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Vidas cruzadas por la Copa y su fórmula de la muerte súbita

Teixidó, ex del Guadix y Novelda que fulminó al Valencia y al Barça, vende soldaduras; Lotina, símbolo del Numancia, vive en la «Champions»

Actualizado 07/10/2003 - 08:31:40
Teixido, a la izquierda, ha dejado el banquillo; Lotina, a la derecha, vive sus mejores momentos. FOTOS:ABC
Teixido, a la izquierda, ha dejado el banquillo; Lotina, a la derecha, vive sus mejores momentos. FOTOS:ABC
MADRID. Vuelve la Copa del Rey, su fórmula de la muerte súbita, el martirio de los grandes, el torneo-cenicienta del fútbol español. Vuelve el espíritu Numancia, la oportunidad de los débiles, la cacería del gigante. Guadix, Novelda, Figueras, Toledo..., y en el recuerdo de todos ellos, aquel Numancia que fulminó a tres primeras en la temporada 1994 y estuvo a punto de doblegar al Barcelona de Johan Cruyff. La primera ronda de la Copa, del K.O. instantáneo a partido único, vuelve a cruzar las vidas de modestos y galácticos, la fina línea que hoy separa a dos entrenadores, Antonio Teixidó y Miguel Ángel Lotina.
La Copa les unió por el sueldo y el Barcelona. Un salario de seis millones de pesetas para un entrenador de Segunda B y un rival de apariencia inabordable. Después de eliminar a la Real, el Racing y el Sporting, Lotina no fue capaz de consumar la gesta, de hundir en la lona a un enemigo moribundo que perdió en el antiguo estadio de los Pajaritos. Pero aquello fue el trampolín del entrenador. Hoy dirige al Celta en la Liga de Campeones. «Sólo iba a vernos gente mayor. Aquella eliminatoria llenó el estadio de un público joven. Y sirvió para que muchos españoles situaran a Soria en el mapa», recuerda el técnico, precisamente ahora que la capital castellana se ha asociado en la plataforma «Soria, ya» con la ya viva «Teruel existe».
La Copa catapultó a Lotina. Del Numancia, a Primera, al Logroñés. Y de ahí, a Europa, previo paso por el Badajoz, el Osasuna y finalmente Celta. «El Numancia cayó muy bien, porque Soria era una gran desconocida y la gente siempre se decanta por el débil», dice Lotina, que conserva una casa en Soria y viaja hasta allí con frecuencia.
El sistema del K.O. no satisface completamente al técnico vizcaíno, que fomentó la leyenda numantina a doble partido. «El torneo gana por un lado, porque favorece a los pequeños, pero pierde por otro porque, con todos mis respetos, una final Mallorca-Recreativo no parece una final de Copa».
Hace doce meses, estas cuestiones ocupaban el pensamiento de Antonio Teixidó, ex futbolista catalán de 51 años que jugó en el Salamanca, Mallorca, Osasuna y Elche, que se hizo entrenador y saboreó durante dos años el elixir de la Copa. El año pasado sepultó con el Novelda al Barcelona, con Van Gaal al frente. Dos temporadas atrás, hizo lo propio con el Valencia, y Héctor Cúper al mando. Estaba en la senda de Lotina, pero el fútbol funciona por automatismos indescifrables. Hoy vende soldaduras especiales para el mantemiento de palas excavadoras en la provincia de Jaén.
«Pasó el día, pasó la romería»
«Cada vez que me llama uno de mis tres hijos, tiemblo. Sablazo a la vista», cuenta con humor Teixidó, portada de los periódicos el año pasado junto al goleador Madrigal, y hoy anónimo comercial de la empresa alicantina de electrodos Olaya S. L. «En mi tierra decimos: pasó el día, pasó la romería», explica. Un año atrás, Teixidó estudiaba cómo amordazar a Kluivert, Saviola o Riquelme. Hoy visita potenciales clientes en obras y grandes maquinarias para ganarse la comisión. Después del éxito con el Novelda, conjunto de Segunda B, no recibió ofertas potentes, nada que le convenciese.
«Yo tengo facilidad para adaptarme a todo en la vida, lo bueno y lo menos bueno -comenta-. Cogí un periódico, me puse a llamar a los anunciantes, pasé varias pruebas, castings de currantes, y hace tres semanas que estoy trabajando. Puede que haya cerrado mi etapa como entrenador, porque aquí te desconectas y adiós. El fútbol está montado de tal manera que sólo entrenan los que tienen representantes poderosos».
A Teixidó le quedan los recuerdos, el punto de nostalgia. «No podía entender a Van Gaal. Perdía 3-2 y él y todos sus ayudantes apuntando en la libreta. ¿Para qué? Eso sí, luego tuvo un buen detalle al venir a felicitarme a la caseta. Lo que no hizo Héctor Cúper».
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