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Más de 300.000 personas veneraron al Cristo de Medinaceli

El Príncipe de Asturias, ovacionado por los fieles, besó los pies de la imagen sagrada durante el tradicional acto del primerviernes de marzo

Actualizado 08/03/2003 - 11:04:41
Don Felipe, ante la imagen de Jesús de Medinaceli. JAVIER PRIETO
Don Felipe, ante la imagen de Jesús de Medinaceli. JAVIER PRIETO
«Pero qué Príncipe más guapo tenemos». Con piropos, aplausos y gritos de «¡Viva!», Su Alteza Real el Príncipe de Asturias fue recibido ayer por los numerosos peregrinos que acudieron a venerar al Cristo de Medinaceli. En total, fueron unas 300.000 personas, venidas de toda España y algunas, incluso, del exterior, las que visitaron el templo desde la medianoche del jueves al viernes y hasta la pasada madrugada. Como todos los primeros viernes de marzo, los peregrinos formaron largas colas desde la víspera con el objetivo de besar los pies de la imagen y de pedirle tres deseos.
Cuando Don Felipe hizo entrada en el templo, a las diez de la mañana, los aplausos y las ovaciones apenas dejaban oír las notas del órgano que interpretaba el himno nacional. A las puertas, salieron a recibirle los padres Domingo Montero, provincial de los franciscanos capuchinos, y Luis Félix Ruiz, superior de la fraternidad. Los fieles que aguardaban en el interior de la Basílica, o mejor dicho las fieles, porque prácticamente todas eran mujeres, se desvivían por alargar sus manos y poder saludar al Príncipe de Asturias, mientras le dirigían piropos y comentarios cariñosos.
Don Felipe no escatimó saludos y fue estrechando su mano a quienes aguardaban a cada lado del pasillo central de la Iglesia. La imagen del Cristo, que habitualmente se encuentra en el piso superior, fue instalada en el centro del templo, ante el altar, para facilitar el acceso de los devotos. Pero, antes de besar los pies del Cristo, el Príncipe de Asturias rezó durante unos instantes en el refectorio. Tras el tradicional besapiés y después de santiguarse, Don Felipe pasó a la Sacristía, donde estuvo saludando y conversando a la fraternidad. Allí, curiosamente, se encontró con un viejo conocido, un religioso que estuvo cuarenta años en El Pardo y que acaba de ser trasladado a la iglesia de Medinaceli. Rodeado en su nuevo destino de edificios, coches y asfalto, este seguidor de San Francisco lamentaba que echaba de menos la Naturaleza, el campo y los animales.
Tras conversar con los hermanos, Don Felipe abandonó el templo, otra vez entre aplausos y ovaciones y estrechando su mano a los fieles. De esta forma, el Príncipe de Asturias cumplió con la tradición, que se remonta a 1682, según la cual un miembro de la Familia Real acude a venerar al Cristo de Medinaceli el primer viernes de marzo. Ésta no ha sido la primera vez que Don Felipe visita al Cristo, pues de pequeño acompañaba a sus padres y hace siete años también acudió en la misma fecha a rezar ante la imagen.
La devoción por Nuestro Padre Jesús Nazareno tiene sus raíces en el verano de 1682, cuando la imagen, rescatada a los moros, llega a Madrid con fama de milagrosa y se organiza la primera procesión a la que asiste el pueblo fiel, la nobleza y la Casa Real. La imagen, tallada en la primera mitad del siglo XII por encargo de los capuchinos, pertenece a la Escuela Sevillana, al taller de Juan de Mesa o a alguno de sus discípulos. Cuando fue trasladada a la plaza fuerte de Mehdía o Mámora (Marruecos) para culto de los soldados españoles, la imagen cayó prisionera de los moros, que la arrastraron por las calles de Mequinez, y fue rescatada por los Trinitarios que la trasladaron a Madrid. A lo largo de la historia, diversas circunstancias han llevado a la imagen a recorrer distintas iglesias de Madrid antes de instalarse definitivamente en la actual Basílica de Jesús de Medinaceli, que fue construida por los hermanos franciscanos capuchinos, después de que el templo anterior fuera tirado en 1927.
Dispositivo especial
Al menos 15 personas fueron atendidas por el Samur, que desplegó un dispositivo especial desde la medianoche de ayer. La mayor parte de las personas atendidas fueron ciudadanos de edad avanzada, uno de las cuales, de 80 años, tuvo que ser trasladado al hospital Gregorio Marañón por sufrir un infarto, según informó a Efe un portavoz de este servicio.
Como en años anteriores, la entrada de los devotos al templo se repartió entre dos accesos: uno para los que sólo deseaban oír misa y rezar, situado en la calle de Cervantes, 40, y otro, el más frecuentado, para besar los pies del Jesús de Medinaceli, en la calle de Jesús, 2. En la treintena de misas que se oficiaron hasta las nueve de  la noche, hubo una plegaria para evitar la guerra en Irak.
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