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Por amor al canto

Actualizado 06/02/2005 - 02:02:11
María Gallego y José Bros, durante los ensayos en Madrid
María Gallego y José Bros, durante los ensayos en Madrid

Antes de cambiar papeles como los de Mimì o Micaela por el de madre, la soprano María Gallego triunfó en escenarios de tanto prestigio como la Arena de Verona, el Liceo o La Zarzuela de Madrid. Ayer regresó al escenario para inaugurar el Febrero Lírico de El Escorial, junto a su marido, José Bros

BARCELONA. El tenor español de mayor proyección internacional de la actualidad, José Bros, acompañado de su esposa, la soprano María Gallego, inauguron ayer el festival Febrero Lírico 2005 en el Real Coliseo Carlos III de San Lorenzo de El Escorial, junto a la Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de David Giménez, y con un programa de zarzuela. Y, sobre el escenario, una historia en la que se mezcla el amor con la vocación y el talento. María Gallego no pisaba los escenarios desde hace una década, cuando decidió aparcar su profesión por la maternidad. Ahora evita hablar de regreso, «porque nunca había pensado en retirarme. Bueno, la verdad es que luché por matar ese gusanillo que llevaba dentro, pero ha podido más que yo. Soy una cantante y es lo que me gusta. Es lo que sé hacer. Habrá que compaginarlo...».

Con esta decisión, la lírica española recupera a una intérprete que a finales de los ochenta prometía, y mucho. María Gallego debutó en 1986, con «Armida», y actuó en varias temporadas del Liceo, en muchas al lado de una de sus maestras más ilustres, Montserrat Caballé. Internacionalmente debutó en Pisa, en 1987, y después vinieron Bolonia, Bonn, la Arena de Verona...

Hasta que su boda con el tenor barcelonés José Bros la abocó a la doble y muchas veces antagónica condición de madre y esposa de cantante. Se conocieron hace dos décadas, estudiando canto, y en todo este tiempo han consolidado una familia y, de paso, la carrera de José Bros, convertido ahora en una auténtica luminaria internacional. «Siendo cantante y esposa de un cantante las cosas se complican. Si ambos viajamos cumpliendo nuestros respectivos compromisos la familia se disgrega. Éste era nuestro temor y por eso decidimos aparcar mi carrera».

Carlos y Elena llegaron para agrandar la familia, nunca han pasado quince días sin verse y el apoyo de María en la carrera de José ha sido fundamental, como confirma el tenor: «Ella sabe cómo es este mundo, porque lo ha vivido por dentro. Por eso me ha ayudado mucho viajando conmigo, acompañándome a los ensayos. Al ser cantante, siempre me aconseja y su opinión es la de otro intérprete, y eso enriquece».

Pero María Gallego añoraba el mundo del canto: «Me he dado cuenta de lo que realmente me importa en la vida, además de la familia. Y es el canto, la actuación. Interpretar y expresar arte no es una profesión como otra cualquiera, porque tiene mucho de espiritual. Tengo claro que lo llevo dentro y no tengo más remedio que expresarlo. Cantar es como un desahogo. El trabajo que supone interpretar una ópera me parece fascinante. Me considero una persona sensible y a través de la música creo que sé transmitir emociones. Necesito cantar, y ahora que se ha presentado la oportunidad la he aprovechado». José Bros está encantado: «Si nos llevamos tan bien como pareja, como cantantes esto es una bendición, y la complicidad que podemos crear en el escenario es un regalo. Ahora podemos sentir y compartir las mismas emociones; ella siempre ha estado respirando conmigo desde el patio de butacas, pero ha llegado la hora de que sea yo quien respire con ella».
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