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Enrique Vila-Matas gana el XX premio Herralde con «El mal de Montano»

Lo intentó en la primera edición del certamen y quedó finalista. Veinte años después, se ha alzado con el galardón. Enrique Vila-Matas es, desde ayer, premio Herralde

Actualizado 05/11/2002 - 00:16:53
Vila-Matas habló a la prensa«con las palabras medidas»EFE
Vila-Matas habló a la prensa«con las palabras medidas»EFE
La trayectoria del premio Herralde es poco frecuente en la narrativa española, tanto por el carácter independiente del jurado como por el acierto en la mayoría de las decisiones a lo largo de sus 20 años. La vuelta de tuerca la daba ayer Enrique Vila-Matas, un autor «de la casa» al que, de forma excepcional, el editor Jorge Herralde ha dedicado elogios tanto en público como desde las páginas de su libro «Opiniones mohicanas».
El premio Herralde en manos de Vila-Matas es todo un compendio de vida literaria, más cuando el escritor confesó a los medios de comunicación que llegaba «con las palabras medidas». De modo que sólo queda transcribir lo que leyó al dictado.
La novela lleva por título «El mal de Montano» y quiere ser «una reflexión sobre la función de la literatura en el mundo contemporáneo», «una invitación poética a la resistencia», escrita en un género «a caballo entre diario íntimo y novela, autoficción y ensayo», todo ello según su autor. Una novela que «propone el triunfo de la literatura», tarea que encomienda al padre de Montano, que viaja a Francia para ayudar a su hijo, pero regresa maltratado por él. De ahí parte una historia que ni el mismo Vila-Matas es capaz de sintetizar sin dejar muchas historias en el tintero. «Es mi novela más compleja, de más de 300 páginas», razón por la cual, explicó, decidió presentarla al premio y aprovechar la promoción que éste pueda darle.
Prueba de que es una novela «en transformación» es el nombre de Montano. Tras una peripecia casi novelesca, Vila-Matas descubrió la existencia del personaje histórico -el hereje Arias Montano- y automáticamente decidió incorporarlo al relato del Montano que él había creado ya.
El novelista, dedicado por entero a la escritura, avisa del «peligro que suponen los emisarios de la nada y los enemigos de lo literario».
-¿Y quiénes son esos enemigos?
-Los que acaban con la literatura.
-¿Quiénes acaban con la literatura?
-Se acaba con la literatura en los despachos editoriales. Aunque también los escritores participan de eso. En los últimos años prosiguió Vila-Matas se ha rebajado el nivel de lo que se publica en España y ya no es lo mismo que en la primera mitad del siglo XX.
A diferencia de su anterior libro, «Bartleby y compañía», que dejó al autor incapaz de escribir una sola línea más, después de «El mal de Montano» Vila-Matas vive inmerso en una carrera frenética: mientras se sabe finalista del premio Médicis a la mejor novela publicada, prepara «una revisión irónica de mis años de juventud en París».
Para la finalista del Herralde, el jurado atravesó el Atlántico y dio con «El rastro» de la mexicana Margo Glantz. La novela acompaña a una mujer que regresa a su pueblo para asistir al funeral de su ex marido, fallecido de un infarto. Entendida a modo de variaciones musicales, la novela «maneja las posibilidades infinitas que da un tema», desde el velorio y la procesión hasta la misa de cuerpo presente y el entierro de un hombre (un corazón) en el que Margo Glantz plasma la relación entre biología y amor.
Basándose en la expresión «La fuerza de la verdad» que se acuñó con fuerza en el siglo XVII, y sobre todo en los escritos de Sor Juana Inés de la Cruz, en los que es experta, Glantz ha mezclado el tono reflexivo con la parodia de las situaciones.
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