiquetados como intelectuales. Pero la gente verdaderamente imaginativa se fija en ellos y su mirada hacia el techno pop de los 80 va más allá de un «remake» artificioso.
Un ejemplo entretenido es Lali Puna. El grupo nació en Munich como un proyecto personal de Valerie Trebeljahr, que acababa de disolver su grupo L. B. Page (sólo mujeres). La experiencia le sirvió para pedir ayuda exclusivamente a hombres (Markus Acher, Florian Zimmer, Christoph Brandner), provenientes de la ya bastante considerable escena post-rock alemana. Valerie y su grupo resultan adecuados porque en la esencia de esta historia está la transculturización. Trebeljahr tiene alguna ascendencia asiática, ha sido educada en Portugal, canta en portugués y en inglés y los ritmos constituyen un recorrido por los más diversos métodos de baile. En sus CD´s «Trirecorder» y «Scary World Theory» (Morr Music), Trebeljahr susurra unas melodías mínimas pero cargadas de intención mientras sus compañeros trazan esos ritmos que a veces recuerdan la brillante compilación de electrónica «orgánica» «It´s all Becoming...» (Clear, 1996) y otros apuntes melódicos realizados con una ausencia total de drama pero creando un humor bien definido en cada pieza. En buena ley, cosas como ésta son las que debieran figurar en las listas de éxito. No es música para adultos desganados, sino una posible banda sonora en la vida de gente entre dieciséis y ventialgunos años. Que no lo sea plenamente es otra pequeña vergüenza de nuestro tiempo.
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