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Un ejemplo de hombre bueno

El pasado día 28 de junio falleció en Plasencia Zacarías Valeriano Gómez Álvarez. Había nacido en la hermosa localidad cacereña de Garganta la Olla en 1917. Allí vivió su infancia y muy pronto, con el

Actualizado 08/07/2009 - 02:59:13
El pasado día 28 de junio falleció en Plasencia Zacarías Valeriano Gómez Álvarez. Había nacido en la hermosa localidad cacereña de Garganta la Olla en 1917. Allí vivió su infancia y muy pronto, con el estallido de la Guerra Civil, de allí salió camino de muchas partes. Un tío suyo, médico, le rescató de un camión que le llevaba a una muerte segura y, tras numerosas vicisitudes sobre las que siempre guardó silencio, con sus convicciones políticas intactas (que no abandonó nunca), el verato llegó a Tánger a principio de los años cuarenta. En esa ciudad del mito y la literatura, con la memoria fresca de su mejor época, la de la Zona Internacional, vivió hasta el año 1963 y en ella se formó y pudo desarrollar su vocación de fotógrafo. En el Estudio España. Allí formó su familia al casarse con Antonia Rojas Gil, una tetuaní de familia malagueña. Y en Tánger nacieron sus dos hijos mayores: Sergio e Irma Yolanda. Cuando la situación política empezó a complicarse, Zacarías emprendió el regreso a España y no encontró un sitio mejor que Plasencia, una ciudad cercana a su pueblo natal. En ella fundó Foto Rex y allí nacieron sus dos hijos menores: Rolando y Helio Rex. El estudio forma parte de la pequeña pero interesante historia de la fotografía placentina y extremeña. Nada fue igual desde que se estableció en la capital del Jerte y los placentinos pudieron disfrutar de sus reportajes de boda o con la novedad de sus fotos de estudio. En el artesanal retoque y en cuantos detalles exigían aquellas viejas técnicas de laboratorio, siempre le acompañó Antoñita, que a media tarde siguió preparando té con hierbabuena como homenaje a la nostalgia por su ciudad perdida: Tánger.
Después de largos años de enfermedad que sobrellevó con el sentido del humor que disfrutaron cuantos le conocimos, con frecuentes visitas al querido molino que compró a finales de los setenta y que levantó con sus manos de las ruinas en una garganta situada entre La Vera y el Valle del Jerte, Rex, como la gente le llamaban, Papá Ía, para sus nietos, ha muerto. No del todo. El ejemplo de los hombres buenos como él seguirán vivos, por pura necesidad, en la memoria de los otros. Más aún en los que tanto le quisimos.
Álvaro VALVERDE
ZACARÍAS VALERIANO GÓMEZ ÁLVAREZ
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