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Marco Materazzi _ Defensa del Inter «Matrix» pega, luego existe

POR ENRIQUE ORTEGOMADRID. La existencia de Marco Materazzi sufre inevitablemente un antes y un después del Mundial. A Alemania llegó con sus patillas afiladas, sus tatuajes intimidatorios y con una

Actualizado 05/03/2007 - 02:47:00
POR ENRIQUE ORTEGO
MADRID. La existencia de Marco Materazzi sufre inevitablemente un antes y un después del Mundial. A Alemania llegó con sus patillas afiladas, sus tatuajes intimidatorios y con una merecida fama de leñero sin escrúpulos, fiel reflejo de las esencias más puras del fútbol italiano, pero como suplente de Cannavaro y Nesta. De Berlín salió como un héroe con una Copa del Mundo en la mano después ser autor de dos goles vitales y un moratón en el pecho producto de un cabezazo de Zidane que dio la vuelta al mundo. Nadie duda, conociéndole, que Materazzi, bien llamado«Matrix» sin que se moleste -ya se pueden imaginar todos por qué-, le provocó. Alguna maldad se escapó de sus labios que encendió la sangre de un hombre caliente como Zidane.
El francés no ha abierto la boca al respecto y no le ha pedido perdón, situación que molesta sobremanera al italiano, quien hace unos días ha vuelto a recordar que no ha recibido ninguna disculpa. Exactamente está por saber qué le dijo Matrix a Zizou para que éste reaccionara de esa forma, pero la versión más sólida es que se acordó de su hermana, sin que se descarte que le hiciera referencia a su origen árabe.
Desde entonces su vida ha cambiado... fuera de las medidas reglamentarias de un campo de fútbol. Su camiseta con el número 23 fue la más vendida en la pretemporada. Tuvo el honor, junto a sus compañeros, de recibir el título de «caballeros»; de ser premiado por al Organización Mundial por la Paz; de recibir junto a Figo a su ídolo por excelencia, Michael Jordan, cuando visitó Milán y de cantar al lado de Mick Jagger en el concierto de los Rolling en San Siro...
Cinco goles... uno de chilena
Dentro, en su hábitat natural, es el mismo de siempre. Ahora titular indiscutible, hace un alegato constante de su profesión de defensa y desempeña con ardor su papel de duro y malo, a la vez, de la película, más allá de que lleve cinco goles en lo que va de scudetto y que al Messina el 17 de diciembre pasado le marcara uno de chilena precioso. «Una perla», como él dijo después sin darse mucha importancia. La realidad es que para ser defensa tiene un buen desplazamiento del balón en largo y es un especialista en lanzar penaltis.
La fama no le ha cambiado. Si tiene que meter la pierna a la altura de la cabeza, la mete. Si tiene que frenar al rival con un codazo intimidatorio, lo hace -¿verdad Morientes?-, si se tiene que tirar al suelo para barrer al delantero que se escapa por la banda, se tira... y si tiene que provocar verbalmente para sacar de sus casillas al enemigo de turno lo hace incluso a riesgo de encontrarse por el camino a otro Zidane que le golpee otra vez con la cabeza en el pecho, como hizo Delvecchio en el partido contra el Sampdoria. Claro, fue expulsado a los seis minutos y desde entonces su entrenador no le ha vuelto a poner. «Efecto Materazzi», se llama la figura.
A pesar de ser uno de los héroes de Berlín, Materazzi no puede evadirse del odio que casi todas las aficiones rivales le demuestran cada vez que visita sus estadios. Para su desgracia el fútbol no olvida que en cada puerto tiene una víctima y sistemáticamente se escriben pancartas en su contra y se hacen coros en las curvas contra su persona y se le llama «figlio de...». «Acepto que me sigan insultando, pero al menos se podrían olvidar de mi madre».
Y es que Marco tiene presente como si fuera ayer que su madre murió cuando él tenía 16 años -su padre es entrenador y acaba de firmar por el Bari de Segunda-. Todos sus goles van dedicados a ella con ese dedo en alto dirigido al cielo y una de sus obsesiones es disfrutar de sus tres hijos todo lo que no pudo disfrutar de su «mama», como él siempre la llama.
Con un padre, Giuseppe, ex jugador de fútbol y después entrenador de buen currículo, es fácil pensar que Marco nació con dos balones debajo del brazo por falta de uno. Cannavaro, su compañero de fatigas primero en el Inter y después en el Mundial, confesó a ABC su devoción por él. «Dentro del campo es un jugador de los que se deja sentir, no para de hablar, de gritar. Entra fuerte porque es fuerte. Fuera sólo vive para su familia. Es un hombre que ha sufrido mucho en su vida y que a los 33 años ha recogido el fruto del Mundial. Es un grande».
Pudo fichar por el Villarreal
Habla y grita tanto que a muchos compañeros les termina por sacar de quicio, pero todos están contentos de tenerle en su equipo. Sobre todo los delanteros, que son los que más han sentido sus caricias. Precisamente uno de ellos, Ibrahimovic -con Shevchenko también tuvo problemas-, es ahora compañero suyo y le reconoce como el compañero con el que mejor se lleva... fuera del campo, porque en los entrenamientos tienen sus diferencias.
Materazzi estuvo a punto de recalar esta temporada en el fútbol español. El Villarreal le hizo una oferta y como antes del Mundial el Inter le quería vender -se metió un gol desde treinta metros en su portería- la operación estaba encaminada... hasta que su codo se estrelló con estruendo en la boca de Sorín en los cuartos de final de la «Champions» y el presidente en persona, Fernando Roig, abortó cualquier contacto.
Ahora lo lógico es que finalice su carrera en el Inter. Ha renovado hasta 2010 y cuando se jubile asegura que se comprará una Harley y dará vueltas por el mundo.
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