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«Ni de Flick ni de Flock»

GUILLEM SANS SERVICIO ESPECIALBERLÍN. El multimillonario industrial alemán Friedrich Karl Flick murió ayer en su casa a orillas del lago Wörthersee en Austria, país a donde se retiró en 1994 para no

Actualizado 07/10/2006 - 03:30:06
GUILLEM SANS SERVICIO ESPECIAL
BERLÍN. El multimillonario industrial alemán Friedrich Karl Flick murió ayer en su casa a orillas del lago Wörthersee en Austria, país a donde se retiró en 1994 para no pagar impuestos en Alemania. Desde entonces, el fisco germano vio disminuidos sus ingresos en 51 millones de euros anuales. Los herederos de Flick -su mujer, Ingrid, y sus cuatro hijos- se repartirán una fortuna de 6.100 millones de euros, según la última lista Forbes.
El industrial, de quien se dice que tuvo durante toda su vida un miedo constante a quedarse en la pobreza, a que le expropiaran sus bienes o le secuestraran, se convirtió a principios de los años ochenta en símbolo de la corrupción de los partidos políticos alemanes, a los que «donó» entre 1969 y 1980 un total de 1.300 millones de euros para lo que el gerente de su consorcio, Eberhard von Brauchitsch, llamaba cínicamente «cuidado del paisaje político». Flick había heredado la fortuna de su padre, principal suministrador de armamento de Adolf Hitler.
El caso Flick estalló en 1981 cuando una inspección fiscal descubrió un documento contable que recogía pagos en efectivo a políticos de todos los partidos representados en el Bundestag, incluidos los ministros de Economía Hans Friderichs y Otto Lambsdorff, quienes supuestamente «perdonaron» al consorcio Flick impuestos por valor de unos 450 millones de euros. Von Brauchitsch declaró que no se trataba de sobornos, sino de «donaciones». Lambsdorff, figura histórica de los liberales alemanes, dimitió en 1984. Tres años más tarde fue condenado junto con Friderichs y el gerente por evasión fiscal, tras un largo proceso en el que nadie se acordaba de nada.
El ex líder democristiano Rainer Barzel, fallecido el pasado agosto, dimitió de la presidencia del Bundestag en 1984 cuando en una comisión de investigación del caso surgió la sospecha de que también había recibido dinero de Flick. Con ese pago, maquillado en forma de honorarios de asesoría, Flick había comprado nada menos que la retirada de Barzel de la presidencia del partido y del grupo parlamentario democristiano para dejar vía libre a Helmut Kohl. En su declaración, el futuro canciller, cuyo nombre figuraba asimismo en la relación de pagos, dijo no acordarse de nada. La coalición democristiana-liberal de Kohl intentó amnistiar a los sospechosos, pero el intento fracasó en 1984 por la enorme indignación pública.
También España tuvo su «caso Flick», cuando la prensa alemana destapó en 1984 que la Fundación Friedrich Ebert, próxima a los socialdemócratas, destinó donaciones de Flick al PSOE. Felipe González aseguró que no había recibido un céntimo «ni de Flick ni de Flock», y en la comisión de investigación los implicados se pusieron de acuerdo en admitir que la fundación había destinado a España un millón de marcos, eso sí, un año antes de que se prohibiera a los partidos españoles recibir donaciones extranjeras.
Durante la transición, las fundaciones políticas alemanas apoyaron a prácticamente todos los partidos democráticos españoles y portugueses. Der Spiegel aseguró en 1990 que las primeras donaciones a España no procedían de Flick, sino de un fondo secreto de los servicios secretos alemanes creado durante el Gobierno socialdemócrata-liberal de Helmut Schmidt (1974-1982), con el consentimiento de todos los partidos. Las donaciones a España y Portugal ascendieron entre 1978 y 1981 a unos 3,3 millones de euros, según esa revista.
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