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Vendimia a ritmo de polca

TEXTO: RODRIGO MORALEJOVALENCIA. La sequía acuciante que azota sin piedad la Comunidad parecía avocar a los viticultores a un año de cosecha pésima. Como si la falta de agua no fuera suficiente, el

Actualizado 04/09/2006 - 09:40:12
La sequía acuciante que azota sin piedad la Comunidad parecía avocar a los viticultores a un año de cosecha pésima. Como si la falta de agua no fuera suficiente, el pedrisco hizo su aparición a mediados de julio. El 100 por ciento de las cepas sufrieron las inclemencias de la piedra caída.
Todo hacía prever un año nefasto para los caldos valencianos, pero nada más lejos de la realidad. La vendimia de 2006, que se inicia esta semana, superará en un 5 por ciento la producción del pasado año. La cosecha de la Denominación de Origen Valencia rondará los 66,5 millones de kilos de uva recolectada. Un destello de luz para un sector que parecía destinado a un sufrimiento perpetuo.
Las cepas han mantenido el tipo. Los males a los que se han enfrentado sólo han dejado pequeñas cicatrices. El estado fitosanitario de las viñas es excelente, la sequía no ha interferido en la perfecta finalización del ciclo vegetativo. Por todo ello, los expertos, esperan una uva con una calidad excelente.
La naturaleza ha cumplido su parte y deja un escenario impecable para que la vendimia 2006 sea perfecta. Ahora entra en juego la mano del hombre. Los empresarios confían sus viñedos a cortadores, vaciadores o porteadores. Muchos temporeros vendimian por tradición familiar, otros, simplemente por dinero. Los más curtidos tendrán que mostrar a los novatos como se miman las uvas, y como novedad en muchos campos valencianos, deberán enseñarles también el idioma.
El futuro de los caldos valencianos se escribirá este año en polaco o rumano. Cerca de 1.800 vendimiadores valencianos emigran a Francia debido a las mejores condiciones laborales que encuentran allí. Municipios como Villar del Arzobispo se han visto obligados a buscar en Polonia la mano de obra necesaria para recoger la uva.
Comunidad Valenciana o Francia
El 80 por ciento de los temporeros extranjeros que trabajarán en la Comunidad este año provienen de Rumania y Bulgaria. El 20 por ciento restante se reparten entre Lituania, Polonia o Estonia. Los recolectores de origen sudamericano se han visto desplazados por los africanos, destacando la presencia de subsharianos o guineanos.
Parece una paradoja que, habiendo una tradición viticultura tan arraigada en la Comunidad, los trabajadores valencianos realicen tan largo viaje para recoger la uva francesa. Parece absurdo que los españoles deban ponerse al servicio de los galos mientras los viticultores valencianos se quejan de la falta de mano de obra y deben recurrir a convenios con empresas polacas o rumanas para que les envíen temporeros. Este aparente sin sentido tiene una sencilla explicación, el dinero.
Los empresarios valencianos ofrecen unas condiciones laborales inferiores a las galas. Un temporero en Burdeos, Perpignan o Nimes, percibe 66,16 euros en un día, mientras que en Utiel o Requena la cifra no supera los 47,87. Esto supone un 51 por ciento menos, una diferencia que bien vale un viaje a la Galia.
La calidad del hospedaje, las condiciones laborales o el pago de horas extras, son otros variables que inclinan la balanza del lado francés. Las organizaciones agrarias consideran que el éxodo a la Galia sería innecesario si se mejorasen las condiciones laborales de los temporeros. Las cooperativas valencianas se quejan pero no toman medidas. La calidad tiene un precio y parece que sólo los franceses lo saben.
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