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San Francisco el Grande, en todo su esplendor

Propios y extraños volvemos a disfrutar de San Francisco el Grande en todo su esplendor. Atrás quedan 27 años de tapaduras y andamios, 4 más de lo que duró la propia construcción del templo, uno de los más emblemáticos de Madrid. El 8 de noviembre se cumplen 240 años desde que se puso la primera piedra. Ayer, el sacristán abrió el libro de bodas para el año 2003.

Actualizado 04/11/2001 - 00:30:06
El templo guarda numerosas obras de arte que ya están a la vista del público tras 27 años de andamios. Dentro de un mes, cuando finalicen las obras de iluminación, la basílica será digna de admiración. Chema Barroso
El templo guarda numerosas obras de arte que ya están a la vista del público tras 27 años de andamios. Dentro de un mes, cuando finalicen las obras de iluminación, la basílica será digna de admiración. Chema Barroso
Decir San Francisco el Grande es decir arte e historia en grado superlativo. A punto de cumplirse doscientos cuarenta años desde la colocación de la primera piedra de este templo madrileño, la basílica muestra hoy, despojada de las tapaduras y los andamios que la han mantenido oculta durante los últimos veintisiete años, una lista interminable de obras de arte, pintura, pórticos, altares y maderas nobles que sobresaltan al mejor de los entendidos y causan admiración de todos los visitantes.
LISTA DE ESPERA PARA BODAS
No deja de resultar curioso que si esta basílica ha tenido obras de restauración durante los últimos veintisiete años, tales obras hayan durado cuatro más que la propia construcción del templo. Desde que se puso la primera piedra hasta la celebración de la misa solemne con motivo de su inauguración, el 8 de diciembre de 1784, «sólo» pasaron veintitres años.
Veintisiete años «tapada» han sido muchos. No por ello, los fieles han dejado de acudir a esta iglesia, en pleno corazón de Madrid. Si con andamios incluidos se han celebrado misas y bodas, ahora más. La lista de espera para los enlaces matrimoniales es extensísima. De hecho, ayer mismo, el sacristán abría el libro de bodas para el año 2003.
«La cúpula es la más grandiosa de España», susurra el rector de la basílica que nos acompaña en el recorrido del templo dándonos buena cuenta de todo el arsenal artístico que aquí nos encontramos. Su diámetro interior, que cubre la rotonda, es de 33 metros. Es mayor que la cúpula de los Inválidos, de París, que tiene 24, y que la de San Pablo, en Londres, que cuenta con 31. Si es más pequeña, sin embargo, que la San Pedro, de Roma, que tiene 42,3 metros de diámetro.
Tiene la cúpula de San Francisco el Grande seis ventanales, cuyas vidrieras policromadas construyó en 1882 la Casa Mayer, de Munich, según cartones de Roberto la Plaza y Francisco Amérigo, donde se describen temas marianos como la Anunciación, la Presentación y el encuentro ante la Puerta Dorada de San Joaquín y Santa Ana. Además, se nos muestra ante los ojos la Visitación, la huída a Egipto y la Transfixión de María acompañada de San Juan y la Magdalena.
Las capillas se hacen la competencia, unas a otras, en belleza y misticismo. La de la Purísima, o de las Mercedes, es de estilo perteneciente al renacimiento italiano. Los cuadros murales con que cuenta los concluyó Carlos L. de Ribera en 1885, quien «simbolizó las excelencias del amor divino y de la caridad cristiana», según reza en los legados que guarda el templo. Cerca, la capilla del Sagrado o de la Pasión, con ornamentación en estilo bizantino, es obra de Contreras. En su cúpula, pintada por Ferrant, Muñoz Degrain y Moreno Carbonero, se desarrolla el asunto «Dios esperando a su Hijo». En el centro, la Santísima Trinidad.El pavimento de su meseta es de mosaico y la balaustrada de mármol gris azulado con capiteles dorados.
AUTORRETRATO DE GOYA
En otra de las capillas, la de las Órdenes Militares, destaca un lienzo de Santiago el Mayor, obra de Casado de Alisal.
Escasa de color es, sin embargo, una de las pecualiares. Nos referimos a la capilla de San Bernardino, también conocida como «la de Goya». Se dice de esta capilla, en estilo plateresco, que la pintura central es obra de Francisco de Goya y representa a San Bernadino de Siena predicando ante Alfonso V, rey de Aragón, Sicilia y Nápoles. El santo aparece rodeado de público y, tal y como también se cuenta, uno de los hombres que contempla a Bernardino es el mismo Goya en lo que se supone sería el único autorretratro del artista de Fuendetodos.
«UNA CHOZA Y UNA ERMITA»
La pinacoteca de San Francisco el Grande es una pequeña, pero valiosa, galería de pinturas, la mayoría de temas franciscanos. Son, en total, 51 cuadros colocados en los tramos de los pasillos que discurren en torno a la capilla de Carlos III, la mayor y el presbiterio. Hay un «Jesús y la samaritana», atribuido a Artemisa Gentileschi; un «San Antonio de Padua con el Niño Jesús», de Gaspar Crayer; un «La Virgen de la Sierra», atribuido a Sánchez Coello y, también, la «Estigmatización de San Francisco», de Alonso Cano.
La «edad» de San Francisco el Grande parece ser mucha más que doscientos cuarenta años. Basta con prestar atención a la leyenda situada en el lateral izquierdo del templo, muy cerca de la entrada principal. En ella reza: «Es fama que en este lugar construyó San Francisco de Asís una choza y una érmita en 1217». Los primeros pasos de esta iglesia -dedicada en realidad a Nuestra Señora de los Ángeles, pero conocida popularmente como San Francisco el Grande-, se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII aunque se sabe que la precedieron otras construcciones a lo largo de cinco siglos.
AGUA QUE SANABA ENFERMOS
Refieren las crónicas franciscanas que, encontrándose San Francisco de Asís (1182-1226) en Madrid, en el año 1214 ó 1217, en peregrinaje a Santiago de Compostela, se le ofreció terreno para fundar «y aceptada la oferta, levantó cerca de Puerta de Moros una pobre choza». Después se construyó otro eremitorio más amplio, llamado «Cuarto Viejo», donde había una fuente entre dos álamos cuya agua sanaba a los enfermos. Fue en la segunda mitad del siglo XVI cuando el templo franciscano alcanzó «relevante notoriedad por su grandeza».
El edificio ha sido testigo de numerososos acontencimientos históricos. Desde la ocupación, en 1808, por las tropas francesas hasta que «por la ley de Exclaustración de 8 de diciembre de 1935, fue cerrada la iglesia al culto y decretada la ocupación por el ejército español de casi todo el convento». Las Cortes Constituyentes de 1837 ya hicieron del templo un «panteón nacional» donde fueron trasladados «con gran pompa», los restos mortales de 14 personajes: Gravina, Ventura Rodríguez, Calderón de la Barca, Quevedo, Gonzalo de Córdoba y Garcilaso, entre otros. Al cabo de cinco años, el proyecto fue abandonado y los personajes ilustres trasladados a otros lugares.
ILUMINACIÓN
San Francisco el Grande, a la que Juan XXIII concedió la «dignidad» de Basílica Menor, es hoy propiedad de la Obra Pía de los Santos Lugares, institución autónoma que radica en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Si su esplendor es ya un hecho, dentro de un mes, cuando se acaben las obras de iluminación, el templo irradiará luz, arte e historia por sus cuatro costados.
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