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CARTAS AL DIRECTOR

En diferentes números de ABC ha detectado CARLOS BELTRÁN MENESES algunos errores que desea hacernos ver. Empieza su exposición por un artículo de Martín Ferrand en el que se decía: «La implantación

Actualizado 07/01/2007 - 02:40:45
En diferentes números de ABC ha detectado CARLOS BELTRÁN MENESES algunos errores que desea hacernos ver. Empieza su exposición por un artículo de Martín Ferrand en el que se decía: «La implantación del teléfono portátil -si fuera móvil tendría ruedas o patas-...». El lector discrepa de nuestro columnista, puesto que «los diccionarios definen móvil de la siguiente manera: que puede moverse, movible; movible: que puede moverse por sí o por ajeno impulso, y portátil: movible o fácil de transportar. Móvil, movible y portátil son sinónimos. El teléfono móvil no necesita ruedas ni patas para serlo», aclara a M. Ferrand. También, en la Revista de Prensa del 26 de diciembre, titulada «¿Por quién doblan las campanas?», el lector explica que «Doblar es verbo intransitivo. Tocar a muerto. Las campanas del orbe cristiano no doblaron por nobles causas en los mensajes de Navidad. Yo me inclino a pensar que tal vez repicaron». Y, por último, nuestro comunicante, en la información «El regreso de Zubin Mehta y la familia Strauss» (26 de diciembre), lamenta que en un ladillo se dijera «El concierto de este año (tercero que dirige Mehta)...» y en el texto: «El maestro indio repite por cuarta vez». Por ello, se pregunta con cierta ironía: «¿Será igual tercero que cuarto?».
Por la utilización incorrecta en distintos medios de comunicación, y también en ABC, de la palabra «polígrafo» escribe FERNANDO PEÑA TARANCÓN, quien sólo quiere indicarnos «que el Diccionario de la RAE no recoge ningún significado, ni siquiera parecido, al que actualmente se viene dando en todos los medios de comunicación, y que ustedes empleaban con tanta profusión en varios ejemplares del pasado diciembre, de la palabra polígrafo. A ese aparato -concluye el lector-, que ahora se vuelve a poner de moda, se le podrá llamar máquina de la verdad o de la mentira, pero no polígrafo».
El pasado 31 de diciembre apareció el artículo «¿Dónde está el «queremos saber»?», de Antonio Burgos, sobre el que DAVID FERNÁNDEZ muestra su extrañeza, puesto que el autor afirmaba, en referencia a la ministra de Fomento, que «estando Barajas como estaba, dio la cara aproximadamente lo mismo que cuando las carreteras se le colapsan por la nieve: cero cartón del nueve». Y nuestro lector puntualiza: «Pues bien, señor Burgos, la señora ministra estuvo en Barajas a la vez que Ruiz-Gallardón (puede preguntarle a él si no me cree)».
En relación al editorial «El fin de un falso «proceso»» (31 de diciembre), sobre el brutal atentado de ETA en el aeropuerto de Barajas, LUIS F. RODRÍGUEZ MARTÍNEZ recuerda que en dicho texto se decía: «La gigantesca deflagración que demolió uno de los aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto madrileño, causando dos desaparecidos...». Sin embargo -nos aclara nuestro lector-, «el Diccionario de la Real Academia Española define deflagración como «acción y efecto de deflagrar». Y si se consulta deflagrar, puede leerse: «Dicho de una sustancia: arder súbitamente con llama y sin una explosión». De donde se infiere que una deflagración, por gigantesca que sea, difícilmente puede provocar una demolición como la que todos lamentamos. Los locutores de radio y televisión que padecemos emplean generosamente el sustantivo deflagración en lugar de explosión, pero -continúa- me parece que a ABC debería exigírsele un léxico menos cursi y más riguroso».
En la edición del 2 de enero apareció el artículo «Pobre Fidel», de Edurne Uriarte, sobre el médico que viajó a Cuba para diagnosticar al dictador y la ayuda que pidieron a España para medicarle. De Uriarte asegura MARÍA HUMARA que «hace tiempo que disfruto leyendo sus artículos». Y continúa: «lo que usted expone en su artículo es lo mismo que nos preguntamos todos. Hoy se califica a Pinochet de villano por sacar a su país por el camino más rápido posible de las garras del comunismo, terminando en lo que hoy es Chile. Fidel hizo lo mismo, pero en reverso, implantando el desdichado sistema en un país políticamente enfermo, pero con un bienestar económico envidiable en Iberoamérica. Ahora que podemos palpar con pruebas contundentes el legado de estos dos personajes, por el primero se pidió condena y por el segundo se pide compasión, y toda clase de cuidados para que siga avasallando y saqueando a su pueblo. Yo creo mucho en el juicio de Dios y en que lo nivelará todo al final».
El artículo «Para el nuevo año» (31 de diciembre), de Irene Lozano, en el que daba una lista de buenos propósitos para el nuevo año, no ha gustado a CLOTILDE ESTÉVEZ, quien opina que había «demasiadas palabras malsonantes, demasiados topicazos y poca autocrítica. Una vez leí una frase de Goethe: «Si cada uno barriéramos el frente de nuestra casa, el mundo estaría limpio»».
De la columna «Un ladrillo en la cisterna» (27 de diciembre), publicada en la sección de Televisión y Radio, CARLOS E. RODRÍGUEZ JIMÉNEZ ha querido entender que al autor «no le desagrada lo tradicional, aunque llame Tamborilero a Raphael y lo meta en el mismo saco de un «porompompero». Y eso le honra ante tanta ramplonería. Las innovaciones insustanciales, cuando no torpes y chabacanas, son a todas luces inferiores a lo tradicional y sencillo. Ya sabemos que las tradiciones a veces son rancias, como el unto que le da sabor al caldo gallego. Lo tradicional es un beneficioso fermento para la creatividad. No hay que derruirlo, sino mejorarlo. Nunca se pasarán de moda el caldo gallego o las filloas, o el pan de Cádiz, o la paella, o las saetas. O Jorge Manrique. O Raphael, alias el Tamborilero, un incombustible del tiempo. Ya sabemos que Raphael -ni él lo pretende- no es Sinatra, Plácido o... ¡San Pedro del Pinatar reencarnado! No obstante, es un excelente profesional que supo mezclar recuerdos añejos con nuevas realidades. Y crear sonrisas en vez de risotadas. Mejor nos iría -mantiene el lector- si menudearan los raphaeles en educación, estética... que trataran de producir sonrisas en vez de muecas. Por supuesto que todo es mejorable. ¡Incluso los ladrillazos y las cisternas políticas!».
En la información «Rumanía y Bulgaria festejan su llegada a la UE, que se amplía a 27 miembros», publicada en la sección de Internacional el pasado 2 de enero, y que iba acompañada de un mapa y varios gráficos, nos reprocha FERNANDO RODRÍGUEZ DE LA TORRE que en el mapa de Europa que aparece, «con los Estados miembros de la Unión Europea, se ignora a Chipre, a la que se confunde calamitosamente con la isla de Creta, que es de Grecia. Los cartógrafos deben saber Geografía. Igualmente, chirría un poco la denominación de «Holanda». Ya se ha dicho por otros lectores que su verdadero nombre es «Países Bajos». Me limito a recordarlo para que de una vez por todas se tome nota y no incurran en errores o incorrecciones».
«¿Pueden o no la Literatura y el Periodismo auténticos aliarse hoy, sin confundirse por completo?», se pregunta JAVIER BARRACA, profesor universitario de «Literatura y Periodismo», tras leer el artículo «Lágrimas rojas de sangre rumana» (31 de diciembre, escrito por Juan Cierco), en el que se «brinda un hermoso ejemplo de este fructífero encuentro. Antes que complejas teorías sobre la intrincada relación entre ambas esferas (como las de la hermenéutica o la filosofía de la comunicación y el lenguaje actuales), este breve testimonio práctico ofrece una prueba, desnuda y verdadera, de la fecundidad de tales lazos. No tengo el gusto de conocer en persona a su colaborador Juan Cierco; sin embargo, he admirado muchas de sus crónicas, porque conjugan con sabiduría humanismo y estética, valores y talento creativo. Permítanme felicitarles, junto a él, en este sentido. Su artículo-poema es digno de ser contemplado y, a la par, considerado de un modo reflexivo, debido a la honda carga explosiva de belleza y justicia que en él se aloja».
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