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El seductor Casanova y la casa del Pecado Mortal

POR MABEL AMADOILUSTRACIÓN: CG. SIMÓNMADRID. Caballero, aventurero, seductor, galán... Cualquier adjetivo atribuido a Giacomo Casanova parece insuficiente si seguimos su historia personal. Una leyenda

Actualizado 06/08/2007 - 03:21:02
POR MABEL AMADO
ILUSTRACIÓN: CG. SIMÓN
MADRID. Caballero, aventurero, seductor, galán... Cualquier adjetivo atribuido a Giacomo Casanova parece insuficiente si seguimos su historia personal. Una leyenda que también topó con sus huesos en el Madrid de mediados del siglo XVIII, en concreto, en la desaparecida calle del Rosal.
Aunque este conquistador -o engatusador- encontró hospedaje en una fonda de la calle de la Cruz, la leyenda sitúa sus «méritos» amatorios en la anteriormente citada del Rosal, desaparecida ya hace más de un siglo con las obras de la Gran Vía.
Según relata el escritor Juan Villarín en su libro «la Hechicería en Madrid», el aventurero Casanova se vio relacionado en un turbio -y fantasmagórico- suceso hacia el año 1767 que contribuyó a su fama, que no solo se debe a su paso por alguna de las cárceles de la Villa.
Exigencias paternas
Situemos en el espacio a nuestro protagonista. Al parecer, en la calle del Rosal este seductor vivió un extraño amorío con una «dama duende», provista de «una gran luz en la mano». O eso era lo que a primera vista parecía...
Tras numerosas chanzas -hasta nuestros clásicos se hicieron eco de estas visiones fantasmagóricas-, apuntes menos sobrenaturales y más realistas afirman que en dicha calle habitaba una joven que, por exigencias paternas, se encontraba recluída en su vivienda. Sin embargo, el enclaustramiento no era óbice para que recibiera a sus múltiples amantes, entre los que llegó a figurar Casanova...
Quizá este aventurero veneciano también se fijó en la conocida como Casa del Pecado Mortal, en la misma calle del Rosal.
De vida disipada
Propiedad de la Santa y Real Hermandad de María Santísima de la Esperanza y el Santo Zelo en la Salvación de las Almas, este inmueble, que no destacaba especialmente por sus trazas arquitectónicas, estaba dedicado al recogimiento y refugio de jóvenes mujeres de vida disipada.
Su puerta sólo se abría y cerraba una vez al día para dejar paso a la comitiva religiosa.
Su nombre, sin duda, se debe a la famosa ronda nocturna -la Ronda del Pecado Mortal- que los miembros de la congregación realizaban diariamente cantando saetas, campanilla en mano.
El objetivo no era otro que conseguir fondos para decir misas y devolver al buen camino a las almas descarriadas. Por ello, en sus paseos a la luz de la luna, se iban abriendo ventanas desde donde se arrojaban monedas -envueltas en papel y luego quemadas para que se pudiera ver su resplandor-.
Lujuria, ira, soberbia...
Esta reacción no se debía sólo a la luz parpadeante del farolillo y al sonido de la campana. Más tenía que ver, seguro, con los versos que los miembros de la hermandad recitaban ante cada edificio y que a más de un inquilino le debía recordar el tipo de vida que llevaba y los pecados cometidos: desde la gula a la avaricia, pasando por la pereza, la soberbia, la lujuria, la ira o la envidia.
Sin embargo, para pasar a la posteridad, esta casa debía unirse a la leyenda por otros motivos, ya fuera por amoríos o por funerales.
Y en este punto algunas crónicas apuntan otra utilidad menos cándida y más promiscua de la vivienda, uno de los tres inmuebles que en aquella época jalonaban la extinta calle del Rosal.
Subterráneos
Aunque todas sus ventanas se encontraban cerradas por celosías o persianas, hay quien afirma que bajo los cimientos de la casa se diseñaron toda suerte de pasadizos subterráneos.
A través de ellos, y lejos de miradas indiscretas, dicen que los amantes podían reunirse con sus damas en la más absoluta intimidad.
Mientras, en la calle, los vecinos se santiaguaban ante el paso de la ronda nocturna. Una manera de pecar quizá más discreta...
El aventurero y libertino Giacomo Casanova también escribió una parte de la historia madrileña en la desaparecida calle del Rosal. En esa misma vía, cuenta la leyenda, estaba la Casa del Pecado Mortal
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