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La barca sin pescador»: UN DIABLO MORALISTA

Autor: Alejandro Casona. Dir: Ángel García Moreno. Esc. y vest.: José Miguel Ligero. Ilum.: José Luis Rodríguez. Int: Pedro Civera, Alejandra Torray, Elvira Travesí, Pepa Sarsa... Lugar: Teatro Fígaro

Actualizado 04/05/2003 - 05:00:06
En este año de su centenario, Casona se asoma de nuevo a los escenarios, de la mano de Ángel García Moreno, con una de las piezas que mejor ejemplifican su estilo de teatro de limpia carpintería y perspectivas éticas. En «La barca sin pescador», que estrenó en su exilio de Buenos Aires en 1945, delimita con nitidez didáctica la oposición entre el deshumanizado mundo contemporáneo urbano y el de un pequeño pueblo de pescadores. Casona maneja con añeja sabiduría los elementos dramáticos y subraya con voluntad ejemplarizante los valores positivos; en la cocina de su escritura, combina unas cucharadas de melodrama, pellizcos de sereno lirismo, diálogos bien ensamblados, un ovillejo de materiales filosóficos, varias gotas de fantasía que matizan con suave incertidumbre los perfiles de la realidad y elabora un agradable guiso con aromas de otro tiempo.
¿Quién se resistiría a matar, con sólo desearlo y a cambio de inmensos beneficios, a alguien que no conoce y que vive en un lejano país? La hipótesis planteada por Rousseau la desarrolló, añadiendo una baza de remordimientos, Eça de Queiroz en «El mandarín». Casona la retomó y dramatizó, utilizando a un Mefistófeles de clase media, como él mismo se define, un diablo cargado de moralismo que coloca a un financiero al borde la quiebra ante la tesitura de salir del apurado trance únicamente con desear la muerte de un pescador. Un fugaz grito de mujer oído en el momento decisivo que culmina el pacto diabólico pone en marcha la maquinaria del arrepentimiento del hombre de negocios, que se verá impelido a buscarle las vueltas al destino viajando al lugar de «su crimen».
El autor visita el mercado de las antiguas y netas emociones para salpicar con ellas una comedia de atmósfera y planteamientos irremediablemente envejecidos, pero que nos devuelve los ecos de un teatro de tesis solvente, bien construido, con momentos en los que denota su profundo conocimiento de la estructura escénica, algo que no es infrecuente echar en falta en productos empaquetados ahora mismo. García Moreno conduce el montaje con eficacia y sencillez, las mismas que guían los buenos trabajos de Elvira Travesí -da gusta oírla hablar y acompasar voz y gesto: el nítido secreto de la interpretación- y Alejandra Torray. Una gran foto de Alejandro Casona recibió la noche del estreno el homenaje de los aplausos del público.
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