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«Gordo», de Jesús Ruiz Mantilla, novela premiada con el Sent Soví

En la velada literaria se concedió también el premio Arzak y se homenajeó a Rudolf Grewe en la ya tradicional fiesta celebrada en las cavas de Casa Freixenet

Actualizado 08/10/2005 - 02:53:11

JUAN PEDRO YÁNIZ

BARCELONA. El VIII Premio de Literatura Gastronómica Sent Soví, que otorgan de forma conjunta la Universidad de Barcelona, Bodegas Freixenet y RBA Libros, fue adjudicado a última hora de la noche de ayer a la novela «Gordo», que fue presentada por Jesús Ruiz Matilla, bajo el seudónimo Rugama y con el título «Pantagruel». El jurado del premio Juan Maria Arzak, de artículos de gastronomía otorgó el correspondiente a 2005 a «La cultura del origen de la gastronomía», escrito por Juan Carlos Martín.

Un trasfondo de ironía y ayunos

El ganador del Sent Sovi 2005 es un periodista nacido en Santander en 1965 y sacó materiales para su novela de la estancia en un balneario en el que fue sometido a una rigurosa cura de adelgazamiento. De ello nace el fondo irónico al que se refirió al recibir el galardón concedido por el jurado.

No sabemos si se referirá al famoso balneario de Caldas de Besaya, donde por azares del destino fue a morir el constructor del Ensanche barcelones, Ildefonso Cerdá. De amplio abanico profesional, Ruiz Mantilla no es primerizo en el campo de la literatura de creación. Entre sus trabajos cabe destacar: «Dalí, maestro de sueños», guión que escribió en colaboración con Felipe Mellizo. En 1997 escribió la novela «Los ojos no ven», a la que siguió «Preludio», tiene también narraciones cortas.

El personaje de la historia premiada se llama Monchón (superlativo de Ramón y especie de homenaje a la afición muy montañesa a los motes y apodos». Se trata de un rebelde que con sus 130 kilos a cuestas tiene que ejercer de crítico gastronómico, algo así como el suplicio de Tántalo moderno. Se enfada muchas veces consigo mismo, querría desaparecer pero no puede. Tiene una visión deformada de la vida, que mira a través del prisma de su físico, conserva los resquicios de los traumas de la infancia, cuando era el hazmerreir de la panda de mozucos y rapazuelos del lugar, por su aspecto desgalichado. Ha llegado a la edad crítica en la que cree que sigue siendo joven pero es presa de complejos y temores.

LLega a sentirse protagonista de una historia con ribetes de comedia de enredo, especie de fábula contemporánea, en la que se mezclan su obsesión por el placer de una forma muy personal y confusa, para acabar en una gran insatisfación.
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