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La «muerte dulce» provoca un sopor sin sensación de ahogo o de asfixia

Las intoxicaciones por monóxido de carbono se producen por una mala combustión o un escape de gas, y la persona que lo inhala no llega a ser consciente del riesgo

Actualizado 07/02/2005 - 02:51:41

MADRID. Inodoro, incoloro, insípido e indoloro. No irritante y, por ello, sumamente traicionero. Así es el monóxido de carbono, un gas tóxico que se produce durante la quema de combustible (leña, gasolina, carbón, gas natural, queroseno). Cuando una persona respira este gas, se bloquea la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y se produce una grave lesión de pulmón y de cerebro e, incluso, puede provocar la muerte. Sus síntomas se manifiestan de inmediato o gradualmente tras una exposición prolongada: mareo, falta de aliento, dolor de cabeza, confusión, naúseas y desvanecimiento. Una vez que penetra en los pulmones, causa un adormecimiento paulatino y parálisis de los músculos. Tras ese estado de sopor llega la pérdida de sentido y la parada cardiaca.

Sin percatarse

El forense José Antonio García Andrade explicó a Efe que el fallecimiento por inhalación de monóxido de carbono, conocida como la «muerte dulce», se produce sin que los afectados «se den cuenta del peligro» al caer en «un sopor». «Se trata de una muerte muy dulce que no da sensación de ahogo ni de asfixia», relató el experto, quien añadió que en la mayoría de los casos las víctimas no se percatan de lo que está ocurriendo y en el supuesto de que sí se dieran cuenta, la inhalación les provoca una parálisis en las piernas «que les impide salir corriendo para buscar ayuda». La «muerte dulce» puede producirse mientras las personas duermen y, por lo tanto, fallecen sin despertarse. García Andrade alertó sobre los peligros de los escapes en los espacios cerrados y sin ventilación y, muy especialmente, en los cuartos de baño. En este sentido explicó que si hay una instalación de calentador de gas en un cuarto de baño, la llama que produce la combustión puede apagarse debido al vapor del agua mientras el gas sigue saliendo.

Cuando el monóxido de carbono inhalado se mezcla con la hemoglobina, que se encarga de transportar el oxígeno a los tejidos del cuerpo, se forma una molécula de carboxihemoglobina que le impide desempeñar esta función, privando al cuerpo de oxígeno. Los efectos tóxicos de este gas varían en función del tiempo que la persona haya estado expuesta a él, la concentración y el estado físico de la víctima, sobre todo su aparato respiratorio y circulatorio. Las personas con enfermedades cardiacas o pulmonares, los bebés, los niños, las mujeres embarazadas y las personas mayores son especialmente vulnerables al monóxido de carbono.

Evitar intoxicaciones

Para reducir el riesgo de intoxicación por monóxido de carbono en el hogar, hay que asegurarse de que la instalación de los aparatos de combustión es la adecuada: deben ser colocados por personal autorizado y revisarlos anualmente. Evidencias del mal funcionamiento de un aparato son la disminución del abastecimiento del agua caliente, si la calefacción no logra calentar la casa, la existencia de hollín especialmente en los aparatos de calefacción y elementos de ventilación, la detección de un olor extraño o a quemado y el aumento de la condensación dentro de ventanas.

Si huele a gas, hay que cerrar la llave de paso y ventilar; no encender llamas, interruptores,ni fumar; airear el recinto; no tapar los conductos de evacuación de los gases, que deben comunicar con el exterior; vigilar la llama, que debe ser azulada; comprobar el estado del tubo flexible, y desconectar la llave de paso si se ausenta de su casa o por la noche. Con ello se evitará que sigan engordando las estadísticas.
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