Opinión

Opinión

Hemeroteca > 06/12/2004 > 

LA COSTA NOSTRA

Actualizado 06/12/2004 - 03:06:38

ES posible que algunos se echen las manos a la cabeza al percibir la brutal salpicadura de la sangre más inocente, sangre inútilmente vertida por culpa de unos matones que, en Marbella, como si fuera Medellín, Marsella o la jungla miserable de crack y navajas del Bronx, disparan por sus calles a lo primero que se mueva. La noche del sábado, estos matones que se pasean bajos sus arcos y buganvillas con la misma familiaridad que los Corleone por las páginas del Padrino, acribillaron a un niño de siete años y a un peluquero que trabajaba ajeno al drama. Ninguno formaba parte del objetivo de la cacería. Pero estaban por allí como podría haber estado cualquiera de nosotros. Estaban allí cuando las repetidoras vomitaron plomo bramando un ajuste de cuentas. Cayeron dos inocentes. El que buscaban los sicarios escapó. Es posible que su ángel de la guarda estuviera mejor pagado.

Marbella viene avisando con fuego y sangre desde hace años, muchos años. Forma ya parte de la Costa Nostra. Un litoral de aguas turbulentas y desembocaduras cenagosas donde el crimen organizado maneja intereses inmobiliarios, burdeles cinco jotas y nieve en polvo como para atascar las narices de Pinocho y toda su saga. Esta multinacional del crimen también salda, tierra adentro, cuentas criminales en las calles de Madrid y Barcelona. El negocio es próspero y España un vacilón. Así que los que ahora se echen las manos a la cabeza y entonen jeremíacas lamentaciones salmodiando un qué es esto, qué es esto deberían saber que no hay ninguna novedad en el frente y que el frente mafioso es antiguo, rentable y sangriento. No descarto una nueva entrega del Padrino que tenga como escenario europeo la Costa Nostra. Este negocio criminal supera, en organización, recursos y ámbitos, los estrechos límites nacionales. Combatirlo con los efectivos conocidos suele ser, salvo brillantes excepciones, tan heroico como imitar los vuelos de Supermán con una capa castellana. Urge que la Europol abandone sus pañales y crezca en poder y organización por encima de los recelosos complejos nacionales. Si esto fuera así, tal vez la Costa Nostra sería la Costa del Sol de siempre y un niño de siete años y un peluquero que celebraba el puente trabajando, no serían hoy las penúltimas víctimas de una multinacional que gana oro a base de plomo. Sin inmutarse ni por los niños ni por los inocentes.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.