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Un amargo futuro para el pueblo de las galletas

El cierre de Galletas Fontaneda en la localidadpalentina de Aguilar de Campoo puede tener consecuencias nefastas para este municipio de 7.000 habitantes del norte de la provincia, según coinciden en señalar los trabajadores de la empresa, así como representantes políticos, comerciantes y vecinos. El cálculo a medio plazo es que se puede perder casi un tercio de la población actual.

Actualizado 07/04/2002 - 01:08:57
AGUILAR DE CAMPOO (PALENCIA). El anuncio de United Biscuits de cerrar la fábrica de Fontaneda en Aguilar supone el capítulo final de la historia del siglo XX en este municipio, que recordará el jueves 4 de abril, en que se conoció la noticia, como uno de sus días más nefastos.
De hecho la historia de Aguilaren los últimos cien años ha estado ligada, directa o indirectamente, a la industria galletera impulsada por Fontaneda. Una vieja puerta blanca situada en un extremo de la plaza principal y cerrada desde hace décadas, con un cartel encima en que se puede leer «casa fundada en 1881», marca el inicio de un floreciente negocio que a partir de los años 80 del siglo XX comenzó a sufrir un declive hasta caer en manos de las multinacionales a finales de los 90.
La puerta blanca daba acceso a la confitería que a finales del XIX fundó Eugenio Fontaneda, en la que fabricaba, de forma artesanal, bizcochos, chocolates y galletas hasta que en los años 20 adquirió una nave en el lugar donde se sitúa la actual fábrica y comenzó a producir con una fórmula casi industrial.
Es en la década de los 30 cuando, junto con su hijo Rafael, el gran impulsor de Fontaneda, se adquiere maquinaria en Suiza, Alemania e Inglaterra. Comienzan entonces a proliferar los obradores en Aguilar. En 1918, José Gullón ya había también iniciado su propia industria.
En 1948 nace Fontibre y poco después, Teófilo Ruiz transforma su antiguo obrador en la fábrica Ruvil, que más tarde daría origen a la fábrica Tece, escisión de la primera.
Los camiones de Aguilar, ya convertido en «el pueblo de las galletas», comienzan a recorrer España, hasta que a finales de los 80 empieza la decadencia de la industria galletera y paulatinamente desaparecen Ruvil, Tece y Fontibre.No obstante, en 1984 hasta 1.200 personas estaban empleadas en alguna de estas cinco fábricas que llegaron a funcionar en Aguilar, frente a las poco más de 400 actuales. Pese al florecimiento de industrias, siempre fue Fontaneda la más pujante y la marca más conocida.
La incapacidad de gestión de los herederos de Rafael Fontaneda y la deuda acumulada, propician la venta de la empresa en 1996 al grupo Nabisco. Éste es comprado por Philips Morris en 2000 pero delega en United Biscuits, que el pasado jueves anunció el traslado de la producción de Aguilar a las factorías del grupo en Navarra y País Vasco, comprometiéndose a recolocar a parte de los 212 trabajadores, a los que hay que sumar otros 53 de tres empresas subsidiarias que no entran en el expediente de extinción de empleos.
Como consecuencia de esta actividad, la población de Aguilar creció de 1.800 habitantes a más de 7.000en la actualidad. Los vecinos temen ahora que el cierre definitivo de Fontaneda provoque un proceso de despoblación que el consistorio cifra en 2.000 habitantes.
«Esto es un mazazo para Aguilar, para la comarca de la Montaña palentina y para la provincia de Palencia, en la que Fontaneda ha sido mucho tiempo la industria de referencia», afirma el concejal aguilarense Jesús Guerrero quien asegura a ABC que, además del drama que este cierre supone para 265 familias, el pueblo entero se verá afectado. «El comercio, que ya es bastante precario, se arruinará si la gente se va del pueblo», añade. También los servicios se verán afectados así como las inversiones realizadas por las administraciones públicas, pensadas para una población de entre 10.000 y 15.000 habitantes.
Un mazazo para Aguilar
Entre los vecinos, el sentimiento es el mismo. A la situación laboral que se genera para los trabajadores se une la carga emocional que supone Fontaneda en Aguilar de Campoo, porque todos en el pueblo han tenido mayor o menor relación con la empresa a lo largo de tres generaciones. «Se va a hundir el pueblo»; «Con esta decisión, han matado a Aguilar»; «Va a ser la ruina para todos, del comerciante, del quiosquero y del que va a pedir a la puerta de la iglesia». Son las frases que definen el sentir del municipio. En la cola del supermercado, en la plaza, en los bares y en la calle no se habla de otra cosa. Los periódicos se agotan a primera hora de la mañana y las papelerías que los venden dan a los clientes fotocopias de las malas noticias. «La última que ha venido hoy a comprar el periódico -afirma Carolina, la dueña de uno de estos establecimientos- ha sido una niña que tiene a sus padres, a los dos, trabajando en la fábrica».
Entre el estupor de los primeros días tras conocer los planes del grupo, hay quien reconoce «la situación se veía venir». También hay espacio para la nostalgia. Marisol fue despedida en 1997, con la entrada de Nabisco. Con lágrimas en los ojos repite una y otra vez que «se pasa muy mal». José recuerda sus 33 años de camionero en Fontaneda, en que se vivió tan bien hasta que «los hijos del viejo empezaron a mandar». Isabel entró a trabajar en Fontaneda jovencísima, afirma, porque fue la condición que puso la empresa para contratar a su madre. «Le dijeron que si quería trabajar aquí tenía que traer a una hija. Eran otros tiempos y en vez de sobrar, hacía falta mucha gente», concluye Isabel.
Multitudinaria manifestación
Más de 5. 000 personas se manifestaron ayer por las calles de la localidad para exigir a la multinacional United Biscuits que no cierre la factoría de Fontaneda. Precisamente, el «no al cierre de Fontaneda» fue el lema que abría la movilización, mientras la totalidad de los comercios de la localidad permanecía cerrado en señal de solidaridad con los trabajadores afectados, informa Ep.
Pancartas de «Junta de Castilla y León, Mójate», «Fontaneda es Aguilar» o «Empresa respeta» se pudieron contemplar por las calles, a la vez que los gritos de «Fontaneda no se cierra» se oían desde varios metros de distancia.
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