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Un fracaso anunciado

Ana Martínez de Aguilar dimite cuando la situación era de naufragio total. No

Actualizado 07/09/2007 - 07:58:00
Ana Martínez de Aguilar dimite cuando la situación era de naufragio total. No tenía el perfil profesional adecuado para hacerse cargo de la dirección del Museo Nacional de Arte Contemporáneo. Se dijo que no era la primera opción de Carmen Calvo y que «otros» no aceptaron un sillón comprometido. Lo cierto es que la persona que finalmente tomó el timón ni tenía criterio ni publicaciones ni experiencia curatorial acorde con la institución que estaba, en ese momento, ya en una situación deprimida. Ella le ha dado el remate al Museo, que ha perdido la poca credibilidad que le quedaba. El MNCARS no pinta nada en el orden artístico internacional, su programación es el colmo de lo arbitrario y la colección está montada con una desidia impresionante. Anunció un programa museográfico que era demencial y que, afortunadamente, fue guardado en un cajón oscuro. Llegó para «inaugurar» la ampliación de Nouvel que es, de verdad, un desastre.
Aparecieron las goteras, los almacenes estaban manga por hombro, algunas piezas destrozadas, otras, como el famoso Serra, perdidas. Ella no era la culpable de todo pero su incapacidad para gestionar el Museo, para adoptar medidas correctoras e incluso para comunicar con transparencia lo que estaba pasando, agravaron la situación. Ana Martínez de Aguilar ha vivido bunkerizada en ese hospital con la verruga de formica roja. Veía enemigos por todas partes y recurría constantemente a su mentor Francisco Calvo Serraller para recuperar, precariamente, la confianza. Lo del otro Calvo, el crítico de arte, en el MNCARS ha sido demasiado. Ha perpetrado exposiciones infames como la del Quijote y, por supuesto, cualquier curso o conferencia eran cosa suya. Dimite, como era más que razonable aunque tarde, Ana Martínez de Aguilar, dejando para el recuerdo tan sólo su completa incapacidad, pero también tendría que valorarse la «ejecutoria en la sombra» de Calvo Serraller, que en el Prado también ha tenido estos años barra libre. Es normal que la defendiera, hace poco, a capa y espada, aunque su acto desesperado era bastante patético. Hemos tocado fondo: no se puede hacer peor que la directora que se marcha. Su gestión penosa en el Museo era, desde el principio, la crónica de un fracaso anunciado.
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