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Locos de frío

«Soy saharaui. Mi padre ha muerto. Soy saharaui, saharaui. Llevo un mes aquí. Soy saharaui». El joven lanzaba en la madrugada del jueves frases como quien lanza aullidos: con la vista puesta en las

Actualizado 07/12/2008 - 08:43:53
Un grupo de inmigrantes se reúne al calor de una hoguera para intentar mitigar el frío de la noche / MANUEL MIRO
Un grupo de inmigrantes se reúne al calor de una hoguera para intentar mitigar el frío de la noche / MANUEL MIRO
«Soy saharaui. Mi padre ha muerto. Soy saharaui, saharaui. Llevo un mes aquí. Soy saharaui». El joven lanzaba en la madrugada del jueves frases como quien lanza aullidos: con la vista puesta en las alturas. Tenía los ojos extraviados, el andar vacilante y la cabeza perdida. A su lado, un senegalés de 21 años también daba muestras de desequilibrio psicológico. El intenso frío y la desesperanza roen poco a poco la consciencia de centenares de temporeros que, mientras aguardan un tajo para la campaña de aceituna, pernoctan desde hace semanas en la calle, ante el saturado albergue municipal.
«Tú eres de España. No entiendes lo que soy yo ¿has estado en África? ¿No? Entonces no entiendes lo que soy yo», aclaraba un adolescente al periodista. Sí dio muestras en cambio de entender lo que eran los extranjeros -puro bolo alimenticio- el vigilante jurado del albergue municipal, que de un empellón hizo rodar por el suelo a un chico que pretendía entrar en el recinto para escapar de la helada noche. Al verlo tirado decenas de inmigrantes comenzaron a murmurar. El propio joven aplacó la ira de sus compañeros: «No pasa nada. Tranquilos. El me mató, ya lo visteis, pero no quiero líos».
Luego mostró su salvoconducto reglamentario, el papel oficial que acredita que podía dormir esa noche en el albergue municipal. En voz alta lamentó la situación que padece porque, entre otras cosas, acongoja a la mujer de su vida: «He hablado con mi madre esta noche. Ha llorado porque le he dicho que duermo en la calle desde hace muchos días. Mi madre llora, llora mucho. Zapatero bueno. Gracias Zapatero».
Ya sin sorna, los inmigrantes agradecen de veras la solidaridad que les brinda el foro social de Jaén, cuyos dirigentes, además de proporcionarles comida y mantas, se encerraron durante horas en un pabellón polideportivo adyacente al albergue para mostrar su apoyo a quienes han tenido la desgracia de recalar en la capital jiennense en el peor momento posible, durante un otoño caracterizado por la bajada de la temperatura y del empleo.
En tanto llega la campaña de recolección, cada inmigrante soporta un drama. Los que acaban de perder las facultades mentales transitan además por el laberinto de la locura, donde tienen asiento el miedo y la angustia. «Mi padre ha muerto. Soy saharaui, saharaui». Y el senegalés: «Tú sabes que... bueno, bueno, soy de allí». Además, algunos de los que siguen cuerdos están enfermos: «Me siento mal. Este frío me sienta muy mal», dice un africano atacado por la fiebre. Lleva la bufanda tan anudada que sólo se le ven los ojos.
«¿Nos van a dejar en la calle?»
Éste es el panorama que descubre la lluvia cuando llega a la una de la madrugada. A esa hora llega también el segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de Jaén, José Luis Cano (IU). Los inmigrantes se arremolinan ante él. Le piden una cama por caridad. El edil les dice que no se preocupen. Después entra en el recinto, donde mantiene una conversación telefónica con la concejal de Servicios Sociales, Carmen Guerrero, del PSOE. Sale a los diez minutos con el rostro serio. «La concejal dice que bajo presión no entra nadie más en el albergue».«Entonces ¿nos van a dejar en la calle?». «No. Vamos a abrir la sede Izquierda Unida para que podais dormir esta noche».
A las 2 de la madrugada, la silueta de una larga fila de hombres envuelta en la niebla se dirige hacia las instalaciones. Llevan la maleta a rastras y caminan despacio, muy despacio.
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