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GANA ZP, PIERDE ESPAÑA

Actualizado 06/11/2005 - 02:40:12

Este fin de semana he estado en Barcelona. Asistía a una reunión de parlamentarios del PP de toda España. Cogí cuatro taxis. A todos pregunté lo mismo y todos, con palabras más o menos similares, me respondieron lo mismo: «esto de la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña es un invento de los políticos para justificarse el sueldo». Está claro: mientras se está en la discusión de un nuevo Estatuto, no se está lógicamente en las otras cuestiones que preocupan a la mayoría de los ciudadanos: mi hijo, que no encuentra empleo; mi padre, que espera una intervención quirúrgica; mi hija, madre separada, con tres hijos, en paro y viviendo aún en casa porque no tiene vivienda...

Hace unos días hemos asistido en el Congreso de los Diputados a un debate para ver si la Cámara debía tramitar, o no, el proyecto de reforma del Estatuto Catalán remitido por el Parlamento de Cataluña con el impulso, patrocinio y apoyo de Zapatero. Un debate en el que ZP, Presidente que es del Gobierno de España, tuvo que defender algo en lo que no creía para poder así mantener aquello en lo único que cree: no perder el poder. El debate lo perdió pero, de cara a su propósito, va ganando, pues Carod Rovira le ha garantizado su apoyomientras no se salga del camino de la «inconstitucionalidad» que le ha trazado.

Fue un debate en el que, en teoría, intervinieron diez grupos parlamentarios, pero que, en realidad, sólo fueron dos: los que, por diversos intereses, algunos ciertamente inexplicables (caso de CC) defienden que el proyecto de ruptura de España remitido por Maragall y los suyos, sea tramitado en el Congreso y los que, defendiendo el interés de España, usando para ello la voz de Mariano Rajoy, único diputado nacional que defendió la Constitución que juró, pidieron al Congreso que el proyecto no se tramitara porque supone terminar con las reglas de juego que tanto nos costaron acordar en la Transición y que ahora de un plumazo quiere cargarse Zapatero.

Un Zapatero que, por cierto, tuvo la que quizás haya sido la más lamentable intervención de un presidente en toda la historia del constitucionalismo español, reciente y pasado.

Rajoy arrinconó a ZP y ganó limpiamente el debate. Es verdad que vimos al mejor Rajoy, dentro de la brillantez parlamentaria que le caracteriza. Pero también hay que decir, en honor a la verdad, que no tenía muy difícil su empeño: cuando se defiende aquello en lo que uno cree, no es complicado convencer. En cambio, cuando se tiene que salir al estrado, como hizo ZP, para decir, en contra de lo que él mismo piensa, que la fórmula del Estatuto Catalánpropuesta es «impecable y compatible con la Constitución», a uno se le acaba notando, que fue lo que ocurrió con ZP esta semana.

En pago al tripartito

ZP tiene todo el derecho del mundo a declararse rojo, tal como lo ha hecho recientemente desde la prestigiosa revista Marie Claire. Pero eso no le legitima, como decía ésta semana Luis María Ansón,para «querer ganar la Guerra Civil que se enterró y superó con la Transición». ZP puede pensar que está legitimado (yo creo que no lo está) para pagar a sus socios del tripartito catalán cualquier precio para mantenerse en el poder, incluido el desguace de la Constitución, del estado de las autonomías y de España misma. Puede creerse legitimado (yo creo que no lo está) para intentar cambiar las reglas de juego en contra de la mitad de los españoles. Pero no debiera olvidar que, a pesar de la férrea disciplina tradicional dentro de las filas socialistas, hay destacados miembros de su partido que no comparten las aventuras constitucionalistas que ha emprendido éste cada vez más temerario Presidente del Gobierno de España.

Porque temerario me parece a todas luces que quien ha sido elegido para presidir un gobierno al amparo de una legitimidad constitucional, no sea el primero que vele por el respeto a la misma y, por contra, se convierta en el principal impulsor de su destrucción. Sencillamente es de locos. De ahí elmalestar en determinados círculos socialistas, más que palpable. Ténganse en cuenta los comentarios que sobre la situación política nacional hacen cada día dirigentes de peso del PSOE como son Bono, Ibarra, Vázquez o el mismísimo Alfonso Guerra que,a éstas alturas, debe estar ya más que arrepentido de haber inclinado la balanza a favor de un bisoño ZP en aquel famoso Congreso socialista de Junio 2000 donde ZP le ganó a Bono por ¡cuatro votos!

Tras la sesión, muchos parlamentarios socialistas no disimulaban su malestar, irritación y desánimo ante el discurso de un Presidente de Gobierno que contribuyó aún más a inflar el ego de los nacionalistas del mundo: ya se encargaron CIU y ERC de recordar a ZP que aspectos como el de la financiación (ese que a Canarias puede suponerle quedarse sin la mitad de lo que el Estado nos aporta cada año) son irrenunciables.

Es evidente que ZP ha erradoy ha venido a demostrar lo que muchos sospechábamos desde el mismo momento en que irrumpió en la escena política nacional: que es un políticotemerario y sin una idea clara sobre España. La buena noticia es, en cambio, que muchos socialistas han constatado ya esta realidad y empiezan a mirar a Bono como recambio, incluido Alfonso Guerra, que fue quien posibilitó que ZP fuera elegido para dirigir el PSOE.Con franqueza, y sobre todo para tranquilidad de la mayoría de los españoles, hay que reconocer que hay una buena parte de militantes y votantes socialistas que en modo alguno se identifican con las formas y la deriva que ZP y suentorno han impuesto en España. Salga lo que salga del Congreso de los Diputados en relación al Estatuto, es evidente quién ha ganado: un ZP que consigue mantenerse en Moncloa gracias a brindarle a sus socios la ruptura de una convivencia próspera y solidaria en España. Pero también es claro quién pierde. Pierde España que, de esa manera, tardará muchos años en recomponer un sistema de convivencia basado en la fijación de las reglas de juego por la inmensa mayoría de los españoles (ése fue el consenso de 1978), y no por una minoría que se aprovecha descaradamente de la insolvencia política de nuestro Presidente del Gobierno.

JOSÉ MANUEL SORIA Presidente del Partido Popular de Canarias
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