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El espía de la Academia sueca

Todo hace suponer que este sueco universal, idealista y político cinco estrellas, memoria y columna vertebral de una época e incapaz de dar un paso atrás, fue quién hizo llegar a sus colegas de la

Actualizado 07/01/2009 - 17:44:56
Todo hace suponer que este sueco universal, idealista y político cinco estrellas, memoria y columna vertebral de una época e incapaz de dar un paso atrás, fue quién hizo llegar a sus colegas de la Academia sueca, tras una operación apasionante y peligrosa, el manuscrito en ruso de «Doctor Zhivago» de Boris Pasternak, prohibido en la Unión Soviética. Una hazaña que sin duda consideró justa y necesaria.
Cada vez que la Academia ha liberado los protocolos referentes a los premios Nobel, hemos podido leer y estudiar todas y cada una de las notas celosamente guardadas durante medio siglo. No así en el caso Pasternak. Varios documentos «Top Secret» nunca verán la luz pública. El motivo no puede ser otro que su contenido es «pura dinamita política».
El periodista Iván Tolstoi, investigador de las circunstancias en torno a la concesión de los famosos laureles a Boris Pasternak, relató ayer a ABC una apasionante historia, como salida de una película de James Bond, en la que afirmó que uno de los miembros de la Academia en 1958 trabajaba para la CIA. Dándo un concienzudo repaso a las biografías de «Los Dieciocho» de aquella época, destaca el nombre de Dag Hammarskjöld, que bien pudo ser el «espía» de esta hazaña sobre la Europa congelada por la «guerra fría».
Investigador literario y analista de las ideologías políticas en un mundo confuso, podíamos incluso aventurar que Hammarskjöld no trabajó para la inteligencia norteamericana sino que la CIA trabajaba con /para él.
Autor, traductor, político internacional, secretario general de la ONU (1953-61) donde introdujo la denominada «Diplomacia del silencio», fue Nobel de la Paz póstumo en 1961.
Vida intensa
Había heredado el sillón 17 de la Academia sueca de su padre Hjälmar Hammarskjöld (primer ministro de este reino) que ocupó hasta su muerte. Docente en Ciencias políticas y secretario de Estado de Hacienda, pasó al Ministerio de Exteriores como «ministro Consejero» del Jefe de Gobierno, Tage Erlander, con responsabilidad de las relaciones internacionales.
En 1954 fue capaz de rescatar en China a 15 oficiales americanos. Tras esa misión casi imposible (China no era miembro de la ONU) tomó parte activa en la Guerra de Suez, obligando a Bélgica a retirar sus tropas del Congo, y en los conflictos de Líbano y Laos donde destronó a Kasawuku y a Lumumba, algo que irritó tanto a Jrushiov que protagonizó el célebre episodio de quitarse un zapato y dar golpes en la tribuna de oradores de la ONU.
Tras una brillante y peligrosísima carrera, Dag Hammarskjöld, igualmente incómodo para la derecha que para los comunistas,murió en 1961 en un inexplicable accidente de avión, posiblemente un atentado que conmocionó al mundo y fue portada de ABC. Fue enterrado con honores de Estado en la catedral de Uppsala donde su cuerpo reposa desde entonces.

Si hubo alguien en la Academia sueca en aquella época, capaz de jugarse el tipo y colaborar con la CIA para desviar el avión donde viajaba el manuscrito de Pasternak, de ayudar a EE.UU. a dar una reprimenda a la URSS con el instrumento cultural de «Doctor Zhivago» y de introducirlo en Suecia (una vez editado en Amsterdam), ese hombre no pudo ser otro que Hammarskjöld, quien en esa operación secreta puso en práctica su «diplomacia del silencio». El influyente premio Nobel siempre supo de espías. Incluso el actual Secretario permanente Horace Engdahl, que habla el ruso a la perfección, es un antiguo agente secreto, formado en la universitaria Uppsala.
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